Construcción sostenible
Eficiencia energética: ¿Qué tienen en común una heladera y una ventana?
En Argentina varias provincias oficializaron la calificación energética de viviendas. Conocé el rol del PVC
Cuando se habla de eficiencia energética en una vivienda, es común pensar en equipos de aire acondicionado, heladeras o electrodomésticos de bajo consumo, aquellos que tienen la letra A e indican que consumirán menos electricidad. Sin embargo, hay un componente que los especialistas señalan como el verdadero talón de Aquiles de la mayoría de los hogares argentinos que son las ventanas, que son “la puerta de escape de tu energía”, señalaron desde la Asociación Argentina de PVC (AAPVC), conformada por empresas que alientan la utilización de este material como una forma de fomentar la construcción sustentable.
"Imaginemos el aire acondicionado más eficiente del mercado funcionando en el living con una ventana abierta. Esa eficiencia no sirve de nada. Algo similar ocurre cuando las ventanas no aíslan correctamente: el calor del verano entra sin permiso y la calefacción del invierno se escapa hacia la calle", dijo Miguel Ángel García, director de AAPVC.
Una abertura mal aislada no solo compromete el confort sino también la factura de electricidad. Cada grado que se escapa en invierno o se cuela en verano es energía pagada que no cumplió su función. Y en un contexto donde el costo de los servicios sigue siendo una variable central en la economía doméstica argentina, la elección de una ventana deja de ser una decisión estética para convertirse en una decisión financiera.
El tema tomó protagonismo a principios de este mes cuando la Subsecretaría de Ambiente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba) oficializó la Resolución Nº 12/SSAMB/26, que aprueba el procedimiento de etiquetado de eficiencia energética para inmuebles. La medida se enmarca en el Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas (Pronev), al que ya adhirieron formalmente 17 provincias, con experiencias en marcha en Santa Fe, Córdoba, Salta, Río Negro y Neuquén, entre otras. A partir de ahora, una propiedad porteña podrá exhibir su propia etiqueta de colores, indicando cuánta energía necesita para mantenerse confortable a lo largo del año.
Qué mide la etiqueta de una vivienda
Así como la etiqueta de un electrodoméstico evalúa la eficiencia de su motor, la de una vivienda mide el Índice de Prestaciones Energéticas (IPE): la energía que el inmueble demanda durante un año para calefacción, refrigeración, agua caliente e iluminación. Para calcularlo, los profesionales analizan la orientación del edificio, los materiales de construcción y los sistemas instalados. Pero hay un componente que suele subestimarse y que resulta determinante que es la envolvente térmica, es decir, paredes, techos y, sobre todo, ventanas.
Durante décadas, los marcos metálicos dominaron el mercado de aberturas. Funcionales y duraderos, tienen sin embargo un problema estructural: son excelentes conductores térmicos. Eso significa que el frío y el calor del exterior los atraviesan con facilidad, transfiriéndose al interior del hogar. El resultado es condensación en invierno, corrientes de aire frío junto a los marcos y un sistema de climatización que trabaja el doble para compensar las pérdidas.
El policloruro de vinilo (PVC) resuelve ese problema desde su composición. Su conductividad térmica es naturalmente baja - aproximadamente 1.100 veces más aislante que ciertos metales - y cuando los perfiles se diseñan con múltiples cámaras de aire en su interior, la resistencia al paso de temperatura se multiplica. Al combinarlo con vidrios dobles (DVH) y sistemas de cierre hermético perimetral, el resultado es una abertura que actúa como un escudo, porque mantiene adentro lo que se genera adentro.
"Una solución de PVC con vidrio de doble acristalamiento puede mejorar la resistencia térmica hasta en un 94% respecto a una ventana estándar. Comparado con ventanas antiguas, puede reducir hasta un 70% las pérdidas energéticas que se producen a través de ella", agregó García. Explicó además que ese 70% de reducción en pérdidas energéticas no es solo un dato técnico, sino que es la diferencia entre una factura razonable y una que se escapa por las rendijas.
En términos prácticos, una vivienda con aberturas de PVC y DVH requiere menos horas de funcionamiento de la calefacción o el aire acondicionado para alcanzar y mantener una temperatura confortable, lo que se traduce en un ahorro acumulado mes a mes que, a largo plazo, amortiza con creces la inversión inicial.
Para los propietarios que evalúan mejorar su calificación, los especialistas coinciden en que el reemplazo de aberturas antiguas por sistemas de PVC con doble acristalamiento es una de las intervenciones con mayor retorno en términos de eficiencia. No requiere obra gruesa, impacta de forma inmediata en el confort y se refleja en la etiqueta final del inmueble, un atributo que, con el avance de la normativa, empieza a tener valor de mercado.



