Actualidad
23.04.2026

Informe

La receta para lograr que América latina suba al podio de los biocombustibles

El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), dio pautas para potenciar la producción bioenergética en la región

América latina, gran productora de granos y alimentos, no necesita expandir su frontera agrícola para liderar la descarbonización global. Sólo a través del cierre de brechas de rendimiento, la región tiene potencial de aumentar en 372% la oferta de bioetanol y 195% de biodiesel, así como liderar la provisión de biomasa para producir combustible sostenible para aviación (SAF).

Los datos se desprenden del informe “Cerrando las brechas de rendimiento agrícola: una alternativa clave y sostenible en la oferta de biocombustibles líquidos. La agricultura como recurso ambiental", elaborado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), elaborado por Agustín Torroba y Anabel Chiara.

La transición energética global requiere un incremento sustancial de la producción de biocombustibles líquidos, esenciales para descarbonizar el transporte terrestre, así como sectores de difícil descarbonización, como los de la aviación y el transporte marítimo. 

El informe señala que “si bien diversas estrategias han puesto el foco en el desarrollo de materias primas alternativas, la evidencia empírica y técnica demuestra que el camino más realista, eficiente y sostenible para producir los biocombustibles que el mundo necesita es el cierre de las brechas de rendimiento de los cultivos agrícolas convencionales”.

De ese modo, hace foco en la necesidad de potenciar la productividad del maíz, la caña de azúcar, el trigo, la soja, la palma y la colza a través “de mejoras agronómicas, tecnológicas y de políticas públicas”, que “permitirían multiplicar significativamente” la disponibilidad de materias primas, sin necesidad de ampliar la frontera agropecuaria. 

Esto no solo contribuiría a cumplir la meta de cero emisiones netas para 2050, sino también se alinearía con la conservación ambiental y la seguridad alimentaria.

“Con un consumo actual de biocombustibles de aproximadamente 4.6 EJ (exajoules, una unidad de energía), cerrar las brechas productivas de los principales cultivos agrícolas utilizados, permitiría incrementar la producción a 22 EJ, lo que supondría suplir de manera amplia las necesidades de biocombustibles previstas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en el trabajo “Escenario de Cero Emisiones del sector energético para 2050”, y el 93 % de las planteadas por la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena, por sus siglas en inglés) llamado Escenario de 1.5°C”, detalla el trabajo de IICA.

La mayor oferta de biocombustibles permitiría acelerar la descarbonización del sector del transporte.

También destacó que cerrar las brechas no implica la ampliación del área cultivada para la obtención de biocombustibles, sino una “mayor eficiencia en la producción”. 

El estudio hace un análisis de los datos globales y concluye que cerrar las brechas de rendimiento de esos 6 cultivos “permitiría aumentar en 372% la producción actual de bioetanol y en 195 % la de biodiesel”.

En términos de combustibles de aviación sostenibles (SAC), “se lograría cubrir e incluso superar la demanda prevista en los principales escenarios internacionales, por medio del uso de rutas tecnológicas maduras como los ésteres y ácidos grasos hidrotratados (HEFA) y otras emergentes como el alcohol a combustible de aviación (ATJ)”.

Los biocombustibles avanzados

El informe de IICA pone foco en los biocombustibles convencionales (en base a cultivos) y no en los avanzados (producidos en base a materias primas alimentarias). “Pese a su potencial teórico, las materias primas denominadas como avanzadas, entre ellas los aceites usados, los residuos lignocelulósicos y las algas, enfrentan actualmente serias limitaciones técnicas, económicas y logísticas en cuanto a su ampliación en el ámbito industrial”, señaló. 

En contraste, explicó que las materias primas agrícolas ya consolidadas ofrecen tres ventajas estratégicas en términos de disponibilidad, costos competitivos y tecnología probada.

“Además de energía renovable, de la producción de biocombustibles se obtienen subproductos valiosos como harinas proteicas, biogás, bioelectricidad y CO de origen biogénico, lo que fortalece la economía circular y la seguridad alimentaria”, detalló el informe. 

Y aclaró además que “esta dimensión multiproducto (harinas proteicas, granos destilados) refuerza el argumento a favor de integrar el uso de los biocombustibles para fortalecer la seguridad alimentaria y en las políticas de desarrollo agroindustrial”.

Por esa razón recomienda que en las políticas públicas y los marcos regulatorios internacionales “se prioricen estrategias centradas en la productividad, la sostenibilidad y la armonización de normas”. 

El cierre de brechas agrícolas no solo resulta más factible y eficaz en términos de
costos, sino también constituye una vía concreta para alcanzar las metas climáticas sin comprometer el acceso a los alimentos ni generar presión sobre los ecosistemas.

Se puede acceder al informe completo en el siguiente link.
 

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