Semana del Clima Rosario
Una alimenticia santafesina cambió de receta para ser más sostenible
Dejó atrás los modelos operativos tradicionales y se enfocó en el triple impacto como valor central de la marca
Por: Eugenia Langone mail
Con 40 años de historia como una de las principales empresas de la industria alimenticia y dos plantas que funcionan en la zona de Rosario, La Cumbre se convirtió en la primera pyme de la provincia en obtener su certificación como Empresa B. Sin embargo, ese fue apenas un paso del desafío que asumió la segunda generación a cargo de la compañía para dejar atrás los modelos operativos más tradicionales para transformarse e iniciar el camino al triple impacto.
Virginia Alabarce es directora de Recursos Humanos y Sostenibilidad del Establecimiento La Cumbre SA, que funciona con dos plantas en el Gran Rosario y otras dos en Santiago del Estero y Corrientes en sociedad con otras firmas. La empresaria le puso voz a la experiencia “aún en tránsito” que iniciaron en 2023 durante la Segunda Semana del Clima que se desarrolló en Rosario.
“Decidimos empezar a transitar un camino que hoy todavía se encuentra en marcha para transicionar de pasar de ser una empresa tradicional a una empresa de triple impacto”, contó Alabarce, que hizo hincapié en los tres pilares fundamentales de ese cambio: producción sustentable, seguridad alimentaria e inclusión social con gestión de impacto.
Este proceso tuvo un hito histórico este año con la certificación como Empresa B, que convirtió a la empresa en la primera pyme alimenticia de la provincia de Santa Fe en obtener ese reconocimiento.
Sin embargo, más allá de lo formal, Alabarce destaca la profunda transformación cultural transversal que se puso en marcha en toda toda la organización: la sustentabilidad dejó de ser un área aislada para consolidarse como el valor central de la marca.
La hoja de ruta
La implementación práctica del cambio comenzó con la medición de la huella de carbono para diagnosticar con precisión las fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, lo que mostró que el consumo de energía eléctrica y de gas natural eran los factores principales de emisión. La respuesta inmediata fue el inicio de un plan de eficiencia energética que abarcó la modernización de la iluminación, la optimización de los sistemas de refrigeración y una reestructuración de los programas de mantenimiento preventivo de la maquinaria.
A eso se sumó en el plano de las energías renovables, la instalación de un parque solar propio que le permite abastecer actualmente hasta el 50% del consumo energético de sus instalaciones industriales mediante fuentes limpias. Los excedentes, a través del programa Prosumidores, se vuelcan a la red pública y suministran energía a la localidad de Alvear, donde funcionan las dos plantas de la compañía.
El envasado y la reducción de residuos desde la gestión de su cadena de insumos fue otro de los desafíos que asumieron. Las compras a granel mediante el uso de Big Bags fue otro de los pasos concretos para disminuir el volumen de embalajes desechados y su posterior tratamiento.
El modelo de economía circular se profundizó a través alianzas con cooperativas locales, que se encargan de los descartes plásticos para ser triturados y reincorporados como materia prima en nuevos procesos productivos, y se instalaron caudalímetros en las líneas de producción para garantizar un uso racional de un recurso fundamental como es el agua.
En todo el proceso, además, Alabarce destacó la importancia del trabajo colaborativo y afirmó que “cuando se empieza a trabajar en red se genera un impacto buscado tanto para adelante como hacia atrás en la cadena, y es allí donde se logra amplificar el impacto".



