Agroindustria
ACA mide su huella para que el cambio climático no la frene
La principal cooperativa originadora de granos de Argentina refuerza su estrategia de sostenibilidad para ganar competitividad
Por: Eugenia Langone mail
La Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), principal originadora de granos del país, con casi un 19% del mercado y 105 sitios distribuidos en 12 provincias, encaró la medición precisa y trazable de su huella de carbono, como punta de lanza de una estrategia de sostenibilidad frente al cambio climático, que le permite anticiparse a cualquier imprevisto y, al mismo tiempo estar a la altura de las exigencias de bancos internacionales a la hora de acceder a financiamiento. Se trata de una decisión que se suma a otras acciones de economía circular como el recupero de residuos plásticos y la producción de biocombustibles.
“Sin poder medir, no hay forma de generar algún tipo de acción”, dijo Magalí Torres, responsable de Sustentabilidad de la entidad, que agrupa a 133 cooperativas a lo largo y ancho de la Argentina. Para Torres, gestionar el cambio climático es un proceso “complejo” y que “supera las acciones aisladas”. Por eso, explicó, trabajan coordinadamente sobre tres ejes principales, el económico, el social y el ambiental, que se sustentan en principios de gobernanza, ética y transparencia comunicacional.
La medición de la huella de carbono, que la responsable consideró “indispensable” para fundamentar cualquier plan de acción organizacional, es el pilar de esa estrategia.
Desde ACA se plantearon comenzar por medir las emisiones de CO2 propias en cada uno de los sitios. “Uno de nuestros primeros desafíos era la trazabilidad de los datos, de dónde los sacamos, qué tan certeros son y cómo, a partir de ellos, armar nuestra línea base y después poder proponer metas”, explicó.
La tarea no fue fácil en una infraestructura federal compuesta por 105 sitios que incluyen centros de acopio y plantas diversas, cuatro puertos y sedes administrativas. A partir de este relevamiento se determinó tanto la huella de carbono particular de cada establecimiento como la huella organizacional consolidada, y así se fijó la línea base de emisiones.
Para asegurar que la línea base sea rigurosa, la organización enfrentó además el reto de la trazabilidad de los datos. Para trabajar en ese sentido, remarcó la innovación que significó la incorporación a través de la startup Cedalio de herramientas de inteligencia artificial para automatizar la lectura de facturas y traducirlas en datos exactos de consumo y costo económico.
A esto se sumaron alianzas con el sector académico nacional, como la Universidad Tecnológica Nacional y la Universidad Nacional de Tucumán, con las que trabajan en el diseño de calculadoras de emisiones específicas para cada uno de sus centros operativos.
Devolver la información clara a cada uno de los sitios fue la segunda clave de la estrategia. En ese punto, Torres subrayó la dimensión pedagógica necesaria para adaptar la infraestructura física en cada una de las provincias. “El desafío fue poder transmitir esto a cada uno de los sitios, explicar por qué es lo importante, hablamos de la resiliencia y empezamos a incorporar el concepto de adaptación y mitigación; es hacer escuela literalmente”, explicó, y advirtió sobre el impacto directo de la inacción ante emergencias climáticas: “Una inundación de una planta representaría directamente una parada de la planta”.
Actores externos
A las exigencias de los bancos internacionales se suman las demandas de los mercados externos que solicitan granos de producción sostenible para la exportación, la necesidad de mantener la licencia socioambiental y el compromiso ante las demandas de las nuevas generaciones.
En el plano de la mitigación, ACA lleva adelante iniciativas de economía circular e industrial, como la operación de su propia planta de recupero de residuos plásticos, que incluye el procesamiento de los bidones de fitosanitarios recolectados en los campos para reciclarlos y elaborar nuevos productos. En el ámbito de los biocombustibles, impulsa la producción de bioetanol a base de maíz, reduciendo las emisiones mediante el uso de energías renovables.
Es una política que busca consolidar un modelo productivo preparado para enfrentar esos cambios que, para Torres, “ya llegó, está entre nosotros y no siempre significa hacer frente a fenómenos extremos”.


