Industria
09.07.2026

Nada se tira

Desperdicio de alimentos: un costo ambiental que también golpea al negocio

La compañía global Avery Dennison midió cuánto pierden las empresas por esta razón y cómo la tecnología puede equilibrar esta ecuación

Por: Gabriela Arias mail

Cada año Argentina desperdicia más de 16 millones de toneladas de alimentos. Detrás de esa cifra no sólo hay un problema ambiental o social: también existe una pérdida silenciosa de rentabilidad para toda la cadena agroalimentaria. Desde la producción hasta el consumidor final, uno de cada ocho alimentos fabricados nunca llega a generar ingresos, mientras consume recursos, energía, agua y logística.

Ese fue uno de los ejes del informe "Haciendo visible lo invisible", presentado durante el encuentro El Futuro Sostenible por Natalia Carro, Strategic Marketing Manager Latin America, y Agustín Stamparin, Regional Innovation Manager Latin America, ambos de la compañía Avery Dennison (corporación multinacional global especializada en el diseño y la fabricación de envases y embalajes). Allí plantearon que el desperdicio de alimentos dejó de ser únicamente un desafío ambiental para convertirse también en un problema de eficiencia y competitividad empresarial.

"Más del 60% de las empresas a nivel mundial no sabe realmente qué está pasando con este desperdicio. Lo toman como un costo operativo", explicó Carro al presentar los principales resultados del estudio, que busca visibilizar aquellas pérdidas que muchas organizaciones aún consideran inevitables.

Un costo que muchas empresas todavía no ven

Según el informe, más del 12,5% de los alimentos producidos en Argentina se pierde o desperdicia, lo que equivale a unas 16 millones de toneladas anuales. En términos económicos, significa que uno de cada ocho productos elaborados genera costos, pero ningún ingreso.

Las consecuencias trascienden el balance de las empresas. El desperdicio de alimentos representa entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, consume enormes volúmenes de agua y convive con una realidad social donde todavía persisten elevados niveles de inseguridad alimentaria.

Pero uno de los principales desafíos es que gran parte de esas pérdidas permanecen invisibles para las organizaciones, que suelen incorporarlas como un costo más de la operación sin identificar dónde se originan ni cómo reducirlas.

Las pérdidas ocurren mucho antes del supermercado

Aunque suele asociarse el desperdicio con alimentos vencidos en góndola o en los hogares, el informe muestra que el problema comienza mucho antes. Alrededor del 40% de las pérdidas se produce en la etapa agrícola, debido a limitaciones de infraestructura, problemas logísticos, condiciones climáticas o exigencias comerciales. Otro 30% ocurre durante el almacenamiento y el transporte, especialmente por fallas en la cadena de frío o por la falta de trazabilidad. El resto corresponde al retail y al consumo doméstico, donde influyen las compras excesivas y la incorrecta interpretación de las fechas de vencimiento.

Natalia Carro y Agustín Stamparin, de la compañía Avery Dennison, presentaron el informe durante el encuentro El Futuro Sostenible.

Las categorías más críticas son frutas y hortalizas, raíces y tubérculos, lácteos y carnes, precisamente los productos con menor vida útil y mayor sensibilidad a las condiciones de conservación.

La trazabilidad como herramienta de sustentabilidad

Frente a este escenario, se propuso un cambio de enfoque: dejar de pensar el desperdicio únicamente como un problema ambiental y comenzar a gestionarlo mediante información en tiempo real. Tecnologías como Internet de las Cosas (IoT), inteligencia artificial, blockchain, gemelos digitales y etiquetas inteligentes permiten monitorear el recorrido completo de un alimento, desde la producción hasta el consumidor, identificar dónde ocurren las pérdidas y anticipar decisiones antes de que el producto se convierta en un descarte.

"La sustentabilidad es educación, pero también es información. Los datos nos permiten tomar buenas decisiones", afirmó Stamparin durante la presentación. Según explicó, disponer de información en tiempo real permite modificar la forma en que operan las empresas. "Teniendo esos datos y esa trazabilidad podemos decidir qué comprar, cuándo vender y qué hacer con la mercadería antes de que termine desperdiciándose", señaló al describir cómo las herramientas digitales ayudan a intervenir antes de que las pérdidas ocurran.

La inteligencia artificial puede optimizar inventarios y estimar la vida útil remanente de un producto, mientras que blockchain mejora la transparencia de toda la cadena y facilita el cumplimiento de estándares internacionales para exportación. El monitoreo permanente también permite detectar fallas logísticas y reducir rechazos en los mercados externos.

Cuando la innovación se traduce en resultados

Durante el encuentro los ejecutivos compartieron distintas experiencias internacionales que muestran cómo la innovación aplicada a la cadena alimentaria puede traducirse en beneficios concretos.
En Colombia, Nestlé desarrolló junto con Avery Dennison un envase resellable para galletitas que permite conservar la frescura del producto después de abierto. La solución busca reducir el desperdicio dentro del hogar sin incrementar el uso de materiales, combinando innovación en packaging con una mejor experiencia para el consumidor.

Otro caso fue el de la cadena estadounidense Chipotle, que implementó etiquetas RFID para rastrear ingredientes perecederos desde los centros de distribución hasta más de 200 restaurantes. Gracias a la trazabilidad logró reducir cerca del 70% del desperdicio inicial y posteriormente optimizar la distribución y la gestión de inventarios, acercándose a un modelo de abastecimiento prácticamente just in time.

La experiencia de Kroger, una de las principales cadenas de supermercados de Estados Unidos, mostró cómo la combinación de RFID e inteligencia artificial permitió identificar productos próximos a vencer, reorganizar su exhibición en góndola y ofrecer promociones dinámicas para evitar que terminaran como residuos.

De costo oculto a ventaja competitiva

Más allá de reducir el desperdicio, el informe plantea que la digitalización de la cadena alimentaria puede convertirse en un factor de competitividad para las empresas y para el país.
Una mayor trazabilidad fortalece la confianza de los mercados internacionales, reduce rechazos en las exportaciones, mejora el cumplimiento de estándares y permite tomar decisiones basadas en evidencia, en lugar de hacerlo cuando la pérdida ya ocurrió.

En un contexto donde las cadenas globales exigen cada vez mayor transparencia, el desafío ya no pasa únicamente por producir más alimentos, sino por lograr que una mayor proporción llegue efectivamente a destino. El informe deja una conclusión clara: buena parte del desperdicio no responde a la falta de tecnología, sino a la falta de información para actuar a tiempo. Convertir esos datos en decisiones puede marcar la diferencia entre asumir las pérdidas como inevitables o transformarlas en una oportunidad para producir de manera más eficiente, competitiva y sostenible.
 

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