Una lectura imprescindible
"Es tiempo de repensar nuestra relación con los residuos”
Agustina Grasso es autora de "Basuraleza", un libro en el que plantea una pregunta urgente ¿Es posible un mundo sin basura? Esto es lo que dijo en diálogo con Ecobiz
Por: Eugenia Langone mail
La historia arranca hace más de 15 años en González Catán, La Matanza, provincia de Buenos Aires, el punto de llegada de casi toda la basura del Conurbano bonaerense. En ese lugar, donde iban sus propios desechos, Agustina Grasso pudo dimensionar la magnitud del problema. “Comprendí que reciclar era un acto de vida o muerte”, escribe la periodista en “Basuraleza”, el libro que presentó en Rosario junto al Taller Ecologista y que lleva en su título una pregunta que la sigue desde hace tiempo: “¿Es posible un mundo sin basura?”. Esa inquietud la empujó en los últimos años a investigar el recorrido de los residuos urbanos a nivel nacional y las consecuencias que padecen quienes habitan los “territorios de sacrificio”, como se denominan a los municipios y comunas donde termina la basura de otras poblaciones. También indaga los escenarios a nivel mundial: el colonialismo de la basura, las islas o “sopa de basura” que se producen en los océanos, incluso el fenómeno de los micro y nano plásticos que inundan hasta esas playas que se parecen al paraíso. Grasso historiza y reflexiona sobre las políticas públicas y las responsabilidades empresariales, así como de los Estados nacionales y subnacionales, pero no deja afuera a los consumidores. “Compramos basura”, dice en diálogo con Ecobiz para dar cuenta de la parte que le toca a cada uno, convencida que la solución está “en manos de todos”.
“Basuraleza” llega después del documental “Tras, el camino de la basura” y el proyecto “Mapa trash”, que localizó los basurales de todo el país, y viene a nombrar eso que no se habla y se olvida todos los días, citando la “pedagogía del olvido” del sociólogo francés Baptise Monsaigeon. Para quienes tienen la decisión de hacerse cargo, además de información precisa e imágenes que permiten dimensionar el problema, Grasso ofrece una yapa: la “Guía práctica para gestionar los residuos”.
¿Cómo fue el proceso desde ese recorrido que te Impactó hace más de 15 años en González Catán y que te llevó detrás de los recorridos y la historia de la basura todos este tiempo?
Siempre digo que ese fue el origen de mi cambio y no sólo a nivel periodístico a partir de la historia que iba a buscar, sino de lo que entendí en ese lugar. Volví a mi casa después de haber hecho esa cobertura, comprendí que si tiraba toda la basura mezclada realmente podía tener un efecto directo en las personas, en sus enfermedades y en su salud. A partir de ese momento empecé a separar los residuos y eso me llevó a investigar quién recolecta mis residuos reciclables, a dónde iban y si había una política ambiental, y así desde hace más de 15 años. Ahora quizás hay mayor claridad, pero en ese momento no la había sobre qué pasaba en los municipios con los reciclables, o no había tantas políticas públicas relacionadas. Para mí fue un momento de clic en lo personal y en lo profesional para seguir contando esta historia. Un editor me dijo: "¿A quién le importa la basura, a quién le importan estos temas?". Sin embargo, seguí para adelante.
En ese recorrido hacia adelante están “Trash, el recorrido de la basura” y Mapa Tras, que justamente es un mapa colaborativo que geolocaliza basurales de todo el país. En el libro también aparecen quienes habitan las comunas donde la basura se desecha, ¿cómo pensás el rol de los vecinos y las organizaciones no sólo para reconstruir qué pasa con la basura y también para pensar soluciones?
Es una construcción colectiva porque la basura es una responsabilidad colectiva en distintos estratos. En lo individual comienza por lo que comprás: uno compra basura cuando compra un paquete de galletitas. Cuando empezás a entender la responsabilidad de eso, quién produce ese paquete, si no existe una ley de Envases que regule de qué tiene que estar hecho, vas comprendiendo que hay distintos niveles de responsabilidad en el origen. Y en el posconsumo, ¿qué pasa con ese residuo?, ¿va a un basural, a un relleno sanitario, se recicla, o termina en una isla de plástico o en una playa? A nivel global se está peleando por un tratado global de plásticos. Hay en el mundo intentos de buscar normativas globales, pero tenés un lobby en contra, sobre todo del sector petrolero, que busca poner trabas para que no haya regulación porque el plástico proviene del petróleo. La discusión sobre la basura es mucho más amplia de lo que uno puede llegar a pensar.
Vos lo contás en el libro, durante las jornadas "Más río, menos basura”, donde se junta basura junto al río, se han hecho intervenciones en la puerta de las empresas, fundamentalmente Coca-Cola, que es la mayor generadora de envases plásticos. Sin embargo, la ley de Envases sigue pendiente, ¿en qué escenario estamos frente a la necesidad de este tipo de regulaciones?
La ley de Envases siempre estuvo trabada, sobre todo en el 2022. Es un gran pendiente en Argentina, que por ejemplo en Chile se conoce como la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Dentro de nuestra agenda ambiental es un gran pendiente que ojalá pueda avanzar, porque organizaría gran parte de la problemática al implicar que el productor se haga responsable del residuo que genera. Cuando le llevan a Coca-Cola todos sus envases es para demostrar de manera simbólica esa responsabilidad de la empresa, porque a veces parece que la responsabilidad queda en quien compra la botella y no en quien la produce sin dar un sistema posconsumo responsable. Muchas empresas llevan políticas ambientales muy pobres que venden como gran política ambiental a través de greenwashing, pero a nivel global solo se recicla un 10 por ciento.
Es un porcentaje muy bajo, incluso en países desarrollados.
Es poco en general y tampoco lo fomentan. Hoy tenemos una gran crisis de derechos laborales de los recicladores y no ves interés en cambiarlo ni por parte del Estado ni del privado. El sistema de cooperativas que tenemos en Argentina es modelo en el mundo, pero en lugar de defenderlo se está bastardeando. La ciudad de Buenos Aires está teniendo una gran crisis, e igual en Rosario hay que pensar qué es lo que funciona. Es necesario hacer un diagnóstico para potenciar lo que se está haciendo bien. Pero muchas veces las políticas llamadas "higienistas", que buscan mantener limpias las ciudades, no piensan en un trasfondo de cultura ni de educación ambiental, sino en ver todo con la mirada del negocio.
Algo así se sigue escondiendo de la basura sin hablar qué sucede con ella.
Claro, dejemos la ciudad limpia y no importa bien qué se hace con la basura, pero que esté limpia.
Vos señalas en el libro, es que cuesta hablar de la basura, ponerla sobre la mesa para buscar herramientas que reduzcan los impactos de un proceso que es global. ¿Por qué?
Sí, porque a nivel global está el concepto del "colonialismo de la basura", donde el Sur Global termina siendo el cesto de basura del Norte, así como está González Catán en el Conurbano y Ricardone en Rosario. Esas zonas donde están los basurales y rellenos sanitarios terminan siendo territorios de sacrificio de otras zonas donde se consume. No vas a tener un basural en medio de la ciudad y eso es parte de querer ocultar el problema; muchas personas no saben a dónde va la basura ni les importa. Es tiempo de repensar nuestra relación con los residuos y exigir medidas más amigables con el planeta.
Abordás en el libro situaciones como las montañas de desechos de la industria de la moda en Atacama, Chile, o las islas de basura en el océano Atlántico, que alcanzan la agenda de medios y logran cierto impacto. ¿Pensás que ese impacto redunda después en cambios concretos en los diferentes niveles de responsabilidad?
La difusión es clave. La masividad que tuvo el caso de Atacama con el vertedero de ropa hizo que el gobierno empiece a ver el tema como mucho más grave que antes. Eso logró que en la ley REP de Chile se incluyeran los residuos textiles que antes no estaban, y avanzó un juicio contra el Estado por estar esos basurales en terrenos fiscales. Ahí te das cuenta de la importancia de difundir estos temas.
¿Qué pasa con el marco normativo respecto de los residuos, crees que faltan herramientas en ese sentido? ¿Y qué sucede cuando existen normativas, como el caso de Basura Cero en Rosario, que establecen metas en el tiempo, pero esas metas no se cumplen?
Siento que a nivel nacional nos falta legislación: no tenemos una ley nacional de basura cero ni metas de reciclado a nivel nacional. Sí se da a nivel municipal en ciudades que tienen sus ordenanzas de basura cero y metas de reciclado, son importantes porque son un piso desde el cual se puede reclamar como ciudadanía. Pero en contextos de crisis como el que atravesamos hablar de qué hacer con la basura se vuelve difícil y se deja para el último lugar.
Hacés hincapié en los diferentes niveles de responsabilidad, ¿en qué medida creés que la educación ambiental es una herramienta clave que se debe profundizar?
Tenemos normativas como la ley de Educación Ambiental y contenidos ambientales obligatorios en escuelas, pero cuando aprendés a reciclar en la escuela y en tu casa hay un solo cesto, es frustrante si no lo ves replicado en la vida adulta. La educación ambiental es lo más importante, junto con campañas municipales sobre cuándo y dónde sacar los residuos. Es una cuestión de costumbre y de convivencia civil.
¿Pudiste responder la pregunta de si es posible un mundo sin basura?
Para eso tienen que leer el libro.
Además, para saber qué hacer con “los reciclables de todos los días” -plásticos, papel, cartón, vidrio y metales-, compostar, buscarle otras vidas a las cosas, y desechar correctamente desde pilas, residuos electrónicos y aceite de cocina hasta neumáticos y textiles también hay que “leer el libro”.



