Un futuro dulce
Un peso pesado de la industria le pone muchas fichas al biocombustible
Líder en producción de azúcar y papel suma cada vez más capacidad de producción de bioetanol. Aquí te contamos la estrategia de negocios
Por: Rodrigo Elias mail
En un contexto donde el debate por los biocombustibles vuelve a instalarse en la agenda energética global y la Argentina enfrenta dos limitantes fuertes – un porcentaje de corte muy bajo en el mercado interno y regulaciones de la Unión Europea – la compañía azucarera Ledesma pone el pie en el acelerador en ese negocio, donde participan con la producción de bioetanol, con la convicción de que el país tiene capacidad para expandirse.
“Hoy el bioetanol está en un valor competitivo”, afirmó Arturo Blanco Massani, jefe de Ambiente de Ledesma en diálogo con Ecobiz y aclaró que el precio está ligado a la evolución del valor de la nafta que se fue actualizando en los últimos dos años en forma progresiva.
La empresa participa en ese mercado con la provisión de alcohol anhidro. En el último ejercicio destinó casi 90.000 metros cúbicos – más del 80% de su capacidad instalada - para el corte obligatorio con naftas, que hoy se ubica en el 12% (E12).
En el caso del bioetanol, “en la medida en que los precios acompañen y hagan competitiva la actividad, habrá posibilidades de seguir creciendo”, agregó Blanco Massani, “porque lo que uno destina del jugo de la caña a la producción de azúcar, podría destinarlo a la elaboración de alcohol”, agregó.
“Tenemos un potencial enorme en biocombustibles, tanto bioetanol como biodiesel”, aseguró el ejecutivo.
La ventaja competitiva de Ledesma - que la posiciona como una de las principales productoras de bioetanol del país – es contar con un negocio de ciclo completo. Por un lado, produce su propia materia prima (tiene una molienda anual de 3,5 millones de toneladas de caña de azúcar y 40 mil hectáreas cultivadas) y por otro, tiene armada una gran red de proveedores, que son los cañeros independientes.
En comparación con Brasil, donde el corte obligatorio de naftas con bioetanol alcanza el 30%, y el parque automotor incluye vehículos flex que pueden utilizar hasta 100% de etanol, Argentina aparece rezagada. “La tecnología existe y tranquilamente se podría hacer en el país, pero por distintas cuestiones todavía no explotó”, señaló Blanco Massani tras relatar que visitaron ingenios brasileños donde utilizan su propio etanol para abastecer flotas internas.
El marco regulatorio vigente, la ley nacional 27.640, establece el corte obligatorio de las naftas con bioetanol o alcohol anhidro, provenientes tanto de la caña de azúcar como del maíz. En el caso del gasoil, el blend se realiza con biodiesel especialmente a base de soja. Aunque hay un intenso debate por elevarlo al 15%, por ahora hasta 2030 el nivel no supera el 12%.
Blanco Massani consideró que un esquema más flexible (un cupo de corte mayor) podría beneficiar a la industria en general. Si bien Ledesma hoy se encuentra en un “nivel óptimo”, sostuvo que ingenios que hoy no producen bioetanol podrían incorporarse si el mercado se expandiera.
Pero además, planteó que esta expansión podría amplificarse a partir del bioetanol en base a maíz, que ampliaría el potencial de Argentina como productor de combustibles renovables.
Desde el punto de vista ambiental, el ejecutivo subrayó que el bioetanol ofrece ventajas frente a los combustibles fósiles. “Es un combustible renovable y eso genera una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero”, afirmó. El proceso incluye la deshidratación del alcohol hasta alcanzar un 99% de pureza, que luego se destina al corte con naftas.
Por otra parte, dijo que tiene una ventaja competitiva si se mide la relación de costos frente a la nafta importada. Aunque aclaró que el negocio depende de múltiples variables, entre ellas el destino del jugo de caña. Producir más alcohol implica resignar azúcar, lo que obliga a administrar la producción según precios y demanda.
La compañía tiene un negocio basado en diferentes nichos. Industrializa caña de sus campos de la que se extrae el jugo con el que produce azúcar para distintos mercados (consumo interno directo, industrial y exportación); elabora papel y productos derivados, además alcohol (bebidas y perfumería) y alcohol anhidro para biocombustibles.
Además, en un proceso integrado de economía circular, produce energía renovable a partir de biomasa generada con la fibra de la caña y los residuos de la cosecha, para autoabastecer de energía a la planta.
De esa manera despliega dos usos diferentes de la energía renovable. “Por un lado los biocombustibles para mover el transporte, y por otro, para generar energía eléctrica renovable”, explicó Blanco Massani.
La compañía hizo recientemente una inversión en un turbogenerador que le permite, con mayor eficiencia y el mismo combustible, generar más energía eléctrica cuyo excedente inyectan a la red nacional. “El combustible renovable producido a partir de la biomasa nos permite reemplazar gas natural que antes utilizábamos para producir vapor y energía”, explicó el ejecutivo. La nueva tecnología incorporada potenció ese proceso.
De cara a los próximos años, la estrategia de la compañía incluye inversiones en eficiencia energética.
Según Blanco Massani, el crecimiento del sector dependerá de un equilibrio entre competitividad, precio y rentabilidad, pero el país —con su base agroindustrial— “tiene condiciones para convertir a los biocombustibles en un actor estratégico de la matriz energética”, concluyó.



