Actualidad
20.03.2025

Ambiente y sociedad

Los guardianes de la vida en el Delta del Paraná

Trabajan desde Argentina para articular ciencia e innovación al servicio de la conservación del ambiente y hacen escuela en Sudamérica

Por: Eugenia Langone mail

El equilibrio de los ecosistemas es uno de los puntales que permiten mitigar las consecuencias del cambio climático, que afectan a las sociedades y generan fuertes desequilibrios económicos en cada territorio. 

“La presencia de la llamada Garza Mora en el humedal es un indicador de salud del ecosistema”, describió Germán Hansen, director del Programa Delta del Paraná de la Fundación Temaikén, organización que en Argentina trabaja educando, investigando y conservando especies, con el apoyo de organizaciones, empresas y particulares preocupados por la biodiversidad.

A poco de la conmemoración del Día Mundial de la Fauna Silvestre - el 3 de marzo - y de haber liberado en el humedal uno de estos ejemplares y otros nueve animales en recuperación, Hansen explicó que el trabajo que realizan cada vez que restauran la fauna “no sólo es rescatar un animal y ponerlo en condiciones, sino devolver parte del equilibrio y las funciones ecológicas de cada uno de ellos al ecosistema”.

En Fundación Temaikén hay un centro de recuperación para especies.

En diálogo con Ecobiz, el especialista señaló que las particularidades de la garza -técnicamente llamada Ardea cocoi- hacen que sea uno de los mejores ejemplos de las funciones que estas aves cumplen en su hábitat. No sólo porque ayudan al control de los peces, sino porque “funcionan como una especie de censor del estado del ecosistema”. 

“Para los que trabajamos allí, su presencia nos da señales y si la población de garzas se mantiene, habla de la salud de ese sector”, insistió.

El ejemplar, que regresó al humedal en el último mes había sido rescatada con algo más de 700 gramos luego de haber caído de su nido y tras pasar por el Centro de Recuperación que la fundación tiene en provincia de Buenos Aires, volvió allí para hacer su parte en el ecosistema.

El programa Delta del Paraná de Fundación Temaiken trabaja por la recuperación de las especies en uno de los humedales más importantes del país, que alberga en su extensión a más del 40% de las especies de plantas y animales, y cumple además funciones clave para la población. 

“El Delta es el tesoro de los humedales y uno de los mayores aliados de la salud de casi la mitad de los habitantes del país, ya que entre otras funciones, filtra el agua que se consume diariamente”, explican desde la fundación. 

La recuperación como un proceso

Para el proceso de reinserción de cualquier animal silvestre, el programa trabaja con áreas naturales que cuenten con adecuadas condiciones ambientales, lo que permite regresar los ejemplares a espacios seguros. 

Ese trabajo incluye la promoción de la conservación voluntaria y la creación de reservas privadas a través de acuerdos con propietarios y empresas, así como la restauración de ambientes claves como son los bosques ribereños a través de la plantación de mini bosques que buscan devolver especies que ya no están presentes. 

En ese contexto, durante los primeros meses del 2025 se concretaron dos reinserciones: una en la ribera del Río Luján y la segunda en la zona de San Pedro. Allí, se liberaron una decena de ejemplares entre los que se encontraban, además de la garza mora, un zorzal chalchalero, un pato barcino, dos caranchos, dos gavilanes mixtos, una lechuza de campanario y un chimango. También carpinchos, un peludo y tres tortugas de laguna. 

Todos habían llegado en diferentes situaciones y condiciones de salud al centro de recuperación, algunos caídos de sus nidos y con lesiones, otros como fue el caso del chimango decaídos y con hipotermia, o como los carpinchos encontrados en Vicente López que eran apenas pequeñas crías con pocas posibilidades de sobrevida.

Las especies nativas permiten controlar a otras que, de lo contrario, afectan la salud y la vida de las poblaciones cercanas.

Ya listos para volver, lo que Hansen destaca fue el rol de cada uno en su espacio. “Lo que hacemos cuando restauramos la fauna es devolver el equilibrio y así, las funciones ecológicas de cada de las especies aporta al sistema. Y eso fue lo que ocurrió también en las últimas dos reinserciones”, dice el experto. 

Sobre su rol específico, Hensen se refiere a la primera liberación donde una lechuza y un carancho volvieron al humedal. “Son dos especies de rapaces que cumplen la función de controlar otras especies como los roedores -explica-. La lechuza es cazadora y el rancho carroñero, por lo que limpia el ambiente”. 

Un peludo (también llamado quirquincho), otro de los reinsertados, se ocupa de los huecos y las cuevas en el humedal, que no sólo oxigenan el suelo, sino que además son utilizadas para resguardo de otros animales, como pueden ser los zorros.

El chimango, otro rapaz, también recuperó su libertad. “Él ayuda a controlar otras aves, anfibios y también roedores de menor tamaño, por lo que controla la población de ranas, sapos y pichones”, detalla Hensen. 

Sin embargo, aunque avanza uno a uno, aclara: “No se puede pensar en cada especie por separado, ya que cada una de estas nativas fue evolucionando a lo largo del tiempo junto a otras, por lo cual es en esa relación que cumplen una función de equilibrio que es la que se recupera con la liberación”. Así, algunos son presas y otros predadores, en cualquiera de sus funciones, todos fundamentales para la salud del ambiente.

arrow_upward