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13.10.2026

Circularidad

Qué hacer con los envases posconsumo: una gran deuda en Argentina

Un informe de Ecoplas muestra que el país es el único de los grandes de la región que no cuenta con una ley de Responsabilidad Extendida del Productor. Aquí los datos

En Argentina, el volumen de plásticos recuperados cayó un 11% interanual durante 2025, la industria recicladora trabaja con una capacidad ociosa cercana al 50% y existen unos 6.000 basurales a cielo abierto, a pesar de que más del 40% de lo que se tira podría volver a la industria como materia prima. Detrás de esos números hay una ausencia: el país todavía no tiene una ley nacional de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) que organice y financie la recuperación de los envases después del consumo, algo que las otras grandes economías de la región ya resolvieron con normas que obligan a las empresas a ocuparse del ciclo completo de lo que producen.

Los datos forman parte del Dossier de Economía Circular de los Plásticos 2026 presentado por Ecoplas, la asociación civil especializada en plásticos y medio ambiente. La publicación presenta una mirada integral sobre la cadena de valor de los plásticos, con datos, experiencias y herramientas que revelan cómo funciona actualmente la economía circular en el sector y cuáles son las oportunidades para profundizarla.

“La economía circular es un proceso de transformación que ya está en marcha. El desafío es generar las condiciones para que pueda crecer, incorporando más materiales al ciclo productivo, promoviendo innovación y fortaleciendo la competitividad de toda la cadena de valor”, dijo Verónica Ramos, directora ejecutiva de Ecoplas.

Una deuda regulatoria

La Responsabilidad Extendida del Productor (REP) asigna a las empresas que ponen envases en el mercado responsabilidades sobre su gestión al final de su vida útil. Se trata de un sistema que financia la recolección diferenciada y el reciclado. La ley ordena la gestión de los residuos reciclables para que vuelvan al circuito productivo. Europa y América del Norte lo aplican desde fines de los años 80. En América latina, Chile y Colombia fueron más lejos y fijaron objetivos obligatorios y controles para verificar su cumplimiento.

En la Argentina, la ley de residuos domiciliarios, vigente desde 2004, no contempla este esquema y los proyectos presentados en el Congreso aguardan ser tratados. El resultado se ve en el territorio. De acuerdo con el Dossier, en el país hay unos 6.000 basurales a cielo abierto que son depósitos de residuos que no se aprovecha, pese a que cuatro de cada diez podrían transformarse en materia prima para otras industrias, en el marco de un proceso de economía circular.

En este sentido, la Unión Industrial Argentina (UIA) alcanzó este año un consenso para impulsar una ley nacional de Responsabilidad Extendida del Productor para Envases. Ecoplas acompañó junto a su socia fundadora, la Cámara Argentina de la Industria Plástica (Caip).

El país está retrasado, respecto a otros de la región, en legislaciones que impulsan la Responsabilidad Extendida del Productor (REP).

“Argentina todavía no cuenta con una norma nacional que establezca cómo se financia y organiza la recuperación de los envases después de su consumo. Esta falta de reglas comunes limita el material que puede volver a la industria. Cada municipio resuelve con los recursos que tiene a disposición, y eso hace que el reciclado dependa del lugar donde uno vive. Una ley nacional le daría a todo el país una gestión sostenible de los reciclables”, señaló Ramos.

La industria está preparada

Aun en este escenario, el sector reciclador fue creciendo en las últimas dos décadas. Según datos de Ecoplas, entre 2003 y 2023 la cadena del reciclado plástico recuperó más de 4 millones de toneladas de material y actualmente reúne a más de 150 empresas, que generan empleo en todo el país.

Además de ganar escala, la industria cambió su forma de trabajar. La industria plástica viene incorporando herramientas que permiten avanzar en la circularidad. El ecodiseño, la monomaterialidad, la incorporación de plástico reciclado, la trazabilidad y las certificaciones son algunos de los ejes que acompañan esta transformación.

Muchas empresas han avanzado en el diseño de envases que faciliten su reciclado, por ejemplo, mediante el uso de un solo tipo de plástico en lugar de distintas capas de materiales. También se ha incorporado material reciclado en nuevos productos, incluso en determinadas aplicaciones de envases que están en contacto con alimentos. En paralelo, se están desarrollando nuevas tecnologías que permitirán ampliar las posibilidades de reutilización del plástico.

Uno de los avances más importantes impulsados por el sector está en las certificaciones. No alcanza con decir que un envase es reciclable o que un producto tiene material recuperado, sino que hay que poder demostrarlo. Para eso, Ecoplas desarrolló dos sellos.

El primero, conocido como La Manito, certifica que un envase está hecho con un solo tipo de plástico y que se puede reciclar. Va impreso en el producto y ayuda tanto a quien separa los residuos en su casa como a los recuperadores que los clasifican después.

El segundo, creado junto con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), verifica qué porcentaje de plástico reciclado tiene un producto, a partir de un mínimo de 15%. Es la primera certificación de este tipo en el país y les da a las empresas un respaldo técnico para sus compromisos ambientales. La asociación trabaja para que tenga validez internacional, de modo que las compañías puedan usarla al momento de exportar.

Con esa base de capacidad, conocimiento y respaldo técnico, Ecoplas sostiene que el sector está en condiciones de procesar mucho más material del que le llega. “El trabajo en red entre el sector privado y público es nuestro mayor activo, pero no puede escalar solo. Estamos listos para dar el próximo salto, pero hace falta un marco nacional que garantice que los envases vuelvan al circuito productivo”, agregó Ramos.

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