2° Semana del Clima Rosario
Tractor a etanol y agricultura digital: el motor sostenible de un peso pesado
Multinacional de la maquinaria agrícola avanza con sus planes de descarbonización en varios ejes donde la tecnología es clave
Por: Eugenia Langone mail
El cruce entre tecnología en la maquinaria, la búsqueda de energías alternativas y la gestión digital de la información, consolida un escenario donde la productividad y el cuidado del medio ambiente, avanzan en el mismo sentido y son las metas de mediano plazo que se trazó la multinacional John Deere para consolidar una matriz de producción más sostenible.
“Nuestras innovaciones están conectadas con la posibilidad de que el cliente pueda ser cada vez más eficiente y cada día utilice menos recursos para producir más”, afirmó Rodrigo Weisburd, gerente de Asuntos Corporativos y Comunicaciones de Industrias John Deere, durante la Segunda Semana del Clima Rosario, un espacio donde además dio detalles de las pruebas de un tractor abastecido a etanol que la compañía tiene en marcha en Brasil.
Con una apuesta transversal en materia de sostenibilidad y en el marco de las transformaciones tecnológicas que buscan disminuir la huella ambiental en la producción agropecuaria, la firma de 132 años - que desde hace 68 mantiene su actividad ininterrumpida en su planta en Granadero Baigorria (Santa Fe) - está abocada en materia de fierros a finalizar con las evaluaciones operativas de un tractor impulsado casi en su totalidad por etanol.
Se trata de una unidad de alta potencia impulsado por etanol E98, lo que representa una transformación de peso para la propulsión de equipos agrícolas de gran porte, cuyo prototipo entrega aproximadamente 350 caballos de fuerza (HP) y luego de pasar por evaluaciones en establecimientos de Medio Oeste norteamericano, incluida la región de Iowa, ahora transita esa etapa en Brasil, el principal mercado sudamericano.
Es un desarrollo que busca ofrecer a los productores una alternativa de movilidad limpia que aproveche la biomasa local sin perder la potencia que exige el trabajo de campo.
La elección de Brasil tiene varias razones: la existencia de infraestructura logística y normativa que alcanzaron luego de décadas de fomento al uso de alcohol en el transporte y la maquinaria, lo que ahora permite pensar en una producción circular.
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“Imagínense un productor de caña de azúcar que ve cómo produce su combustible y eso le permite además ser sostenible mi operación’”, explicó Weisburd, sobre un enfoque que aplica a la caña, pero también a otros cultivos como el maíz o la soja, y permite que el propio esquema agrícola genere el insumo energético necesario para sostener su trabajo.
Sin embargo, aclaró que no sólo se trata de transición energética, sino que la firma promueve la convivencia de una multiplicidad de soluciones que combinan biodiesel, etanol, esquemas híbridos y electrificación total. Y señaló que cada nueva tecnología debe estar testeada antes de desembarcar en el mercado para “asegurar que se probó y que va a dar resultado para la operación”, dijo.
Agricultura digital
Más allá de los fierros y los combustibles más amigables con el ambiente, la sostenibilidad agrícola tiene en estos días un pilar fundamental en la llamada agricultura digital, que permite cada vez más traducir la producción del campo en datos precisos para optimizar la toma de decisiones.
A eso se suma el equipamiento, el cual con la incorporación de inteligencia artificial y visión computacional, marca un cambio de paradigma en la eficiencia operativa. “Las pulverizadoras hoy están dotadas de cámaras inteligentes que analizan el cultivo mientras avanzan, identifican si hay una semilla, si es un cultivo o una maleza; si es maleza, pulveriza, si es cultivo, protege”, explicó Weisburd sobre un proceso de pulverización selectiva de alto impacto ambiental.
“No sólo evita el uso indiscriminado de productos sobre el suelo sino que además se alcanzan reducciones de entre el 60% y el 90% en el consumo de insumos químicos y combustible”, detalló sobre un avance que permite optimizar costos económicos con una marcada reducción de la huella ecológica.
Procesos industriales internos en sus plantas de fabricación, el mantenimiento de de metas estratégicas ligadas a la certificación ISO 14001, la reducción de emisiones contaminantes, el uso eficiente del agua, el reciclaje de residuos y la integración de energías renovables en la producción completan un escenario sobre el que Weisburd definió como “la transversalidad” de los objetivos de mayor sustentabilidad.


