Médico del Clima
Cómo se siente el cambio climático en el cuerpo de las personas
Un especialista en salud y ambiente diagnostica las nuevas enfermedades provocadas por el calentamiento global
Por: Eugenia Langone mail
En Paraguay, creció la siniestralidad entre los deliverys porque los días de extremo calor - multiplicados por el progresivo aumento de las temperaturas - los repartidores cruzan semáforos en rojo para evitar la excesiva exposición al sol. En zonas de incendios, bomberos y brigadistas sufren estrés postraumático y problemas físicos que elevan sus chances de padecer enfermedades como cáncer o diabetes. En los consultorios médicos crecen las consultas por “ansiedad climática”, un padecimiento vinculado al estrés que provoca la sensación de que el mundo cambia por efecto de la acción del hombre y nadie hace nada.
“Lo que sucede a nivel salud no es más que la cara visible del proceso que atravesamos en materia de cambio climático y hacer algo con eso es el desafío que la humanidad tiene en este siglo”, asegura Damián Markov, conocido en redes sociales como “el Médico del Clima”, a la hora de hablar de la relación entre lo que ocurre en el ambiente y la salud de las personas y las comunidades.
“No es lo mismo ser hombre que mujer, niño que adulto, vivir en la costa que en un valle, tener un sistema de salud que no tenerlo o vivir en un país en constante crisis. Todo eso hace a la vulnerabilidad de las poblaciones frente al cambio climático”, asegura este médico pediatra y especialista en medicina climática.
Aunque el experto pone en la balanza las “desigualdades” preexistentes que multiplican vulnerabilidades en determinadas poblaciones, también asegura que “el proceso global que atravesamos llega de una manera a todos, desde un penthouse de Nueva York hasta un barrio de Mumbai en India”.
En el planeta y en los cuerpos
El médico advierte que así como para 2030 se espera que las olas de calor provoquen la pérdida de más de 80 millones de puestos de trabajo a nivel global y reduzcan la productividad un 2,2%, ahora ese fenómeno ya es palpable y concreto. Dijo, por ejemplo, que en países latinoamericanos como Paraguay ya se está midiendo el impacto de este fenómeno. “Está estudiado que los repartidores, que no cuentan con gremio ni aseguradoras de riesgo de trabajo, en los días de extremo calor buscan evitar la exposición al sol, para eso cruzan calles con semáforos en rojo y eso aumenta la siniestralidad”, detalla Markov.
“Hay iniquidades de base que no están resueltas. Aunque cambiemos la calidad del aire o pongamos techos verdes, muchas cosas deben modificarse”, señala y refiere a los sucesivos cuadros de “ansiedad” que viven niños y adolescentes frente al escenario actual.
“Hoy tenemos un incremento de las consultas por ansiedad climática, que no es más que esa sensación constante de que el mundo puede terminarse, de que vamos a morir y nadie está haciendo nada y no se ve una solución por delante”, agrega.
También hace hincapié en la salud mental y refiere a situaciones que atraviesan quienes deben poner el cuerpo en la trinchera para responder a los fenómenos extremos, como policías, bomberos y brigadistas. “Está fuertemente subestimado el estrés postraumático que sufren estas personas, quienes a largo plazo también están expuestos a contaminantes, problemas físicos a corto plazo y elevan las posibilidades de padecer enfermedades como cáncer y diabetes”, explica.
Por otro lado, da cuenta del aumento de las patologías cardiovasculares así como enfermedades transmitidas por animales y vectores, que son parte de su agenda. Y en eso ya trabaja en la elaboración de nuevos proyectos.
Markov apuesta no sólo a la concientización, sino a la concreción de acciones que puedan tener impacto en las comunidades.
“Hay que pensar en términos globales, pero actuar localmente”, dice mientras avanza en un proyecto de monitoreo de la calidad del aire que aplicará a través de una alianza con gobiernos locales en ciudades de las provincias de Buenos Aires, Neuquén y Córdoba y muestra los monitores que acaba de recibir para avanzar en la primera fase de esta iniciativa. En una segunda etapa, agrega, se propone convocar al sector privado.
Para ese y otros proyectos que tiene en desarrollo trabaja desde diversas plataformas. Es director y cofundador de Sviva, un hub colaborativo especializado en salud humana y ambiental que apuesta a la promoción y la comprensión de los efectos del clima en la salud, y ofrece tecnología climática relacionada con la salud en la región; dirige la Unidad de Clima y Salud de de la organización Sustentabilidad Sin Fronteras y es docente asociado del Programa de Clima y Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos.
Además, es parte de redes regionales como el Comité de Salud Infantil y Ambiente de la Sociedad Argentina de Pediatría, la Red de Clima y Salud de Latinoamérica y el Caribe, Water Positive Think Tank y la Climate & Health Foundation Network, donde aporta en entrenamientos, proyectos científicos y colaboraciones académicas.
“La apuesta es concientizar, pero sobre todo poder trabajar en espacios donde podamos llegar a líderes y agentes de cambio”, señala.
Un viaje iniciático
Alcanzar ese camino tras formarse como médico en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y el Hospital Británico fue necesario no sólo entrar en crisis con la idea de trabajar como pediatra en un consultorio las siguientes décadas, sino además concretar un viaje que le permitió ver en otros sitios del mundo los efectos del cambio climático en la poblaciones y darse cuenta que, eso que sucedía, no era muy diferente de lo que Argentina atravesaba.
“Cuando terminé la residencia y empecé a buscar la forma de trabajar como pediatra los próximos 40 años, que es lo que puede durar una carrera, no me hallaba en ninguno de los roles posibles”, cuenta sobre el momento en que agarró la mochila junto a su esposa y comenzó un viaje que en principio iba a durar unos meses y finalmente se extendió por dos años.
Abierto a recibir experiencias, como él mismo lo dice, el recorrido por más de 20 países de Asia le permitió ser testigo de los efectos de la crisis climática. “Vi a las poblaciones más vulnerables en la India, la peor ola de calor en más de 120 años que azotó a Tokio y que causó muertes a diario, vimos incendios forestales en Laos, inundaciones en Indonesia, la contaminación de plásticos en los mares de Filipinas y un brote de dengue en Myanmar”, enumeró en diálogo con Ecobiz.
La experiencia -dice - le provocó la necesidad de “hacer algo” con su conocimiento como médico frente a los efectos del cambio climático en la salud.
Desde su ojo pediátrico, afirma que las infancias a nivel mundial son poblaciones “doble o tristemente vulneradas”, por estar más expuestas, lo que en el caso de Argentina se suma a los niveles de pobreza y desigualdad.
Mientras tanto insiste en los cuidados comunitarios en cada casa. “Hay que estar atentos a las alertas tempranas y prevenir apoyándose unos a otros: cuidar a los mayores en las olas de calor, intentar prevenir y adaptarse a la situación local de cada uno en la búsqueda reducir las exposiciones y vulnerabilidades”, concluye.
