Nueva lógica
Crean un biomaterial que le pisa los talones al plástico y ya usan grandes empresas
Es una startup argentina que busca cambiar el concepto de uso y reciclaje por productos capaces de degradarse. Fabrican soluciones de packaging para cadenas de consumo
Por: Gabriela Arias mail
En un contexto donde la contaminación por plásticos se consolida como uno de los principales desafíos ambientales globales, una startup argentina propone cambiar la lógica del problema: no gestionar mejor los residuos, sino evitar que se conviertan en un pasivo ambiental desde el inicio. Esa es la premisa de WeCircular, una empresa de base tecnológica que desarrolla biomateriales capaces de degradarse sin necesidad de procesos industriales.
La startup nació en 2018, impulsada por sus cofundadores, Santiago Tótaro y Adolfo Díaz Valdez, tras una experiencia en Singularity University que redefinió el enfoque del proyecto. Dos años más tarde, en plena pandemia, la empresa se constituyó formalmente con una idea clara: el problema no es el plástico en sí, sino su uso efímero frente a una vida útil que puede extenderse por siglos.
Mucho volumen, poca recuperación
A nivel global, todos los años se descartan más de 380 millones de toneladas de plástico por año y menos del 10% se recicla. Frente a ese escenario, WeCircular decidió correrse de las soluciones tradicionales. En diálogo con Ecobiz, Santiago Tótaro planteó: “El reciclado o los materiales compostables son alternativas válidas, pero insuficientes si no existen sistemas que garanticen su correcta disposición”. La apuesta, en cambio, fue desarrollar materiales que no dependan de infraestructura adicional para degradarse.
El resultado es un biomaterial autodegradable que se activa en contacto con variables presentes en el ambiente, como la humedad o la temperatura. A diferencia de otros desarrollos, la tecnología permite ajustar la velocidad de degradación según su uso. Esto habilita aplicaciones que van desde bolsas para delivery hasta soluciones de packaging más complejas, manteniendo la funcionalidad durante su vida útil y desapareciendo luego sin dejar residuos.
El desarrollo implicó años de investigación y articulación con equipos científicos. La base del material proviene de compuestos utilizados en la industria farmacéutica, reformulados para poder ser procesados a escala industrial e integrarse a tecnologías existentes, como las extrusoras de la industria plástica. “No buscamos reemplazar a la industria, sino integrarnos y ser el músculo de innovación que necesita para reconvertirse”, señaló Tótaro.
De la innovación al mercado
Esa lógica se refleja también en su estrategia comercial. Desde 2022, la startup trabaja de manera sostenida con empresas como Rapanui y Rappi, en aplicaciones vinculadas al delivery y consumo inmediato, donde el desfase entre uso y degradación del plástico resulta más evidente. “Son productos que se usan en minutos, pero permanecen en el medio ambiente por siglos. Ahí es donde nuestra solución genera más valor”, afirmó.
Actualmente, también avanzan en desarrollos con grandes compañías de consumo masivo - como Arcor - , en etapas de prueba y adaptación de la tecnología, con el objetivo de expandirse hacia distintas verticales del packaging y capturar volumen en segmentos de alta recurrencia, donde el impacto y la escala del negocio se potencian.
En términos de resultados, la empresa mide su crecimiento en función del reemplazo efectivo del plástico tradicional. A la fecha, estima haber sustituido más de un millón y medio de bolsas en el mercado, de las cuales más del 95% ya desapareció. “No solo ponemos productos en circulación, sino que desaparece por sí solo. Eso es impacto real”, destacó Tótaro.
El potencial de crecimiento es significativo. En ese contexto, la compañía proyecta su crecimiento con foco en América latina y Estados Unidos, donde se concentra gran parte del consumo.
Un mercado gigante con deuda ambiental
Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. Uno de los principales es el costo: aunque la tecnología ya compite con alternativas compostables, todavía presenta diferencias frente al plástico convencional. A esto se suma la falta de regulaciones más estrictas que aceleren la transición. “Hoy competimos no sólo contra el costo del plástico, sino contra la ausencia de reglas que internalicen su impacto ambiental”, advirtió.
En paralelo, la empresa trabaja en mejorar la eficiencia de su tecnología y avanzar hacia una mayor escala productiva. El objetivo es alcanzar el “price parity” con el plástico tradicional, lo que permitiría acelerar su adopción de manera masiva. “El mercado del packaging es enorme: supera los u$s 700.000 millones a nivel global y se duplicará en las próximas décadas. Nuestra oportunidad está en capturar parte de ese volumen con una tecnología que resuelve el problema de raíz”, afirmó el CEO de la firma.
Otro eje clave es el cambio cultural. A diferencia de otros materiales, el producto de WeCircular no requiere acciones específicas por parte del consumidor. Puede descartarse junto con residuos orgánicos y degradarse de manera natural. “No buscamos que la gente cambie sus hábitos. La solución está diseñada para integrarse al uso cotidiano”, explicó.
Además del impacto ambiental, la propuesta también genera valor para las marcas. En un contexto donde las empresas enfrentan crecientes exigencias en materia de sustentabilidad y reportes de impacto, contar con soluciones que reduzcan la huella ambiental se vuelve un diferencial competitivo.
Con una industria “prácticamente infinita” en términos de aplicaciones - desde bolsas hasta films, envoltorios y materiales de protección -, la startup se posiciona en la intersección entre ciencia, negocio e impacto. Su próximo paso será consolidar una ronda de inversión que le permita escalar la tecnología y acelerar su expansión internacional.


