Rompió la cáscara
Invirtió u$s 2,5 millones para pasar de la pasta de maní a la alimentación saludable
Fabricaba en forma artesanal en 2020 y hoy exporta, tiene dos fábricas y más de 100 empleados. Conocé cómo se transformó esta empresa
Por: Gabriela Arias mail
Hace seis años, Entrenuts comenzaba a producir pasta de maní de manera casi artesanal, con una manga pastelera y en pleno inicio de la pandemia. Hoy, la empresa fundada por los jóvenes Emanuel Fellay, Gabriel Aguilar y Joaquín Colella atraviesa una nueva etapa: con dos plantas productivas que suman 5.000 m2 y cerca de 100 empleados, busca dejar atrás la identidad de marca asociada exclusivamente a la pasta de maní para convertirse en una compañía de alimentación saludable.
El cambio de escala tiene detrás una inversión de u$s 2,5 millones. Con la inauguración de su nueva planta en Colón, provincia de Entre Ríos, de donde son oriundos los emprendedores, Entrenuts multiplicó por cuatro su capacidad productiva y amplió sus posibilidades de desarrollo. Allí produce pasta de maní, aceite de coco y nuevas líneas de alimentos con las que busca ampliar su presencia en distintas categorías de consumo.
“Ya no queremos ser una marca de pasta de maní, sino que nos estamos transformando en una marca de alimentación saludable”, explicó a Ecobiz Emanuel Fellay.
La compañía trabaja en el desarrollo de nuevos productos y apunta a participar cada vez más en distintos momentos de consumo: desde el desayuno y la merienda hasta el almuerzo y las colaciones. La ambición, resumió Fellay, es convertirse en la empresa argentina más grande en alimentación saludable.
El crecimiento también se refleja en su expansión internacional. Entrenuts exporta actualmente a 10 países y, según Fellay, en lo que va de 2026 ya superó en más del doble el volumen exportado durante todo 2025. La meta es que, dentro de cinco años, las exportaciones representen el 50% de la facturación de la compañía.
Energía y recursos: otra forma de crecer
El crecimiento de Entrenuts no se traduce solamente en más producción. En sus plantas, la compañía incorporó distintas prácticas orientadas a reducir el impacto ambiental y aprovechar mejor los recursos. Cerca del 20% de la energía que utiliza actualmente proviene de paneles solares, y la empresa también aprovecha la energía solar para calentar el agua que utiliza en la limpieza de las máquinas.
La gestión de los residuos es otro de los ejes. Entrenuts separa los materiales reciclables y trabaja con recicladores locales que retiran los descartes entre dos y tres veces por día, para luego destinarlos a empresas de reciclado. A su vez, algunos de los descartes generados durante los procesos de elaboración encuentran otros destinos: parte del material utilizado para la limpieza es aprovechado por industrias de alimentación animal, mientras que el aceite recuperado se comercializa para la producción de biodiesel.
La estrategia también alcanza a los alimentos que, por distintas razones, no pueden llegar al mercado. Cuando un producto presenta problemas de packaging pero continúa siendo apto para el consumo, la compañía evita descartarlo y lo incorpora a un esquema de donaciones. Clubes de fútbol, clubes de barrio, escuelas y jardines reciben esos productos, transformando un excedente que ya no puede comercializarse en un recurso con impacto social.
Para acompañar estas iniciativas, Entrenuts cuenta además con un equipo de ambiente dentro de la empresa. El próximo desafío en sustentabilidad será transformar estas iniciativas en una estrategia cada vez más estructurada, con nuevos estándares y objetivos de largo plazo.
Estándares para acompañar el crecimiento
En ese camino, la empresa trabaja actualmente en la certificación BRCGS, un estándar internacional de inocuidad y calidad alimentaria. Para Entrenuts, se trata de un paso de profesionalización de sus procesos a medida que aumenta la escala del negocio y se amplían los mercados a los que llega.
“Estamos full enfocados ahí”, contó Fellay. La compañía espera certificar BRCGS entre octubre y noviembre, si el proceso avanza según lo previsto. En paralelo, tiene una mirada de más largo plazo: entre sus objetivos está también convertirse en Empresa B, aunque esa certificación todavía forma parte de sus planes futuros.
Crecer sin irse del territorio
La transformación de Entrenuts también tiene una dimensión territorial. La empresa recibió propuestas para trasladarse a Córdoba, Buenos Aires y distintos parques industriales, pero sus socios decidieron continuar desarrollando la compañía en Colón, Entre Ríos, la ciudad donde nació el proyecto.
En una localidad de entre 30.000 y 35.000 habitantes, Entrenuts ya se convirtió, según Fellay, en la tercera empresa empleadora. El dato permite dimensionar otro de los cambios que atravesó la compañía: de las poco más de 30 personas que integraban el equipo en 2023 pasó a contar hoy con cerca de 100 empleados.
“Para nosotros es súper importante también dar trabajo, generar posibilidades”, señaló Fellay. La permanencia en la ciudad tiene que ver con el vínculo construido con la comunidad y con la posibilidad de seguir generando oportunidades en el lugar donde comenzó el proyecto.
Pero crecer desde una ciudad pequeña también plantea desafíos. La compañía está lejos de los grandes polos donde se concentra el talento profesional, por lo que tuvo que desarrollar nuevas estrategias para incorporar personal. Hoy cuenta con un equipo de entre 10 y 12 personas en Buenos Aires y ya sumó trabajadores que se mudaron desde Córdoba, Río Cuarto y San Luis para incorporarse a la empresa.
El territorio, así, se convirtió en parte de la propia estrategia de crecimiento: una empresa que nació en una ciudad pequeña, que decidió quedarse allí aun cuando aparecieron oportunidades para trasladarse y que ahora enfrenta el desafío de generar empleo y, al mismo tiempo, atraer el talento necesario para seguir creciendo.
De manga pastelera a la alimentación saludable
La historia de Entrenuts comenzó el 20 de marzo de 2020, el primer día de la pandemia. Emanuel Fellay, Gabriel Aguilar y Joaquín Colella tenían entonces 22 años, acababan de salir de la universidad y empezaron a elaborar sus primeros frascos de pasta de maní con una manga pastelera. Horas después, el país entraba en aislamiento.
Lo que inicialmente parecía un emprendimiento entre amigos encontró una oportunidad en un momento inesperado. El consumo de alimentos saludables creció durante la pandemia, mientras más personas comenzaron a preparar sus propias comidas, prestar atención a las etiquetas y buscar información sobre nutrición. Las redes sociales también ayudaron a acelerar ese fenómeno.
Seis años después, aquella pequeña producción se transformó en una compañía con dos planta y presencia internacional. Pero para sus fundadores, el desafío ya no es simplemente crecer, sino definir qué empresa quieren construir.
“Nosotros arrancamos a los 22 años. Hoy tenemos 28, 29 y 30. Si te digo que nos imaginábamos el crecimiento de esta manera, sería mentira”, recordó Fellay.
Ahora la apuesta es crecer sin perder el origen: ampliar el negocio de alimentación saludable, aumentar la presencia internacional y seguir generando empleo en el interior, mientras incorporan una gestión cada vez más responsable de los recursos. Todo bajo un modelo que combina expansión, sustentabilidad y arraigo territorial.



