Un círculo virtuoso
Dos empresas B se unieron y tejieron una alianza sostenible
Recuperan toneladas de rafia y evitan que bolsas de ese material terminen en vertederos. Conocé la experiencia
Por: Rodrigo Elias mail
En Argentina, donde gran parte del plástico aún termina enterrado y el precio del material virgen impone las reglas del mercado, dos empresas B se unieron en un proyecto de economía circular. Se trata de la empresa Amiplast (de Ensenada que recicla y transforma desechos de la industria petroquímica) y Crecer Alimentos Balanceados, que sellaron un acuerdo para recuperar tres toneladas de bolsas y bolsones de rafia laminada, un material complejo de reciclar que ahora volverá a la industria como materia prima.
El convenio se inscribe en una estrategia más amplia de la recicladora de Ensenada, que ya acumula más de 300 toneladas gestionadas a través de acuerdos de circularidad, aunque hoy trabaja al 30% de su capacidad instalada.
La alianza nació de una necesidad económica y ambiental. “Por falta de leyes y obligaciones nos resulta muy caro comprar materia prima”, explicó María Eugenia Roig, referente de Amiplast, en diálogo con Ecobiz.
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La empresa recicla polietileno y polipropileno, pero para poner en marcha una línea de producción necesita al menos ocho toneladas. “No podemos prender una máquina si no recibimos esa cantidad”, señaló.
En paralelo, Crecer buscaba una alternativa para que las bolsas de alimento balanceado no terminaran enterradas. La pyme, con base en Bahía Blanca, incentivó a sus clientes a devolver los envases y evitó trasladar el problema al consumidor final.
“Eso fue alucinante, porque vos en general vendés algo y después es problema del consumidor”, sostuvo Roig. Y agregó: “Nosotros recibimos materia prima clasificada y limpia, y del otro lado resuelven el problema de enterrar”.
Metodología de trabajo
El circuito implica consolidar volumen hasta completar un camión y trasladarlo a Ensenada. “Logísticamente es caro, pero ambientalmente es barato, y no enterrarlo es mucho mejor”, afirmó. Una vez en la planta de Amiplast, la rafia laminada se muele, se lava y se extruda para transformarse nuevamente en pellets que luego pueden convertirse en baldes o tanques de agua.
El pellet de rafia reciclada —generalmente polipropileno (PP)— es un termoplástico versátil que puede volver a fundirse y moldearse en múltiples aplicaciones industriales, contribuyendo a la economía circular. Se utiliza principalmente en artículos para el hogar y jardinería (macetas, baldes, cajas, muebles de exterior), en logística y construcción (pallets, cajones, caños, conos de tránsito), en aplicaciones industriales como geotextiles, cuerdas y zunchos, y también en autopartes como pasarruedas o carcasas de baterías.
Su valor radica en que reduce significativamente la huella de carbono frente al virgen y, aunque puede perder algo de elasticidad, suele mezclarse con un pequeño porcentaje de material nuevo para recuperar propiedades mecánicas.
La empresa cuenta con certificación Inti Ecoplas, que garantiza que sus productos son 100% reciclados y trazables.
Alianzas B
En dos años, la estrategia de alianzas pasó de 14 toneladas el primer año a 100 el siguiente, y actualmente ingresan unas 15 toneladas mensuales bajo acuerdos de circularidad.
Entre las empresas e instituciones con las que trabajan figuran Unitan, Correo Argentino, Molino Campodónico, Nestlé, Vacalin, Petrocuyo y diversas escuelas y universidades, además de Crecer.
Roig señaló que mantienen alianzas con compañías que por contrato no pueden ser mencionadas, y destacó que el esquema más consolidado de economía circular lo desarrollan con una petrolera: la firma les envía residuos plásticos post industriales —como descartes de inyectoras y films de envoltorio—, Amiplast los transforma en bobinas y se las devuelve para que una cooperativa u ONG confeccione bolsas de residuos, que luego la propia petrolera vuelve a adquirir, cerrando así un circuito integral de reaprovechamiento.
Visión a futuro
Roig insistió en la necesidad de un marco regulatorio. “Debería existir la ley de envases, la ley de responsabilidad extendida del productor”, reclamó, y comparó con Chile y Europa, donde existen obligaciones que generan demanda de material reciclado. “A falta de políticas de Estado, los privados salimos a reinventarnos”, planteó.
A mediano plazo, la meta es que todo el post consumo llegue mediante convenios de circularidad y aumentar el porcentaje de producción 100% reciclada. “Es difícil, pero hay esperanza, hay luz al final del camino”, concluyó.




