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29.04.2026

Detrás de la pantalla

La huella del clic: cómo impacta la tecnología en el ambiente

La reflexión de Cecilia Boretto, directora de Ceibo Estudio, especializado en acompañar a organizaciones para hacer más eficiente el uso de servicios digitales

Por: Eugenia Langone mail

Enviar un correo electrónico con un archivo adjunto de 1 MB puede generar hasta 35 gramos de CO2 y una publicación en una red social puede generar 0,02 gramos de CO2. Los datos son apenas algunas señales del costo ambiental de la tecnología.

A nivel global, se calcula que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) representan entre el 2% y el 4% de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero (GEI), una cifra que podría duplicarse para 2040 si no se toman medidas correctivas.

Las advertencias sobre el impacto de la huella de carbono digital están por cumplir una década. Ya en 2017, el informe “Clicking Clean” de Greenpeace alertaba que si Internet fuera considerado un país, sería el sexto más contaminante del mundo. "Cada scroll consume energía, genera datos, produce dióxido de carbono (CO2). No mucho. Pero eso multiplicado por millones de personas, el número deja de ser invisible”, afirma Cecilia Boretto, especialista en Innovación Tecnológica y Sostenibilidad, y directora ejecutiva de Ceibo Estudio. 

La experta busca abrir la conversación en Argentina sobre la huella de carbono digital, que no es más que el impacto en el ambiente del mantenimiento de las infraestructuras digitales que permiten las interacciones tecnológicas que a diario se producen de a miles de millones en el mundo. 

“Siempre pensamos la huella de carbono vinculada al transporte, a la construcción y lo tangible, pero cuando empezás a mirar el desarrollo del software, todo lo que vive en internet y parece invisible, no es tal. Hay data centers, routers, redes de wifi, dispositivos que consumen grandes cantidades de agua y de energía que produce emisiones”, explica Boretto sobre un concepto que incluye las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por el uso de dispositivos electrónicos, redes de comunicación, servicios en la nube y centros de datos. 

Menos emisiones, menos costos

En la búsqueda de poner en agenda la discusión en la Argentina, la consultora Ceibo no solo busca trabajar con quienes toman decisiones en el privado, sino también tender puentes donde se definen las políticas públicas. Para eso, en 2025, dieron el primer paso en Córdoba, donde conjuntamente con el Ministerio de Infraestructura y Eficiencia de la provincia sentaron a la mesa a las compañías del sector y a referentes académicos. 

El equipo de Ceibo durante capacitaciones sobre sostenibilidad digital.

“Es un inicio”, dice la especialista y señala que el encuentro sirvió para exponer "los lineamientos técnicos y lo que hay alrededor de lo que sucede en el espacio digital y se trazó una hoja de ruta de acciones concretas para avanzar tanto desde sector privado como desde el público a través de políticas concretas”. 

Sobre el último punto, señaló que un comienzo sería “establecer incentivos concretos para las empresas que reporten emisiones digitales y planes de mitigación”.  

A contramano del incremento de los costos para las compañías, Boretto destaca que la transformación reporta no sólo beneficios ambientales, sino también económicos. “El mapeo de las ineficiencias del espacio digital te permiten detectar dónde están las mayores emisiones para reducirlas, entonces tomas mejores decisiones técnicas, trabajas sobre la basura digital y las funcionalidades obsoletas. Todo eso, no sólo hace más eficientes los procesos, sino que además reduce costos”, detalla.

Una tendencia

Si bien no existe aún regulación en Argentina, la directora de Ceibo apunta a que “cada vez más aparecen tomadores de decisiones dispuestos a cambiar el paradigma productivo actual y a ver en la sustentabilidad digital una nueva forma de hacer las cosas”.

Para eso, la información es clave. “Hay todavía mucho analfabetismo. Vengo de transitar y formarme en el mundo académico tecnológico enfocado en la eficiencia económica sin poner luz sobre esta nueva variable”, agrega. 

Las cifras muestran que las tecnologías digitales consumen entre el 8 y el 10% de la energía global. Sobre ese escenario, la Unión Europea (UE) ya puso en marcha un Data Centre Energy Efficiency Package. Se trata de una bolsa de medidas que tiene como objetivo la neutralidad climática de los centros de datos para el 2030, para lo que establece estándares mínimos y un esquema de calificación para reducir el consumo de energía de estas infraestructuras.

Un paso más allá de esa decisión tomada a nivel regional en Europa, el Reino Unido ajustó sus normas de sustentabilidad en 2025 y las puso en vigencia en 2026, incluyendo en esas modificaciones la huella de carbono digital. 

“Eso significa que las grandes empresas reportan informes de huella de carbono deberán incluir tanto la medición de huella de carbono digital como sus planes de mitigación”, puntualiza la experta y agrega que “la tendencia de la normativa de la UE y de Reino Unido tenderá a globalizarse, por lo cual  tendrá su impacto en las firmas compañías Latinoamericanas que quieran operar para esos países”.

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