Pisada segura
Puso patas en el humedal del Paraná y armó un negocio que rinde sin dañarlo
Es un establecimiento pionero en producir carne de búfalo, una alternativa que crece en el mercado global, genera arraigo y permite recuperar zonas improductivas
Por: Paola Papaleo mail
En el Delta del Paraná, la conservación de los humedales es una problemática que lidia desde hace años con actividades productivas que degradan y contaminan el ambiente. Ante esta situación, el licenciado en Alimentos y tercera generación de productores isleños, Armando Cadoppi, comenzó a trabajar con búfalos de agua, encontrando así una alternativa capaz de combinar producción, rentabilidad y preservación ambiental.
Desde el año 2000 en su establecimiento La Filiberta, ubicado en las Islas de Ibicuy en Entre Ríos, produce y comercializa cortes de búfalo alimentados exclusivamente a pasto. Después de analizar varias opciones, descubrió que esta actividad “permite recuperar tierras marginales, consideradas improductivas o pantanosas, sin transformar la geografía del lugar”.
Con un fuerte compromiso social y ambiental, compartió el principal conflicto que enfrentan: “En Entre Ríos estamos haciendo un trabajo para posicionar al búfalo frente a una actividad que está destrozando al Delta que es la extracción de arena para Vaca Muerta”, dijo.
Un mercado que logra cada vez más lugar
En sus inicios, el productor se encontró con que todo estaba por hacerse. Así, desarrolló el estudio más completo que existe en el mundo sobre caracterización y tipificación de carne de búfalo. “Todos los meses medíamos 210 búfalos de distintas edades con 38 terneros Aberdeen Angus nacidos en el campo y comparamos con novillitos y terneros destetados”, precisó.
Creó un modelo productivo junto con investigadores del Inta y se apoyó en un protocolo que permite garantizar trazabilidad y calidad. Al no estar reconocido como especie para el consumo humano, también debió gestionar ante el Senasa (autoridad sanitaria) la autorización para faenar búfalos, la habilitación de frigoríficos y realizó el primer registro de etiqueta de carne de búfalo para el mercado interno y su exportación.
Cuando la Filiberta empezó a trabajar con búfalos había alrededor de 80.000 animales en el país. Hoy, la población se ubica entre 200.000 y 250.000 cabezas, con un fuerte crecimiento en Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones y norte de Santa Fe.
Uno de los principales desafíos está en desarrollar los canales comerciales. “Un productor que quiera ingresar a esta actividad, antes de comenzar a producir, tiene que pensar cuál va a ser el canal comercial en el que va a vender sus búfalos”, advirtió el impulsor de esta actividad debido a que la carne tiene una dinámica comercial diferente de la vacuna.
La Filiberta comenzó abasteciendo al sector gastronómico y luego incorporó tiendas de productos orgánicos y naturales. También desarrolló subproductos como hamburguesas y bresaola. “El búfalo no se vende en carnicería porque el consumidor va a comprar carne de vaca, pollo y cerdo”, dijo su propietario.
"Un productor que quiera ingresar a esta actividad, antes de comenzar a producir tiene que pensar cuál será el canal comercial"
Además, Cadoppi observó que el mercado interno empieza a abrir nuevas posibilidades. “Especialmente en Santa Fe y Misiones, la carne sí comienza a llegar a carnicerías porque entre los compradores existe mayor predisposición hacia nuevas opciones de consumo” dijo, aunque agregó: “No va a ser una alternativa al reemplazo de la carne de vaca, sino una alternativa más de carne roja que tiene un valor parecido a la vacuna”.
Este establecimiento fue el primero en exportar carne de búfalo a Europa. En 2006 llegó a Alemania y luego a Bélgica y Austria. “El importador de carne vacuna vende solo eso, por lo que el trabajo comercial tenemos que hacerlo de manera directa”, explicó. En el año 2012 el productor fue quien gestionó las 200 toneladas que actualmente tiene la cuota Hilton.
Más kilos, en menos tiempo
La eficiencia es uno de los argumentos centrales para pensar al búfalo como negocio ganadero. Según la experiencia de La Filiberta, los animales logran ganancias de peso de entre 650 y 750 gramos diarios en ciclos de 18 meses. Los terneros destetados, de unos 230 kilos, llegan a faena con un peso entre 440 y 500 kilos con un máximo de 2 años y medio de edad. “Demostramos que es mucho más eficiente hacer una recría y engorde”, sostuvo Cadoppi, quien también destaca una mayor capacidad de conversión respecto al ganado vacuno: “El búfalo puede aprovechar forrajes con mayor carga celulósica y transformarlos en carne en menor tiempo”.
La actividad, además, requiere menos transformación del ambiente: la cría es 100% a pasto y la faena se concentra entre octubre o noviembre y mayo o junio, evitando la época invernal donde la disponibilidad de forraje disminuye.
Los valores por kilo vivo rondan los $2.500 a $3.500, y en el caso de terneros llegan a los $4.000. “Si bien para faena tiene un valor parecido al de la vaca o aún más barato porque al mercado le falta desarrollo, al ser mayor la conversión del búfalo que la del vacuno y necesitar menos alimentos, la ganancia es mayor”, afirmó el propietario de La Filiberta.
Carne y conservación, una misma ecuación
Los productores de búfalo buscan seducir a un consumidor que presta cada vez más atención al origen de los alimentos. La carne es magra, de sabor y textura suaves, y se produce bajo un sistema trazable y exclusivamente a pasto. “Hoy hay cada vez más consumidores preocupados por el impacto que se genera en la producción de alimentos. Creemos que nuestra forma de producir en el Delta y las aptitudes de la carne de búfalo van con ese perfil de consumidores”, sostuvo.
A su vez, la producción en medio del humedal del Delta del Paraná, el más importante de Argentina con 1,7 millón de hectáreas, le otorga a la actividad un valor agregado que realza su importancia para sostener la población y el empleo en la zona. “El búfalo es una alternativa productiva rentable, que permite generar empleo y producción en territorios que están cada vez más abandonados”, afirmó.
"Al ser mayor la conversión del búfalo que la del vacuno y necesitar menos alimento, la ganancia es mayor"
Los humedales son el ecosistema más eficiente para capturar el dióxido de carbono y constituyen el reservorio de agua dulce más importante del planeta, de los cuales se obtiene el agua para potabilizar. Esas cualidades adquieren especial relevancia frente a una de las problemáticas que atraviesa actualmente al territorio: la extracción de arena destinada a Vaca Muerta.
Cadoppi cuestionó el impacto que, según su visión, está generando esta actividad sobre el humedal y el ambiente y reclamó que “quienes extraigan arena lo hagan de manera sustentable y sin generar impactos negativos como la contaminación del agua, además de la rotura de caminos y los pozos en los médanos”.
En ese escenario, la ganadería bubalina aparece como una alternativa que busca demostrar que producción y conservación no necesariamente son caminos opuestos. “Es una alternativa productiva rentable económicamente porque gana muchos más kilos que un vacuno y esto, a su vez, permite que los productores de búfalo podamos poblar la zona, emplear personas y seguir produciendo”, dijo.
El ambiente, además, ofrece condiciones favorables como abundantes pastizales naturales, clima templado y numerosos cursos de agua. “El búfalo es ideal porque nos permite convivir con un ambiente semi acuático como el humedal”, explicó Cadoppi al plantear la necesidad de promover actividades productivas que permitan poblar el Delta y generar arraigo isleño.


