Turismo sostenible
Ansenuza, el humedal que convirtió la biodiversidad en desarrollo económico
Conocé un modelo basado en la conservación ambiental que transformó la economía de un territorio y se hizo famoso a nivel mundial
Por: Paola Papaleo mail
Durante años, la laguna Mar Chiquita y los Bañados del Río Dulce, ubicados al noreste de Córdoba, fueron reconocidos como un paraíso de biodiversidad, destacados por resguardar uno de los humedales más importantes del planeta y ser el lago salado endorreico más grande de Sudamérica. Pero fue a partir de su creación como Parque Nacional y Reserva Nacional Ansenuza en 2022, cuando este territorio comenzó a escribir una nueva historia: la de un modelo donde la conservación ambiental se convierte también en una estrategia de desarrollo económico local.
Con una superficie protegida de 661.416 hectáreas, el Parque Nacional y la Reserva Nacional Ansenuza es el hábitat del 66% de las aves migratorias registradas en Argentina y de más de 380 especies de aves. Se pueden encontrar tres de las seis especies de flamencos que existen en el mundo (austral, andino o parina grande, y parina chica), además de mamíferos como nutria, zorros, hurones, comadrejas y pumas.
Con la sanción de la ley el desafío fue transformar esa riqueza natural en oportunidades para quienes viven en la región. Ese es el objetivo del Proyecto Ansenuza, impulsado por Aves Argentinas junto a distintos actores públicos y privados. La iniciativa combina conservación, investigación científica, infraestructura, ganadería regenerativa y fortalecimiento de las comunidades locales para consolidar un modelo de turismo sostenible.
El coordinador general del Programa Tierras Córdoba de Aves Argentinas, Martín Cascone, cuenta que actualmente se encuentran en “una etapa de implementación del Parque, con desarrollo de infraestructura y adquisición de inmuebles estratégicos para la conservación”.
Ganadería regenerativa
Uno de los ejes centrales del proyecto es demostrar que la producción y la conservación no son actividades opuestas. En campos experimentales ubicados dentro del área protegida se trabaja junto a productores para implementar prácticas de ganadería regenerativa que mejoren la productividad sin comprometer los ecosistemas.
La experiencia ya ofrece resultados alentadores. Entre ellos, el reemplazo progresivo del uso del fuego para renovar pasturas por manejos que favorecen la regeneración natural de los pastizales. Según Cascone, las pasturas nativas conservadas presentan mejores condiciones forrajeras durante los períodos críticos, generando beneficios tanto ambientales como productivos.
El proyecto también desarrolla programas de monitoreo del aguará guazú, declarado Monumento Natural Provincial, que por primera vez sumará el seguimiento a través de un collar satelital de una hembra joven durante 24 horas del día. Además, trabajan en la observación de aves migratorias y restauración de ambientes nativos, generando información clave para la gestión del territorio.
El turismo como nueva economía regional
Quizás el cambio más visible con la creación del Parque Nacional y la Reserva Nacional Ansenuza se refleja en las comunidades que rodean la laguna. "Durante muchos años la actividad económica estuvo de espaldas a la laguna. Hoy las localidades comenzaron a verla como una gran oportunidad de desarrollo", resume Cascone.
La consolidación del Parque Nacional impulsó la aparición de nuevos prestadores turísticos, inversiones en infraestructura y propuestas que invitan a extender la estadía de los visitantes. Ya no se trata únicamente de recorrer Miramar de Ansenuza, su principal centro turístico, sino que el objetivo es integrar toda la región mediante un circuito que combine naturaleza, gastronomía, cultura y producción local.
El turismo de naturaleza aparece como el principal motor de esta transformación. Senderismo, observación de aves, cabalgatas, travesías en kayak, turismo rural y experiencias gastronómicas permiten diversificar la economía y generar nuevas fuentes de ingreso para emprendedores, guías, alojamientos y prestadores de servicios.
A ello se suma un trabajo de capacitación para que las comunidades puedan ofrecer experiencias vinculadas con su identidad, sus saberes, la cocina regional y las artesanías, fortaleciendo el arraigo y generando valor agregado en el territorio.
Un patrimonio que genera oportunidades
Desde 2019, el Proyecto Ansenuza ya permitió consolidar más de 600 mil hectáreas bajo protección efectiva, desarrollar infraestructura, capacitar a decenas de personas en distintos oficios, monitorear especies emblemáticas y acompañar establecimientos productivos en la transición hacia prácticas más sostenibles.
Para Cascone, el mayor logro excede la dimensión ambiental. "El territorio pasa a ser patrimonio de toda la comunidad. Lo importante es que las comunidades empiecen a pensar su futuro mirando al Parque, entendiendo que la conservación también puede generar nuevas oportunidades económicas", sostiene.
Ansenuza representa así un caso concreto de cómo un área protegida puede convertirse en una plataforma para diversificar las economías regionales. Allí, la biodiversidad deja de ser solamente un patrimonio natural para transformarse en un activo capaz de atraer inversiones, generar empleo, fortalecer el turismo y promover modelos productivos más resilientes frente al cambio climático.


