Actualidad
07.07.2026

Fútbol y ambiente

El otro marcador: cuántas emisiones de carbono genera el Mundial

La Copa del mundo 2026 pone en entredicho las promesas climáticas de la Fifa y crea un debate sobre el papel de los megaeventos deportivos en la agenda medioambiental

La Copa Mundial de Fútbol 2026 - el gran encuentro que concentra la agenda deportiva global - tendrá un equipo ganador pero además de los eliminados, uno de los grandes perdedores es el Planeta. El masivo evento generará emisiones cercanas a las 9 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), lo que pone en entredicho las promesas climáticas de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (Fifa) y genera un debate urgente sobre el papel de los megaeventos deportivos en la agenda medioambiental mundial.

Así se desprende de un informe elaborado por el Consejo Empresarial Brasileño para el Desarrollo Sostenible (Cebds), asociación que promueve el desarrollo sostenible en Brasil, el cual indicó que 5 mil millones de personas ven la Copa del Mundo. Todo ese movimiento “tiene un costo que rara vez se aprecia en las transmisiones en vivo: una huella de carbono que puede rivalizar con las emisiones anuales de países enteros”, indicó.

En la edición de 2026, organizada por Estados Unidos, México y Canadá, compiten 48 equipos en 16 ciudades de los tres países, lo que generará entre 7,8 y 9 millones de toneladas de CO2 equivalente. En comparación, los Juegos Olímpicos de París 2024 emitieron aproximadamente 1,75 millones de toneladas, con lo cual la Copa Mundial de 2026 podría tener un impacto hasta cuatro veces mayor.

El informe de Cebds señaló que el principal responsable es el transporte aéreo. Aproximadamente el 87 % de las emisiones proyectadas provienen de los vuelos, lo que representa alrededor de 7,7 millones de toneladas de CO2. La lógica es simple: cuando los partidos se disputan en ciudades separadas por miles de kilómetros, los aficionados, las delegaciones, los periodistas y los equipos técnicos deben cruzar el continente repetidamente durante los casi dos meses que dura el torneo. La ampliación de 32 a 48 equipos, decisión tomada por la Fifa en 2016, implica más partidos, más viajes e, inevitablemente, un aumento significativo de las emisiones.

El peso de las promesas

La Fifa no ignora el problema. La Estrategia de Sostenibilidad y Derechos Humanos para la Copa Mundial de 2026, publicada por la organización, previó el uso prioritario de los estadios existentes, incentivos para alojamientos con prácticas sostenibles, la promoción del transporte público en las ciudades sede y una campaña de gestión de residuos denominada "Gol por el Ambiente". Estas son iniciativas reales, pero no abordan la principal fuente de emisiones: el transporte aéreo.

Existe un patrón recurrente. En Qatar 2022, la Fifa se comprometió públicamente a organizar la primera Copa Mundial de la historia con emisiones neutras de carbono. La promesa tuvo gran repercusión y la reacción fue positiva. Sin embargo, en 2023, el regulador publicitario suizo concluyó que las afirmaciones del torneo sobre la neutralidad de carbono carecían de fundamento, en una decisión considerada histórica por ser la primera sentencia formal por eco-blanqueo contra una organización deportiva global. Lo que se presentó como una compensación genuina de emisiones era, en la práctica, una contabilidad que no cuadraba.

Para 2026, la Fifa adoptó una postura diferente al no establecer un objetivo explícito de neutralidad de carbono. Esto evita el riesgo de otra acusación de eco-blanqueo, pero también hace que los compromisos climáticos de la organización sean menos tangibles y más difíciles de hacer cumplir.

El problema central no radica en la falta de voluntad declarada, sino en la lógica comercial del torneo, que es incompatible con cualquier trayectoria seria de reducción de emisiones. Más equipos significan más partidos, más patrocinadores, más ingresos. Pero también, más emisiones de carbono.

Organizaciones como Científicos por la Responsabilidad Global señalan que el modelo actual del torneo es, por definición, insostenible desde una perspectiva climática. La Copa Mundial de 2026 generará casi el doble del promedio de las últimas cuatro ediciones. Sin cambios estructurales en el formato del evento, las iniciativas de sostenibilidad operan al margen de un sistema que seguirá aumentando sus emisiones.

Esto no significa que estas acciones sean irrelevantes. Estadios energéticamente eficientes, una cadena de suministro responsable, una gestión adecuada de residuos y una movilidad urbana integrada son áreas que fortalecen la capacidad local y dejan un legado tangible para las ciudades anfitrionas. Sin embargo, considerarlas como la solución al problema climático del evento es una idea errónea que el mercado, los inversores y la sociedad civil ya no aceptan fácilmente.

Los megaeventos

“La Copa Mundial 2026 refleja de forma contundente los desafíos a los que se enfrenta cualquier organización al intentar conciliar el crecimiento y la sostenibilidad”, indicó el reporte de Cebds y agregó que “la tensión entre la expansión y la responsabilidad climática que experimenta la Fifa a escala global es la misma a la que se enfrentan muchas empresas en sus propios procesos de planificación estratégica”.

Lo que distingue un enfoque genuino de uno superficial es la voluntad de cuestionar los fundamentos mismos del crecimiento. En el deporte, al igual que en el sector empresarial, los objetivos climáticos solo ganan credibilidad cuando influyen en decisiones empresariales concretas.
 

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