Movilidad
15.10.2026

Sin cortocircuitos

Cómo enchufar el auto eléctrico en un edificio y no morir en el intento

La falta de reglamentación nacional y de regulaciones en consorcios, generan conflictos en usuarios que tienen estas unidades y viven en una propiedad horizontal. ¿Qué hacer?

Por: Eugenia Langone mail

Son seguros, no contaminan y cada vez hay más circulando por las calles. Sin embargo, comprarse un auto eléctrico, instalar su cargador y salir a transitar no es tan sencillo, sobre todo si el usuario vive en una propiedad horizontal. La falta de reglamentación, o  una ley de electromovilidad, la escasa actualización de los protocolos de seguridad en garajes y cocheras - que están pensados sólo para alojar autos a combustión- así como la inexistencia de seguros integrales en edificios pensando en estas nuevas tecnologías, hacen que el proceso pueda convertirse en un dolor de cabeza. 

Juan José Martres es ingeniero y titular de la comisión de estudios de emergencia de la Asociación Argentina de Vehículos Eléctricos y Alternativos (Aavea) y señala que “lo que sucede es que si alguien que es propietario de un auto eléctrico vive en un edificio, y una de las ideas que se le ocurre es cargar el auto en la cochera, se encuentra con que, al no haber reglamentación que diga qué hacer, los derechos y obligaciones quedan en el aire”. 

La acelerada adopción de esta tecnología plantea una encrucijada cotidiana para quienes residen en propiedad horizontal y buscan recargar las baterías de sus vehículos en las cocheras de sus edificios.

Ante la falta de una legislación nacional específica que establezca las pautas de instalación de puntos de carga en garajes residenciales, los propietarios e inquilinos se encuentran en una zona de incertidumbre legal y técnica. Y frente a la ausencia de un marco legal unificado, la resolución queda delegada al ámbito de la convivencia vecinal: ponerse de acuerdo. 

La fatla de adecuación de reglamentos en los consorcios para enfrentar esta nueva demanda genera problemas en la convivencia entre vecinos.

Esto es especialmente conflictivo en los consorcios, donde se requiere el acuerdo unánime de los propietarios para cualquier uso común. En este caso, Martres explica que la conexión en propiedad horizontal debe estar hecha de manera tal que no todo el edificio termine pagando la electricidad que consume el vehículo de uno de los vecinos. 

Pero además, advierte que estos usos modifican los costos de los seguros integrales e incluso, no todas las compañías los incluyen en sus pólizas.

Las situaciones empiezan a repetirse y en Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba) ya hubo conflictos que terminaron en mediaciones, el paso previo obligatorio a la judicialización. 

Un parque en crecimiento 

El parque de vehículos electrificados en la Argentina atraviesa un crecimiento sostenido. Durante el primer semestre de 2026, los patentamientos acumulados de automóviles y comerciales livianos electrificados alcanzaron las 42.238 unidades, lo que representa un incremento del 339,4% respecto al mismo período del año anterior. 

Esta tendencia, que evolucionó desde apenas 516 unidades en 2018 hasta superar los 26.000 vehículos en 2025, se suma a la expansión de la micromovilidad, con cerca de un millón de patinetas y motos eléctricas en circulación. 

"Lo que pasa hoy es que se sugiere hacer reuniones de consorcio, llegar a acuerdos y consenso, y establecer lo acordado en el reglamento de copropiedad”, explica Martres sin dejar de mencionar que ya registran experiencias de mediación obligatoria donde vecinos y propietarios llegan para fijar pautas para la instalación de los equipos. 

A este procedimiento se suma la negociación con las compañías aseguradoras del edificio, las cuales deben evaluar si aceptan cubrir los riesgos asociados y si esto implica mayores costos en la póliza que el consorcio debe definir cómo afrontar.

Los riesgos

Pese a las dudas que puede generar esta tecnología, los datos estadísticos desmitifican la peligrosidad general de estos vehículos. Según estudios internacionales, la probabilidad de incendio en vehículos eléctricos puros es de 25 casos por cada 100.000 unidades, una cifra marcadamente inferior frente a los 1.529 casos registrados en autos de combustión tradicional y los 3.475 en híbridos. 

Sin embargo, “hay riesgos que deben ser tenidos en cuenta”, señala el especialista. Ciertamente los vehículos eléctricos resultan significativamente más seguros que un vehículo tradicional. Pero efectivamente se registra un siniestro, los riesgos se incrementan ya que las baterías de litio plantea una dinámica sumamente compleja en entornos cerrados. 

Los incendios de autos eléctricos requieren un abordaje específico por parte de los bomberos y mayor cuidado por la liberación de gases altamente tóxicos.

El fuego se origina en la parte inferior de la estructura donde se ubican los módulos de la batería, desencadenando una reacción expansiva en cadena que en cuestión de segundos o minutos puede propagar las llamas a los vehículos linderos y dejar totalmente inefectivos a los matafuegos convencionales del edificio.

A este riesgo ígneo se suma la liberación de gases altamente tóxicos, considerada por los especialistas como la amenaza más velada y peligrosa para la salud humana. Durante una descomposición térmica, las baterías de litio emanan sustancias letales e invisibles como el ácido fluorhídrico; un proceso químico que puede alcanzar una concentración mortal de vapores contaminantes en el ambiente antes de que las llamas sean detectables a simple vista.

Martres enfatiza que "la intención no es infundir miedo”, pero señala que estas características hacen que deban tomarse medidas específicas, como que las instalaciones estén en espacios exteriores de las propiedades. 

En casos de subsuelos, la recomendación técnica es situar los puestos para autos eléctricos "preferentemente en el primer subsuelo con las medidas de prevención posibles", dado que los niveles más profundos “son de difícil acceso para los servicios de emergencia”.

Leer más: ¿Los autos eléctricos son más seguros?: las dos caras de esta tecnología

Además, hace hincapié en la capacitación teórica y práctica a los servicios, un punto en el que la asociación viene trabajando.

Los equipos

Gustavo Salerno es gerente comercial de Scame Argentina, una empresa de origen italiano especializada en infraestructura de carga para vehículos eléctricos, y forma parte de Aavea. Desde esos espacios remarca la importancia de garantizar estándares rigurosos tanto en la fabricación de los equipos como en su montaje.

Desde el punto de vista técnico, Salerno, explica las medidas de seguridad integradas en los equipos y detalla que los cargadores comercializados disponen de un sistema de comunicación constante con el vehículo mediante un "contacto piloto” que permite verificar que el estado de las baterías sea el adecuado antes de iniciar la carga. 

Una vez iniciado el proceso, además, los conectores se bloquean automáticamente y solo pueden destrabarse mediante una aplicación, una tarjeta de acceso o la misma llave del auto, impidiendo además que el coche pueda ponerse en marcha mientras permanece conectado a la red.

Salerno puntualiza que los equipos no sólo cumplen las normas de calidad ISO 9000, lo que permite obtener la trazabilidad de los equipos distribuidos en el país. 

A nivel de instalación eléctrica, señala que deben respetarse las especificaciones de la Asociación Electrotécnica Argentina (AEA), que exige una línea e instalación independiente para cada cargador. 

Frente a la ausencia de una normativa que regule al sector, y más allá del programa continuo de capacitaciones que llevan adelante desde la firma, Salerno enfatiza la necesidad de contar con reglamentaciones de seguridad eléctrica formales. 

“Una ley de electromovilidad sería fantástica para adiestrar a técnicos, electricistas”, concluye.
 

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