Dulce e integrada
De la caña a la red eléctrica: cómo armaron un modelo de agroindustria sin residuos
La filial argentina de Seaboard Corporation produce azúcar, bioetanol y energía renovable. Conocé un negocio a gran escala que integra agroindustria y sustentabilidad
Por: Sandra Cicaré mail
En el norte de Salta, a más de mil kilómetros de Buenos Aires, funciona uno de los modelos agroindustriales más integrados del país en materia de sostenibilidad. La compañía Seaboard Energías Renovables y Alimentos - la división argentina del gigante estadounidense con presencia en más de 40 países y 25.000 empleados - procesa la caña de azúcar de modo tal que prácticamente nada se descarta: lo que no se convierte en azúcar o bioetanol se transforma en biofertilizante o energías renovables a partir de biomasa.
Productora de la tradicional marca de azúcar Chango, un ícono en las góndolas argentinas, y Tabacal para la industria, la compañía tiene un origen centenario. Comenzó en 1920 como Ingenio Tabacal en la localidad norteña de Orán y hoy es la única operación de caña de azúcar del grupo por fuera de Estados Unidos. “Todo lo que se produce en la planta tiene utilización”, resume en diálogo con Ecobiz Guillermo Anduni, gerente de Calidad y Sostenibilidad para detallar un proceso que muestra la transformación de una matriz productiva tradicional en un esquema basado en prácticas sostenibles.
El campo como primer laboratorio
El punto de partida es la agricultura regenerativa. Seaboard produce alrededor de 2 millones de toneladas de caña por año - 1.600.000 propias y el resto de terceros - y los subproductos del procesamiento regresan al campo como nutrientes. La cachaza, el residuo de la clarificación del jugo de caña, se combina con la vinaza deshidratada y las cenizas de caldera para producir diabono, un biofertilizante que vuelve al lote. Solo la cachaza representa el 4% del volumen de caña procesada (unas 80.000 toneladas anuales), y el conjunto totaliza cerca de 100.000 toneladas de biofertilizante por zafra.
"La cachaza tiene fósforo y la vinaza tiene potasio, que son los macronutrientes que necesita la caña para crecer. Evitamos la compra de fertilizante fosforado y potásico", explicó Anduni. La empresa registra además mejoras de productividad en los lotes donde aplica el diabono, lo que convierte la práctica en una ecuación favorable tanto desde el punto de vista ambiental como económico.
Una biofábrica pionera
El otro eje del manejo del campo es el control biológico de plagas. Desde 2007, la compañía opera la única biofábrica del país dedicada a producir Cotesia Flavipes, una avispa parasitoide que actúa como depredador natural del Diatraea saccharalis, el barrenador de la caña, la plaga que afecta seriamente a ese cultivo y como consecuencia a toda la cadena industrial sucroalcoholera. “Es un orgullo para nosotros tener la primera biofábrica del país”, dijo Anduni y explicó que funciona desde 2007 y se produce más de 900 millones de insectos por año y tiene capacidad para cubrir 15 mil de las casi 25 mil hectáreas productivas de la empresa.
Utilizan tecnología de precisión a través de drones para su aplicación a campo, lo que reduce el uso y desperdicios de agroquímicos y los efectos de la deriva. El equipo está compuesto por 45 personas, en su mayoría mujeres, en un proceso que requiere precisión manual en cada etapa.
Bioetanol: cupo, récord y huella certificada
En el segmento de biocombustibles, Seaboard Energía y Alimentos montó la primera planta de bioetanol del país: el proyecto comenzó en 2008 y la producción en 2009, momento a partir del cual adhirieron adhiriendo desde el inicio al Programa Nacional de Biocombustibles a través de su empresa Alconoa. Hoy opera con un cupo asignado de 106.500 m3 anuales - el mayor de la industria cañera junto a otro ingenio tucumano- y desde el arranque en 2009 hasta 2025 acumula una producción total de casi 1,3 millones de m3 de bioetanol.
Anduni señaló que con esta producción, la empresa logró reducir emisiones equivalentes a 2,5 millones de toneladas de CO2 equivalente respecto del combustible fósil. La base de ese cálculo es la certificación ISCC (International Sustainability and Carbon Certification), un esquema de sostenibilidad europeo que obtuvo en 2019 y que mide la huella de carbono del bioetanol a lo largo de toda la cadena. La certificación también habilita la exportación a Europa: la empresa concretó dos embarques - en 2019 y 2020, con 14.000 m3 en total - aunque por condiciones de mercado actualmente prioriza el mercado interno, detalló Anduni.
“Tenemos un gran compromiso con cumplir con el cupo y además económicamente es más conveniente por el tema de los precios abastecer el mercado nacional”, indicó Anduni.
Como el resto de las empresas del sector, Seaboard mira con atención la posible suba del corte al 15%. Ya tiene en carpeta un proyecto de ampliación de la fermentación. “Hoy ese es nuestro cuello de botella, porque podemos producir 680 mil m3 por fermentación, pero por destilación tenemos equipos para llegar a 1 millón”, explicó el ejecutivo.
"Tenemos el proyecto estudiado para empezar a ejecutarlo, pero necesitamos poder vender ese volumen”, agregó para explicar la necesidad de un cambio en la política de corte.
Cogeneración: energía para toda la región
Este proceso se completa además con la cogeneración de energía, en la cual la empresa invirtió u$s 50 millones. Con la fibra de la caña - el bagazo que queda tras la extracción del jugo - alimentan las calderas que generan vapor y electricidad para todo el proceso industrial. Genera 48 MWh, de los cuales consume 16 MWh y el excedente lo inyecta a la Sistema Interconectado Nacional, casi la totalidad del consumo del departamento de Orán.
Desde 2011 hasta 2024, la empresa exportó 1,14 millones de megavatios-hora a la red, lo que equivale a 327 mil toneladas de CO2 equivalente en emisiones evitadas. Paralelamente, utilizó 162.000 toneladas de biomasa alternativa al bagazo, principalmente chip de madera de sus 2.400 hectáreas de plantaciones de eucaliptos, para reducir el consumo de gas natural, lo que permitió ahorrar 58 millones de m3 del recurso.
La meta actual es lograr la autosuficiencia energética total. Una inversión de u$s 15 millones ejecutada en tres etapas para electrificar y repotenciar el trapiche - que finalizó este año - mejoró la eficiencia como para operar sin gas desde el arranque de la zafra. "En estos días nos estamos demostrando a nosotros mismos que podemos marchar sin consumo de gas, solamente con el bagazo", afirmó Anduni.
Bosques nativos y bonos de carbono
En el horizonte de mediano plazo, Seaboard trabaja en un proyecto de conservación de bosques nativos sobre sus 60.000 hectáreas de yungas. El esquema, que se desarrolla con una consultora especializada, apunta a prevenir la degradación, la deforestación, la tala ilegal y los incendios bajo un compromiso mínimo de 20 años. El instrumento de capitalización serán los bonos de carbono, que podrían utilizarse para compensar las propias emisiones.
Ese proyecto se inserta en una iniciativa corporativa más amplia: desde 2021, Seaboard mide su inventario de carbono a nivel global siguiendo el protocolo GHG (Greenhouse Gas Protocol), con alcances 1, 2 y 3. La empresa trabaja para certificar esas mediciones con un tercero antes de publicar resultados. "El grupo es muy cuidadoso con eso: no pone ningún valor de emisiones hasta que no esté validado por un ente independiente", precisó Anduni.
Cadena de proveedores y vínculo con el territorio
El 80% de la caña es propia; el 20% restante proviene de productores locales, tres de los cuales concentran la mayor parte del abastecimiento externo. Los contratos con esos proveedores incluyen cláusulas explícitas sobre la prohibición del trabajo infantil y el uso de agroquímicos habilitados, y en muchos casos la empresa les presta servicios de cosecha y asistencia técnica. "Son socios nuestros. Los ayudamos técnicamente para que también crezcan", señaló Anduni.
En el plano social, la Fundación Tabacal sostiene el Centro Conin - presente desde 2013 para la atención de la desnutrición infantil, con pediatras, nutricionistas y psicólogos - y el programa Trapicheritos/Trapicheritas, escuela de fútbol para niños y niñas de la zona que combina actividad deportiva con merienda nutritiva. Además, la empresa avanza en convenios con instituciones universitarias locales para crear una tecnicatura orientada a formar recursos humanos para sus propias operaciones, en una zona donde la distancia a los grandes centros urbanos dificulta la contratación de personal calificado externo.


