Gestores
19.10.2026

Desafío global

Bonos de plástico: una forma de financiar e impulsar el reciclaje

Agustina Vázquez Acuña, coordinadora de la Fundación Banco de Plásticos, aseguró que a nivel mundial sólo el 9% del plástico producido se recicla

Por: Rodrigo Elias mail

Reciclar plástico no siempre es buen negocio. Aunque permite recuperar materiales y reducir residuos, los costos de recolección, procesamiento y logística muchas veces vuelven difícil competir con el material. Para intentar revertir esa ecuación, la Fundación Banco de Plásticos impulsa un sistema de bonos que permite financiar la recuperación de materiales y conectar a las empresas que buscan compensar su huella con quienes los reciclan.

“El bono de plástico es un certificado que emiten las empresas recicladoras de plástico postconsumo, y equivale a una tonelada de plástico recuperado y reciclado”, explicó Agustina Vázquez Acuña, coordinadora de la Fundación Banco de Plásticos, en diálogo con Ecobiz. Y amplió: “El bono de plástico es como un primo del bono de carbono, pero mucho más simple en términos de trazabilidad, porque es una tonelada de material sólido a la que se le puede hacer seguimiento”.

Creada hace un lustro por personas vinculadas a la industria del reciclaje, la organización surgió para abordar un problema estructural. “El consumo de plástico crece, pero una proporción reducida vuelve al circuito productivo”, aseguró Vázquez, quien se encuentra pronta a licenciarse en Ciencias Ambientales en la UBA. Y agregó: “A nivel mundial, apenas el 9% del plástico producido se recicla”.

La principal dificultad sigue siendo económica. Cuando baja el precio del plástico virgen, el material recuperado pierde competitividad porque debe afrontar los costos de recolección, procesamiento y transporte. En esa comparación, los beneficios ambientales del reciclaje no siempre se traducen en un valor económico que permita sostener la actividad.

Alianzas 

Además de trabajar con bonos, la fundación asesora a empresas en economía circular y colabora con Plapiqui, organismo de la Universidad Nacional del Sur y del Conicet, para medir sus huellas de plástico.

Financiar la recuperación de plástico permitiría aceitar la cadena de reciclado.

El mecanismo funciona a partir de certificados que las recicladoras emiten después de atravesar auditorías bajo estándares internacionales. Las empresas que tienen una huella de plástico y quieren compensarla compran esos bonos y, de esa manera, financian proyectos de recuperación y reciclado. No se trata de adquirir físicamente una tonelada de material, sino de aportar recursos para que esa cantidad sea recuperada y reciclada.

El precio de cada bono lo determina la recicladora y depende de las características del proyecto, sus costos y su impacto social. 

La fundación trabaja actualmente con dos recicladoras: Cabelma, que lleva emitidos más de 150 bonos, y Amiplast, con 1.200, según los datos aportados por la coordinadora. Aunque el mercado todavía es incipiente en Argentina, el instrumento ya encuentra compradores entre empresas que buscan gestionar su impacto ambiental y anticiparse a posibles exigencias regulatorias.

Entre los casos que destacó aparece Borneo, fabricante de los anteojos comercializados por Farmacity. La empresa certifica y compensa cada año la totalidad de su huella de plástico y cuenta con el sello de producto plástico neutro, que puede encontrarse en esos productos. Vázquez Acuña también mencionó a Trasa, una marca vinculada a una empresa de tarjetas de pago.

Regulación, financiación y concientización

En Argentina, la compra de bonos es voluntaria. Para la fundación, una ley que establezca obligaciones para la gestión de los envases podría contribuir a desarrollar el mercado, aunque también considera necesario que más empresas decidan financiar iniciativas de reciclado.

“Nuestro objetivo es acompañar el crecimiento del mercado de bonos de plástico, poder ayudar a las empresas recicladoras de plástico a que cada vez puedan reciclar más y tengamos una menor huella de plástico en nuestro país”, apuntó. Y añadió: “El desafío es que el financiamiento de la recuperación de plástico deje de ser una acción aislada y se convierta en una herramienta capaz de darle continuidad a la cadena de reciclado”. 

Su otra línea de trabajo apunta a la concientización: organiza eventos, ofrece webinars gratuitos y articula iniciativas con investigadores.

La estructura es pequeña. Está integrada por siete miembros del consejo, incluida la coordinadora, trabaja de manera remota y se vincula con recicladoras de distintas partes del país. Desde esa posición, la apuesta es construir una red que permita sostener económicamente el reciclaje y sumar empresas a una iniciativa que, por ahora, depende de decisiones voluntarias.

“El desafío es que el financiamiento de la recuperación de plástico deje de ser una acción aislada y se convierta en una herramienta capaz de darle continuidad a la cadena de reciclado”, concluyó. 
 

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