Un mimo al corazón
Desarrolla un stent biodegradable y obtuvo un premio internacional
Una investigadora argentina, junto a un equipo interdisciplinario, avanza en una innovación revolucionaria para la cardiología. Obtuvo la beca de L’Oréal-Unesco
Por: Rodrigo Elias mail
Las enfermedades cardiológicas están entre las principales causas de muerte a nivel mundial por eso la investigación asociada a este tema está a la vanguardia en el campo científico y tecnológico. Y ese camino es el que transita Julieta Merlo, doctora en Biología por la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) e integrante del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema), que está desarrollando un stent biodegradable que se disuelve a menos de un año de haber sido colocado, lo que evita problemas a futuro relacionados con la permanencia de un metal en el cuerpo. Eso le valió una beca de L’Oreal por una cifra de $6 M.
El stent es una malla metálica que se coloca cuando el vaso sanguíneo de un paciente está obstruido por lípidos y restos de células muertas. Este se infla y aplasta esa placa contra la pared, restableciendo el diámetro del vaso.
Sin embargo, la presencia de un metal en esas zonas puede rigidizar el vaso sanguíneo, lo cual lo vuelve inaccesible en caso de que se tuviera que realizar luego, por ejemplo, una cirugía de bypass. Además, una vez colocados, los stents no pueden extraerse del cuerpo del paciente (como sí es el caso de un tornillo en un hueso, donde existe cirugía de remoción).
En este marco es donde irrumpe el proyecto de la bióloga marplatense. “Tenemos diseñado y desarrollado un metal biodegradable, que es una aleación de hierro y otros materiales, como el manganeso, carbono y silicio”, señaló Merlo en diálogo con Ecobiz. La científica es integrante del Intema, un instituto que depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la UNMDP.
El stent biodegradable desobstruye el vaso sanguíneo o la arteria de la misma forma que uno permanente. Pero una vez que pasó determinado tiempo, que se estima entre seis meses y un año, la arteria se desobstruye en su totalidad, por lo cual no es necesario que un stent permanezca implantado en ese sitio durante el resto de la vida de la persona. Allí reside el fuerte del biodegradable.
La doctora explicó que los stents que se utilizan normalmente son de nitinol o cromo cobalto, que son metales que no se degradan. En cambio, con una aleación de hierro las células utilizan dicho hierro para distintas reacciones metabólicas y el material libera partículas de estos metales que son biocompatibles. “Este metal tiene la capacidad de irse disolviendo, y las células lo pueden metabolizar y utilizar, entonces no generarían ningún tipo de acumulación ni de respuesta tóxica en el organismo”, sostuvo.
Y amplió: “Además, le estamos agregando en la superficie unas moléculas que favorecen a la recuperación del tejido endotelial, que es el que está en contacto directo con el stent y recubre la cara interna de nuestros vasos, con la idea de que la incorporación sea lo más rápida posible y que se incorpore al vaso sanguíneo de la mejor manera”.
La bióloga resaltó que, por una cuestión de expectativas de vida, el stent biodegradable es especialmente útil para personas jóvenes.
Tarea en conjunto
En el Intema, Merlo forma parte de un grupo interdisciplinario. “Acá trabajan mayormente ingenieras - porque el instituto es de Ingeniería en Materiales - pero como yo soy bióloga, mi formación aporta al análisis sobre cómo los materiales nuevos sirven para desarrollar respuestas específicas a los tejidos, es decir, cómo hacer para generen una respuesta favorable en el cuerpo humano y lleven a que el paciente se recupere más rápido y la lesión se cure lo antes posible sin ningún rechazo al material”, subrayó.
En el diseño y desarrollo del stent biodegradable, confluyó el trabajo de varias instituciones. “Las colaboraciones surgen porque cada grupo es especialista en algo, y para generar un producto tan complejo y que requiere de diversos campos de conocimiento, lo más rápido que cada uno aporte desde su expertise, y no hacer todo el trabajo en un mismo laboratorio”, remarcó.

El Intema se especializa en el estudio y diseño de las propiedades de los metales y en su caracterización, pero no posee la capacidad de generar desde cero un nuevo metal, ya que ese proceso se realiza por fundición de metales. Ahí entonces saltó a la cancha el Instituto de Física de Rosario (Ifir), que cuenta con todo el equipamiento necesario para generar una nueva aleación.
“Por un lado, surgió esta colaboración con el Ifir, que nos envió el material terminado para que podamos empezar la etapa del estudio de ese metal y la modificación con estas moléculas”, indicó. Y amplió: “Por otro lado, las moléculas que le queremos adicionar a la superficie son una colaboración posterior que surgió con el Instituto Pasteur de Montevideo, que diseña moléculas para enfermedades metabólicas, como las enfermedades cardiovasculares, y tiene mucha experiencia en el diseño de nuevos fármacos para tratarlas”.
Estas moléculas harían que el stent se desempeñe de una manera óptima luego de implantarse.

Cómo surgió la idea
Una de las motivaciones para desarrollar un stent biodegradable es que a nivel mundial aún no se logró. Hace poco salió al mercado uno que es polimérico, pero lo retiraron porque no cumplió con las expectativas ni lo que se busca.
Por otro lado, desde Intema venían desarrollando materiales nuevos y metales biodegradables para implantes traumatológicos o para reparación de huesos. “Queríamos empezar con líneas de investigación nuevas, que apuntaran a implantes más novedosos, y aplicar en un área nueva el conocimiento que ya se tenía”, destacó.
El apoyo clave de L’Oreal
El premio de la fundación L’Oréal-Unesco “Por las Mujeres en la Ciencia”, al cual se postuló a través del sistema del Conicet, le otorgó $6 millones al proyecto, permitiendo la realización de pruebas in vitro. Además, aporta difusión y visibilidad al trabajo, lo que podría atraer futuras inversiones.
“En 2024 eran 116 proyectos, de los cuales sólo 10 fueron preseleccionados y terminaron quedando sólo dos y uno fue el mío”, destacó.
Etapas del desarrollo y objetivos a futuro
“En este momento estamos en el estadio de trabajar sobre la mejora de la superficie de la aleación de hierro que ya tenemos", dijo. "Estoy en Montevideo porque estamos viendo de qué manera unir esta molécula a la superficie metálica”, comentó.
Durante este 2025, la idea de Merlo es lograr algún tratamiento superficial, que incluya esta molécula en la superficie, y hacer los estudios con células. “Siempre en los materiales nuevos se realiza una serie de ensayos in vitro con células que simulan la condición de nuestro cuerpo para testear que el material tenga buenos resultados in vitro”, detalló. Luego del in vitro, será el tiempo de las pruebas in vivo, que se realizan con animales de laboratorio.
Para que salga al mercado les falta una etapa posterior, que es darle la forma de stent, ya que están trabajando con unas muestras que no tienen la forma final de stent, sino que son macizas. Para ese trabajo deberán buscar otra colaboración con un instituto. “No puedo precisar un tiempo para que salga al mercado, ya que depende de cómo vayan las investigaciones y las pruebas”, detalló. Y agregó: “Cualquier dispositivo, sobre todo los implantes, llevan mucho tiempo de estudio y testeo porque son intracorpóreos y hay que asegurarse que no generen ningún riesgo de vida para las personas”.
“Cuanta más inversión y colaboración tengamos, más rápido avanzaremos”, concluyó.