Trashforming
Cambió el negocio financiero por el reciclaje con diseño y armó una empresa
Usa descartes industriales para elaborar bolsos y accesorios. Orientó su negocio al segmento corporativo
Por: Eugenia Langone mail
No fue de un día para el otro que Anabella Rezanowicz reconvirtió casi una tonelada de descartes de materiales industriales en dos líneas de bolsos y accesorios que comercializa bajo la marca Rubbag.
Contadora egresada de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), pasó varias décadas trabajando en posiciones de dirección financiera que la llevaron por Francia, Inglaterra, Chile y Estados Unidos. Ese camino y el trabajo sobre el concepto de “trashforming” (transformación de basura) le permitió ver con claridad un escenario global donde “el consumidor cada vez más pide productos que sean responsables con el ambiente”, dijo y ese fue uno de los ejes del trabajo que comenzó en 2011 en Argentina.
Su primera experiencia en el país en la recuperación de materiales fue en el prensado de plásticos como tapitas y polietilenos de baja densidad. “Era un proyecto con transferencia a cooperativas donde me sumé aportando la pata comercial, buscando darle escala”, contó y señaló que continúa vinculada a ese desarrollo en proyectos especiales.
Esos inicios le valieron el Premio Puro Diseño y el Sello de Buen Diseño Argentino. Sin embargo, fue cuando descubrió el descarte de tapizados de la industria automotriz y la producción de cortinas roller, que Rubbag comenzó a gestarse como idea y negocio a mayor escala.
“No hablamos de materiales que hayan sido usados, sino de los recortes que quedan descartados de ese proceso de producción, que son súper voluminosos y que van directamente a enterrarse porque no se reciclan ni se reintroducen en la cadena de valor”, detalló.
Aunque es difícil mensurar la cantidad de materiales que se desprenden de todas las industrias que forman parte del rubro, Rezanowicz dió una idea: sólo en el trabajo realizado durante los primeros diez meses de 2025 con una empresa se lograron recuperar 996 kilos de materiales de cortinas.
La apuesta por el diseño
Si bien la empresaria reconoció que hay una multiplicidad de propuestas de triple impacto en Argentina vinculadas al diseño, remarcó que la apuesta fuerte de Rubbag está justamente en la estética. “Necesitamos hacer productos reciclados que sean deseables porque eso sostiene lo que está detrás”, afirmó a Ecobiz.
La marca, que comercializa bolsos y accesorios - desde materas a porta celulares - salió al mercado con dos líneas: Urban y Business, una propuesta específica para empresas destinada a regalos empresariales e institucionales.
En todos los casos, insistió, la mirada está puesta en “la calidad, el valor y el diseño cuidado”, y los productos se desarrollan a partir del concepto “trashforming”.
"El trashforming design es una técnica de recolección, transformación y resignificación que convierte residuos industriales en piezas de diseño atemporal, de calidad y pensadas para durar, mediante un trabajo artesanal que celebra la memoria del material y lo proyecta hacia un nuevo ciclo de vida”, explicó la empresaria con la convicción de que “no nos podemos dar el lujo de seguir contaminando”, enfatizó.
Como sucedió en su primera experiencia, ese proceso de producción lo lleva adelante con cooperativas de costura y con costureras independientes que en muchos casos trabajan desde sus casas, son jefas de hogar e incluso algunas están vinculadas a programas de asistencia por haber atravesado situaciones de violencia de género.
A esa red se suman, como parte del equipo, diseñadores y colaboradores que ayudan a desarrollar las dos líneas, muchos de ellos que vienen de la industria de la moda.
Necesidad de financiamiento
Convencida de que la sostenibilidad es parte de una tendencia corporativa a nivel mundial, impulsada en buena medida por la demanda, Rezanowicz destacó que “lo que se ve en Argentina es mucha creatividad y diversas propuestas comparado con otros países”.
El desafío mayor por estos días “es vender más para poder escalar la producción”, dijo y agregó: “La parte productiva y la articulación con los descartes es un circuito que funciona, pero hay que lograr vender”.
De hecho, señaló que la puesta en marcha de los proyectos, que requieren no sólo de la logística para el retiro de los descartes que son del gran volumen, sino además de espacios de guardado y acondicionamiento, son otro de los desafíos frente a la inversión inicial que se necesita.
“Esa inversión es previa al desarrollo del producto, de la confección y de la llegada al mercado”, señaló y planteó que hoy faltan líneas de financiamiento para llevar adelante ese proceso.
“La ayuda y financiamiento para ese inicio, no existe”, afirmó la empresaria y aseguró que en este escenario, el esquema de negocios pasa por el autofinanciamiento de los emprendedores, algo que a su juicio, debería modificarse para permitir escalar más proyectos.



