Hogar
01.04.2026

Arquitectura regenerativa

Diseña casas que capturan carbono y recortan consumo ¿Cómo lo hace?

Es un proyecto que nació en Uruguay y está concebido con un concepto de bioconstrucción a escala, lejos de lo artesanal. Te lo contamos

Por: Eugenia Langone mail

Martín Comas es uruguayo y arquitecto. Desde 2009 hizo obras “convencionales” y pasó por “proyectos a gran escala” en barrios cerrados de Punta del Este. En el camino fue achicando metros, pero ganando eficiencia y confort en los biomateriales. Hace tres años construyó bajo los conceptos de PassivHaus la primera casa carbono negativa (Net Zero) levantada en su país, específicamente en Maldonado. Fueron 25 metros cuadrados hechos ciento por ciento con paredes de 15 centímetros de caja de trigo comprimida y, desde entonces, lleva construidos más de 600 metros cuadrados y más de una decena de viviendas. 

“Arquitectura regenerativa”, su proyecto personal y profesional, nació de un dato: el 50% de las emisiones de dióxido de carbono provienen de la industria de la construcción, y de una idea en su cabeza en tiempos de Covid. “Empecé a pensar en viviendas donde se pudiera generar alimentos, eso me llevó a investigar la eficiencia energética y así llegue al concepto de PassiveHasu, cuenta a Ecobiz desde Uruguay. 

Los biomateriales y la eficiencia energética son los pilares del proyecto que inició Comas.

La casa pasiva, en su traducción, es un estándar de construcción creado en Alemania por físicos donde se alcanza máxima eficiencia energética y reduce el consumo tanto en refrigeración como en calefacción entre un 75 y 90% respecto de las viviendas convencionales. 

Aislamiento superior, hermeticidad, eliminación de puentes térmicos, ventanas de alto rendimiento y ventilación mecánica con recuperación de calor, garantizando un confort térmico, regulación de la humedad y calidad del aire son los resultados que se alcanzan con la utilización de biomateriales. 

Todo eso con un consumo energético inferior a 15 kilovatios hora por metro cuadrado útil año (kWh/m2), el estándar requerido para certificar el método, cuando una casa promedio consume por encima de 200 kWh/m2. 

El concepto de arquitectura regenerativa busca reducir el gasto energético y aportar bienestar a sus habitantes.

“En Argentina y Uruguay, de acuerdo a las características ambientales, la reducción es menor porque el gasto energético es menor que en Europa, pero así y todo la reducción de consumo es superior al 60 por ciento”, explica. 

Incidencia positiva

Actualmente, Comas construye viviendas de más de 200 metros cuadrados donde la apuesta no es sólo la eficiencia de los espacios una vez funcionando, sino desde el punto cero del proceso. 

Uno de los trabajos en desarrollo es Casa Nido, una unidad de 40 metros cuadrados que levanta con el método woodframe, que son estructuras de madera con aislantes naturales. El proyecto se presentó en la edición 2025 de Reimagine Buildings, en Estados Unidos, y que también fue galardonado en la COP30. 

Para explicar las bases de eso que no deja de hacer explica que “el 50 por ciento de las emisiones que se generan en una obra se emiten en el primer año de construcción, el resto a lo largo de la vida útil de la vivienda que se va produciendo en cuotas”, y señala: “El problema de la construcción convencional es que mide la eficiencia posterior, pero no las emisiones en obra”. 

En ese contexto su búsqueda pasa por “tener una incidencia positiva durante el proceso de construcción” y así afirma no sólo que todas las viviendas que construye son carbono neutro, es decir que no produjeron emisiones durante el proceso, sino que además los biomateriales le permitieron levantar hace tres años una vivienda carbono negativa, es decir que capturó más dióxido de carbono del que emitió en el proceso de construcción. 

Casa Haya, como la llamó, fue construida en Canelones, a pocos kilómetros de Montevideo, a través de fardos de paja comprimida y revoques de arcilla, con materiales y mano de obra local. “Es una casa que regula la humedad interior a través de los materiales, renueva el aire cada tres horas a través de filtros y ahí no sólo impacta positivamente en el ambiente, sino también en la salud de quienes la habitan”, detalla. 

La apuesta ahora es escalar los métodos. “Hay más de 12 formas de hacerlo”, dice sobre las diferentes formas de utilizar fardos, paja de trigo y otros materiales de acuerdo a la ubicación geográfica, como puede ser caña de bambú o cáñamo. 

“Lo que buscamos es darle volumen, estamos en las antípodas de lo artesanal y lo que proponemos es la bioconstrucción del siglo XXI”, dice. 

En costos, dice, resulta también beneficioso. “Se está construyendo a 1500 dólares el metro cuadrado y acá lo hacemos a 1200, así que lo que se debe hacer es buscar las formas y ponerle cabeza”, concluye.

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