Campo
01.09.2026

Innovación biológica

Una startup cordobesa le puso freno al hongo del maní con una nanopartícula

Probaron la tecnología en microparcelas con gran éxito y ahora buscan escalarla y validarla a campo. Conocé el caso

Por: Sandra Cicaré mail

Una startup cordobesa intenta reducir la brecha entre la eficiencia de los agroquímicos y la sustentabilidad de los bioinsumos. Para eso, desarrolló un nanobiomaterial con acción antifúngica y bioestimulante que ya logró inhibir hasta un 60% el crecimiento de un hongo que afecta al cultivo de maní y, en microparcelas obtuvo una mejora de rendimiento cercana al 15%. Ahora busca socios para escalar la tecnología y validarla a campo.

Ese es el trabajo que desarrolló Baxint, creada en el ámbito científico por tres profesionales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC): Ivana Galera, responsable de Tecnología (CTO); Karina Vázquez, COO; y Paulina Páez, responsable de Estrategia (CSO), que comenzó buscando una solución para erradicar el carbón del maní, un hongo que genera grandes pérdidas en un cultivo extensivo de gran peso económico para la agricultura argentina.

El equipo desarrolló una plataforma de nanobiotecnología “para una nueva generación de bioinsumos para el agro de manera más sustentable para reducir el uso de agroquímicos”, dijo Páez en referencia a los nanomateriales Cell Free diseñado para actuar como antifúngico, bioestimulante y, al mismo tiempo, contribuir a mejorar la resiliencia de los cultivos frente al estrés climático.

“Uno de los objetivos que tenemos es cerrar esa brecha entre la química y la biología”, agregó Páez. “Aprovechamos lo mejor de las dos áreas: la estabilidad de los químicos y el perfil limpio de los biológicos, desarrollando este nuevo híbrido”, agregó.

El trabajo enfocado en el maní ya tiene sus primeros resultados que entusiasman al equipo. “En escala laboratorio logramos inhibir el crecimiento del hongo, del patógeno, hasta un 60%”, contó Vázquez en diálogo con Ecobiz durante el BCR Agtech Forum. “Y cuando hicimos los ensayos en microparcela, vimos que se logra un rendimiento de alrededor del 15%”, dijo.

Para una tecnología que todavía no llegó a la validación comercial a campo, los resultados representan una señal relevante, pero también marcan con claridad cuál es el próximo desafío.

Una nanopartícula con doble propósito

La tecnología desarrollada por Baxint utiliza sistemas microbianos para obtener metabolitos bioactivos. Estos generan un recubrimiento sobre la nanopartícula y le confieren sus propiedades. “Utilizamos sistemas microbianos para obtener metabolitos bioactivos que generan un recubrimiento en nuestro material y le otorgan propiedades a la nanopartícula”, explicó Vázquez.

La apuesta tecnológica está justamente en trabajar a escala nanométrica. La formulación busca combinar la eficacia de un producto de síntesis química con las características de un desarrollo biológico, utilizando concentraciones muy bajas.

Paulina Páez y Karina Vázquez, de Baxint, participaron del encuentro de negocios en BCR Agtech Forum.

En el caso del maní, el objetivo es atacar directamente al hongo que provoca la enfermedad, pero también aportar un beneficio adicional a la planta. “Es un antifúngico que ataca al hongo que causa la enfermedad y, por las concentraciones y las propiedades que le provee estar en esta escala nanométrica, hace que no se generen residuos ni para la planta, ni para el producto, ni para los suelos”, agregó Vázquez.

El componente mineral tampoco aparece por casualidad. Es elegido desde el diseño de la formulación porque puede cumplir una segunda función como micronutriente.

“Cuando hacemos la formulación ya pensamos en el metal de entrada. A partir del diseño vimos que algunos metales pueden llegar a ser micronutrientes para la planta”, explicó Vázquez. “Antes de hacer la formulación ya sabemos que va a cumplir esa función y cuidamos que la concentración del producto final no sea tóxica para la planta, el suelo ni el producto”.

La flexibilidad también aparece en la forma de aplicación. “Nosotros logramos obtener el producto en forma líquida, pero también hemos evaluado que podemos conservarlo por mayor tiempo en forma de polvo”, explicó Vázquez. La idea es que, llegado el momento de comercializarlo, pueda adaptarse a las prácticas habituales del productor, ya sea mediante riego u otras modalidades de aplicación.

Además, el nanomaterial podría utilizarse en combinación con otros productos fitosanitarios.

“Este material se puede combinar con otros productos que se utilizan en los cultivos, distintos tipos de pesticidas”, apunta Páez. “Se pueden compatibilizar de manera separada o utilizar nuestro material como carrier de otros”, planteó.

Del laboratorio al lote

El desarrollo se encuentra actualmente en TRL 5, es decir, con la tecnología validada en microparcelas. El trabajo todavía se desarrolla a escala de laboratorio en la Unidad de Investigación y Desarrollo en Tecnología Farmacéutica (Unitefa) de la Universidad Nacional de Córdoba y el Conicet donde las bajas concentraciones utilizadas permiten al equipo manejar la producción en esta etapa. El próximo salto es, precisamente, salir de esa escala.

“La etapa que nos queda pendiente es la validación a campo”, indicó Vázquez. Para llegar allí, la startup necesita socios que permitan escalar la tecnología y avanzar con pruebas en condiciones productivas reales.

Ese fue uno de los objetivos de su participación en la ronda de negocios de BCR Agtech Forum en Rosario, donde el equipo mantuvo reuniones con potenciales socios y recibió propuestas para probar la tecnología en otros cultivos. “Estamos muy contentos. Es la primera vez que participamos”, contó Páez y planteó que durante los encuentros tuvieron propuestas para desarrollar la tecnología orientada a otro tipo de cultivos, como por ejemplo intensivos en la provincia de Mendoza, que exigiría probarla en plazos más cortos.

El modelo de negocios

El modelo de negocios que imaginan también tiene dos etapas. “En una primera, aliándonos con empresas como socios que nos permitan escalar nuestra tecnología y desarrollar el producto. Y en una segunda etapa, para llegar a los productores, poder comercializarlo desde Baxint”, explicó Páez.

Ahora viene la parte más compleja y costosa: llevar la nanopartícula del laboratorio al campo, probarla en distintas condiciones, escalar su producción y demostrar que esos resultados pueden sostenerse a una escala productiva mayor.

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