Un modelo superador
Se asociaron con las abejas para sacarle la ficha a la biodiversidad
Ante le boom de la medición de huella de carbono, una startup argentina busca dar un salto con un servicio innovador y económicamente accesible ¿De qué se trata?
Por: Florencia Boeri mail
Eirú es una empresa tecnológica radicada en Bariloche fundada por los investigadores Lucas Garibaldi y Fernanda Santibañez. Ambos especializados en el estudio de la biodiversidad, desarrollaron un innovador modelo para medir el estado de la naturaleza utilizando a las abejas y plantas como indicadores.
En diálogo exclusivo con Ecobiz, Garibaldi plantea: “Se habla mucho del cambio climático, pero la pérdida de biodiversidad es un problema aún más grave”. Cabe destacar que en los últimos 50 años se perdieron el 73% en las poblaciones de fauna silvestre en el mundo y del 95% en América latina y el Caribe.
Para el académico no hay dudas de que hay que medir la biodiversidad, y los análisis de sustentabilidad no deberían reducirse a la medición de huella de carbón. “Medir la biodiversidad es más complejo al involucrar múltiples organismos, pero lo que no se mide no se puede gestionar”, señala.
En esta línea, Eiru desarrolló un sistema sencillo de tres pasos para monitorear, reportar y verificar la biodiversidad, que le permite ser escalable y eficiente en costos. “Lo hacemos a partir de modelos que desarrollamos y que han sido publicados en revistas científicas internacionales”, explica el investigador.
El protocolo de la startup utiliza imágenes satelitales, sensores bio acústicos, machine learning y entrenamiento de redes neuronales para conocer, predecir y verificar la salud de la biodiversidad.
Si bien existen investigadores que miden biodiversidad con otras metodologías de trabajo, Garibaldi explica que en general no se ofrece como servicio dado los costos.
¿Cómo es trabajar con Eirú?
La startup apunta a brindar soluciones a un gran abanico de actores que van desde productores agropecuarios hasta empresas y organizaciones gubernamentales.
Garibaldi explica que lo primero es hacer una línea base de biodiversidad que se mide con los sensores e imágenes satelitales durante todo un año. “Como la diversidad que está en primavera es distinta a la que está en otoño mínimamente se necesita tener en cuenta esa variabilidad temporal”, resalta.
El proceso de trabajo consta de tres instancias: monitoreo, simulación y software de visualización de datos.
Para la primera emplean imágenes satelitales y sensores IoT basados en bioacústica para recopilar datos de forma no invasiva, sin generar impacto en las operaciones del sitio y reduciendo costos, ya que no tienen que trasladarse a los campos. Para optimizar esa instancia, están trabajando en el desarrollo de sensores bio acústicos propios, que funcionen como oídos electrónicos que permiten oír polinizadores y, con inteligencia artificial (IA) aceleran el proceso de monitoreo. Actualmente están en etapa de testeo.
La segunda consiste en acoplar modelos de simulación predictiva a esos datos para conocer los impactos de distintas prácticas regenerativas. Por último, entregan los informes y las recomendaciones. Luego se ofrece un servicio de verificación de estas prácticas para confirmar que se hayan alcanzado los impactos buscados en la biodiversidad, por ejemplo, el aumento de polinizadores, la mejora de rendimientos productivos, entre otros.
Eirú, que en el último año duplicó su equipo de trabajo, cuenta con equipo tecnológico propio que actualmente se encuentra optimizando el desarrolles de los sensores.
Del laboratorio a la startup
Garibaldi es agrónomo y director del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (Irnad), el cual depende del Conicet y de la Universidad Nacional de Río Negro. Además es docente en esa casa de estudios. Desde hace 22 años adoptó a Bariloche como ciudad, donde conoció a Fernanda, quién fue su alumna en el doctorado.
“Estamos en un instituto de ciencia aplicada, entonces nosotros desarrollamos conocimiento para resolver problemas. Y el problema de la pérdida de biodiversidad es un tema central que trabajamos desde hace más de 20 años”, relató.
En los últimos años pusieron cabeza en cómo sus soluciones se pueden transformar en una empresa de base tecnológica que aporte a resolver el problema de pérdida de biodiversidad. “Teníamos muy claro el problema, bastante clara la solución y muy poco claro el modelo de negocio empresarial”, confesó.

A partir de una charla que les brindaron desde SF500 - el fondo de inversión y aceleradora de empresas de la provincia de Santa Fe - comenzaron a darle forma a Eirú, que se constituyó como startup en 2023.
Desde entonces han conseguido una inversión inicial de $250 mil y actualmente están en la búsqueda de $100 mil adicionales para expandir su capacidad operativa. Al mismo tiempo se encuentran facturando y trabajando de forma activa. “Estamos avanzando en eso que habíamos soñado”, relató el investigador.
El docente aseguró que cada vez hay más actores interesados en medir la biodiversidad. Actualmente, además de trabajar con empresas privadas, están midiendo biodiversidad en campos que han hecho regeneración en la provincia de Córdoba, gracias a una alianza con el Ministerio de Ambiente y Economía Circular.
“El mercado hoy en día es incipiente, lo cual es bueno porque somos pioneros y estamos abriendo las puertas a un protocolo innovador”, destacó el fundador de Eirú.
Para Garibaldi, la tendencia de las empresas a incluir la biodiversidad en sus indicadores de sustentabilidad está clara. Sin embargo, duda sobre cuál va a ser el mecanismo que va a predeterminar, ¿incentivos de mercado, de legislación o ambos?
Cabe mencionar que la Unión Europea está poniendo restricciones a la compra de productos agropecuarios provenientes de la deforestación. Y en Argentina si bien no hay regulaciones al respecto, muchos productores están incorporando estas prácticas para certificar sus producciones con sellos ambientales y acceder a mercados que las exigen.
“Hay señales muy claras de los mercados que la problemática de la biodiversidad está presente y es lo que se viene. Lo que no está claro es cuál va a ser el mecanismo: de compraventa, de costo en valor, o si va a ser crédito de biodiversidad. Lo que sí está claro es que lo van a tener que medir, y ahí es donde estamos nosotros”, concluyó.