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Cumplir ya no alcanza: el nuevo puente entre compliance y sostenibilidad
De qué se trata el Compliance con Enfoque Sostenible (CES), una nueva forma inteligente de liderar organizaciones
Por: Carlos Rozen (*)
Hubo un tiempo en que las organizaciones se sentían tranquilas con una frase muy particular: “Estamos en regla”. Tenían políticas, procedimientos, controles, carpetas prolijas y, en el mejor de los casos, también tenían menos multas.
Pero el mundo cambió en este aspecto. Hoy una organización puede cumplir con la ley y aun así perder algunas cosas mucho más valiosas que dinero: confianza, legitimidad y futuro. El cambio de época obliga a revisar una vieja pregunta que ya quedó chica: ¿cumplimos? La nueva, algo más incómoda, más estratégica, y, además, más honesta, es: ¿qué impacto generamos?
Ahí aparece una disciplina que desde hace muy poco tiempo empezó a ganar sentido, cada vez con más fuerza: el Compliance con Enfoque Sostenible (CES). No como moda, maquillaje discursivo o una etiqueta más para decorar reportes, sino como una forma más inteligente de liderar organizaciones en tiempos de transición turbulenta.
Muchas áreas de compliance están acostumbradas a operar como una especie de sistema inmunológico legal consistente en evitar sanciones, detectar desvíos a las políticas o mitigar riesgos de fraude. Eso siendo necesario, pero ya no es suficiente. Algunos pueden creer que el negocio se juega solo en tribunales o con reguladores, pero hay otros campos de juego tales como la percepción pública, la cadena de valor, la relación con comunidades y la consistencia entre lo que una empresa dice y lo que realmente hace.
¿El compliance tradicional desaparece o se expande?
La típica frase del “por ahí no” cambia; es necesario buscar más la oportunidad de expresar algo más valioso “por dónde sí”, porque la necesidad actual de las organizaciones es crecer con integridad, competir con credibilidad y sostener su licencia social para operar.
Existe una frase que puede denominarse como la gran trampa corporativa. Suena impecable, elegante y casi perfecta: “cumplimos todo”. Una empresa puede cumplir con la normativa vigente y, a su vez, comunicar de forma engañosa sus impactos ambientales, no considerar riesgos sociales en su cadena de suministro o declarar propósitos grandilocuentes, aunque sin evidencia. Incluso, pueden inflar credenciales “verdes”, que no resisten una auditoría seria. Esto a la sociedad cada vez más instruida y a los reguladores estrictos no les causará gracia alguna.
Es la era del “greenwashing”, donde el problema no siempre es la mentira frontal, sino algo más sofisticado y complejo de desenmascarar: la verdad a medias, la omisión estratégica, la afirmación vaga, o el dato sin respaldo adecuado.
Por eso, este nuevo enfoque de compliance no solo se cuestiona si una afirmación en un envase o publicidad es legal; pregunta si es legítima, verificable y coherente. Porque legal y legítimo se le parecen, pero no son sinónimos. Este es, quizás, el punto más antipático para conversar, pero el más importante del debate.
"La sostenibilidad es la capacidad de una organización de prosperar en un entorno global, competitivo y cambiante"
Lo legal cumple la letra de la norma. Lo legítimo cumple algo más profundo: la expectativa razonable de justicia, ética y coherencia que espera un cliente, un consumidor, una comunidad.
Una organización puede moverse dentro del marco legal y, aun así, erosionar su legitimidad dentro de la sociedad. Cuando esto pasa, aparece un fenómeno que muchos directorios no advierten a tiempo: el costo de reputación, desconfianza y conflicto puede ser más caro que cualquier sanción formal.
Por eso, si el compliance del pasado se apoyaba en la legalidad, el del futuro debe construir en tierra firme una legitimidad sostenida, confianza y licencia social. Sin eso su porvenir será inviable. Ese es el verdadero puente que une el cumplimiento de normas y futuro sostenible.
¿Qué es sostenibilidad?
Unos días antes de escribir este artículo hice un simple ejercicio. Pregunté a diez personas no expertas en sostenibilidad ¿qué es sostenibilidad? Coincidentemente dentro sus respuestas había paneles solares, energía eólica y disminución de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, el presente artículo no habla de “paneles solares” o de ningún proyecto en particular. Sostenibilidad es la capacidad de una organización para prosperar en un entorno global, competitivo y cambiante, gestionando responsablemente sus impactos, dependencias y riesgos (y oportunidades) que afectan su creación de valor en el corto, mediano y largo plazo. En palabras más sencillas se trata de resolver cómo seguir haciendo negocios sin destruir las bases que posibilitan el negocio.
Eso incluye ambiente, pero también incluye personas, comunidades, gobernanza, transparencia, calidad institucional y rendición de cuentas. Los inversores y el público ya no quieren saber solo qué resultados tuvo una empresa, quieren entender qué está haciendo hoy para merecer seguir existiendo mañana.
El compliance nació, en buena medida, como respuesta al riesgo. Eso fue un avance enorme, pero el contexto actual, como se ha mencionado, exige pasar de una lógica exclusivamente defensiva a una lógica también constructiva.
Si antes el objetivo era evitar sanciones y delitos, hoy, además, hay que construir confianza, resiliencia e impacto. Con esto no se busca decir que las organizaciones deben abandonar leyes y regulaciones para abrazar discursos voluntaristas, se trata, en realidad, de algo más exigente: integrar ambos mundos. Combinar lo obligatorio (normas) con lo voluntario (propósito, sostenibilidad, compromisos ESG), sin caer en los extremos, en el cinismo legalista o en la poesía corporativa vacía.
La hoja de ruta para lograr esta transformación del compliance hacia el compliance con enfoque sostenible, exige, al menos, cinco movimientos:
- Ampliar el marco mental y técnico, Incorporando referencias como ODS, GRI, NIIF S, CSRD y otras guías que traducen sostenibilidad a lenguaje de gestión.
- Incluir riesgos ESG de verdad, no como elemento decorativo, sino como parte esencial del mapa real de riesgos: greenwashing, derechos humanos, ambiente, integridad en la cadena de valor.
- Armar equipos interáreas, considerando que compliance difícilmente pueda hacerlo solo. Necesita conversaciones y trabajo conjunto real con Legales, Finanzas, Operaciones, Sostenibilidad y Comunicación.
- Gestionar el cambio cultural, en el sentido de que una política sin cultura es tan solo un PDF con buenas intenciones.
- Reportar con integridad, es decir, comunicar con evidencia, no con maquillaje. Tal vez menos slogans, más trazabilidad, más auditoría.
Tal vez la transformación más profunda del compliance en esta década no es el impacto de la inteligencia artificial, sino convertirse en una función que orienta, traduce riesgos complejos y protege la legitimidad estratégica de la organización.
Porque en tiempos de transición, cumplir sigue siendo indispensable. Pero cumplir sin propósito, sin evidencia y sin coherencia es como tener un puente impecable que no llega a ninguna parte.
(*) Socio de Consultoría de BDO en Argentina



