Moda con sentido
Preservan el oficio de las tejedoras y diseñan indumentaria con impacto social
Dos jóvenes emprendedores capacitan y dan trabajo a 130 artesanas y tejedoras bajo la premisa del comercio justo y un modelo de desarrollo integral
Por: Paola Papaleo mail
Una misión escolar al Impenetrable chaqueño fue el detonante que a los 16 años sacó a Gloria Ketelhohn de su zona de confort y marcó el inicio de un sueño que hoy está hecho realidad con su proyecto de impacto social Espacio Alazán. “Esa misión me marcó y me rompió el corazón en mil pedazos porque conocí una realidad de Argentina que al ir a un colegio privado en Recoleta no sabía que existía”, recuerda.
Con la sensibilidad a flor de piel, comenzó a estudiar diseño de modas pensando en cómo incluir a esas personas que, sentía, “estaban al costado del camino”. A pesar de percibir que la carrera “parecía un mundo de fantasía” muy alejado de sus objetivos, logró encontrar el camino para poder comunicar desde sus diseños “la realidad y las historias de la gente que conoció en el monte”.
Después de trabajar con varias marcas de indumentaria en donde se perfeccionó como tejedora, oficio que aprendió a los 8 años de la mano de su madre, y comenzar a vincularse con el mundo de lo artesanal y el comercio justo, la pandemia fue el empujón que llevó a Gloria a crear Espacio Alazán. “Durante el aislamiento me fui a vivir con mi familia al campo en San Miguel del Monte y ahí fue cuando pensé que tenía todo el tiempo del mundo para armar esta marca que soñaba desde un lugar social”, comparte.
La capacitación y enseñar el oficio del tejido y el telar a mujeres de comunidades rurales del interior del país, es la idea central de este proyecto. Así, en alianza con la ONG Monte Adentro, en 2021 su creadora viajó al Impenetrable en Chaco para enseñar en 6 parajes rurales en una semana. “Es muy lindo ver cómo se entusiasman, cómo forman grupos de mujeres, se apoyan y empiezan a soñar con un oficio y el poder tener un ingreso para las familias”.
Luego se fueron sumando comunidades de Iberá y Carlos Pellegrini en Corrientes, así como alianzas con otras organizaciones sociales, y de a poco las capacitaciones se convirtieron en colecciones de indumentaria criolla y accesorios producidos artesanalmente bajo las reglas del comercio justo. “Hoy todas las mujeres de los talleres están trabajando con nosotros. Tienen profesoras locales permanentemente y nosotros viajamos cada 3 meses. La relación va más allá de la compra y venta, las conocemos, sabemos sus problemas, compartimos almuerzos”, afirma su creadora y agrega: “Con los diseños: me gusta volver a las raíces y a lo que las tejedoras saben hacer como parte de su cultura”.
Una marca con propósito
El modelo de negocios se afianzó en 2024 con la incorporación de Santos María Pirán como socio, quien aportó su experiencia en trabajo social con su emprendimiento Ashpa (tierra en quechua) y las comunidades de Santiago del Estero. “Sumarme a sus proyectos en Santiago del Estero fue un desafío espectacular porque venía de capacitar a mujeres sin oficio, y allá las mujeres eran tejedoras de toda la vida que heredaron las técnicas de generación en generación, por lo que fue compartir saberes”, cuenta Gloria.
En esta nueva etapa, además de brindar trabajo, comenzaron a dar apoyo nutricional para las mamás embarazadas y sus hijos, apoyo escolar, asesoramiento en cómo cuidar las manos y el cuerpo de las tejedoras, entre otras ayudas. De esta manera, Espacio Alazán se convirtió en una marca argentina de indumentaria criolla artesanal que construye un modelo de desarrollo integral en alianza con comunidades rurales y organizaciones civiles.
Nuestro propósito es “transformar la cadena de producción de moda en una herramienta de desarrollo territorial. No solo creamos prendas sino que construimos junto a mujeres rurales un modelo donde el trabajo artesanal es dignificado, visibilizado y sostenido económicamente”, explican los socios.
Impacto positivo
En solo seis años, el emprendimiento ya cuenta con 130 artesanas que forman parte de su cadena productiva 100% nacional. Al ser una producción bajo pedido tienen cero desperdicios.
Brindan trabajo continuo a 5 comunidades rurales en Chaco, Corrientes y Santiago del Estero, preservando oficios en riesgo como el telar criollo, tejido en dos agujas o la modistería tradicional. “Por supuesto queremos ser los mejores en lo que hacemos, tener los mejores márgenes porque después de haber caminado tanto entendimos que la única manera de seguir generando impacto es creando trabajo que se auto sustente”, aclara Santos. En los últimos 18 meses las artesanas recibieron más de $135.000.000 en forma directa por su trabajo.
Si bien en el caso de las teleras en Santiago del Estero, el 90% de sus ingresos proviene de Espacio Alazán, sus impulsores apoyan a las comunidades para que tengan sus propios clientes. “Siempre los asesoramos para que vendan sus productos pero que no los regalen, que hagan valer su trabajo con precios competitivos”, dice Santos.
El respeto por el trabajo que hay detrás de cada prenda no solo lo transmiten en el comercio justo sino también desde la comunicación. Así, cada una de las etiquetas lleva impreso el nombre de la artesana o tejedora que la confeccionó y un QR para conocer la historia, de dónde vienen y las alianzas con las fundaciones.
Dos jóvenes y un rumbo claro
Con solo 30 y 26 años, Gloria y Santos son dos jóvenes que tienen sus objetivos muy claros: darle sentido a sus vidas laborales desde el impacto social que puedan generar. Se animaron a dejar sus trabajos en el ámbito privado, incluso en importantes corporaciones internacionales, para seguir un sueño en común: “Seguir generando trabajo, pero siendo ese puente de oportunidades entre estas comunidades y el mercado”.
Del 23 al 25 de mayo, toda la producción podrá verse en Expo Mate, que se realizará en el Centro Municipal de Exposiciones de San Isidro, “un espacio muy argentino que nos conecta mucho con nuestras realidades, con las comunidades del interior”, expresan.
Con diseños que vuelven a nuestras raíces y a la cultura ancestral, “el punto en común es un amor gigante por nuestro país y entender que nacimos en Recoleta y en San Isidro con todas las comodidades y oportunidades, pero creemos que por eso tenemos una responsabilidad gigante para con los demás. No siempre es fácil, pero estamos convencidos de que es por acá”, afirman los jóvenes emprendedores.


