Grano a grano
El arroz se sienta a la mesa para borrar su huella
Bolsas y organismos privados crearon un espacio que busca sumar a productores del Litoral argentino. Quieren mitigar el impacto ambiental de esa producción
Por: Eugenia Langone mail
La cadena del arroz, una producción que en la última campaña alcanzó más de 1,7 millones de toneladas en Argentina, decidió medir su impacto ambiental para avanzar en una agricultura más sostenible y ganar ventajas competitivas en los mercados globales.
En ese camino, esta última semana se creó la Mesa del Arroz, un espacio intersectorial coordinado por el Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN) junto a las Bolsas de Comercio y Cereales de Chaco, Santa Fe, Rosario, Entre Ríos y Córdoba. La intención es reunir a productores de arroz para trabajar colaborativamente en la construcción de herramientas metodológicas que justamente les permitan medir la huella de carbono del producto a lo largo de su ciclo de vida.
El arroz es uno de las actividades de gran desarrollo en las provincias del Litoral Argentino y “es responsable del 8% de las emisiones de metano a nivel global”, indicó Natalia Redolfi integra el PACN, y enumeró entre los “puntos calientes” de su proceso productivo el uso de fertilizantes nitrogenados y la utilización de energía para los sistemas de riego, lo que lo hace responsable, junto a otros sectores, de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), de mayor impacto en el calentamiento global.
Esa huella ambiental es la que el sector busca reducir en función de un objetivo claro: los mercados globales. La demanda de un valor diferencial, los requisitos públicos, los nuevos acuerdos con la Unión Europea (UE) y la necesidad de construir información verificable empujan a las entidades que nuclean a los productores, desde los pequeños y medianos hasta las grandes compañías, a construir herramientas de cálculo confiables que les permitan medir la huella del carbono del producto.
La propuesta lanzada en los últimos días para productores de todo el país busca sumar adhesiones para poner en marcha una metodología que sea representativa de la producción nacional de arroz a gran y pequeña escala se enmarca en el trabajo que ya viene realizando el PACN, como es la publicación de calculadoras de huella de carbono para productos como oleaginosas, maíz, sorgo, trigo, cebada, carne porcina y crucíferas, y de manuales de buenas prácticas para mejorar los procesos de esas producciones.
Información para reducir la huella
La conformación de mesa busca en el inicio “empezar a trabajar una herramienta que permita a los productores gestionar la huella de carbono desde el punto de vista de la reducción”, dijo Redolfi, teniendo en cuenta un dato clave: Argentina es el 21° emisor de GEI en el mundo. “No está entre los primeros, pero tiene un impacto importante”, señaló.
El trabajo para la construcción de una calculadora, adelantó, “se apoya en marcos metodológicos internacionales” y detalló que se trata de una herramienta que medirá la huella de carbono del producto en su ciclo de vida, es decir desde su nacimiento hasta su consumo y desaparición.
En ese marco, remarcó la centralidad de contar con información verificable: “Primero tengo que sacar una foto para poder saber donde estoy, conocer cuántas emisiones están incorporadas en mi producto para poder trazar una línea de base que me permita ir hacia un menor impacto y una mayor eficiencia”.
Además, puso sobre la mesa un hecho incontrastable y es que “cada vez más los productores reciben la demanda de esta información, ya sea por parte del mercado, por parte de los sistema financiero ya que existen tasas diferenciales para quienes tienen menor impacto, e incluso de los consumidores, que cada vez más incluyen en sus variables de elección los temas ambientales y sociales”.
Regulaciones
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es el marco regulatorio amplio sobre el cual se desarrollará el trabajo, así como los acuerdos posteriores: la Agenda 2030 y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y el Acuerdo de París.
“Tenemos una meta difícil, ya que de los ODS establecidos en 2015 el progreso alcanzado es muy bajo, sólo el 18% está en vías de cumplirse y el resto no supera un desarrollo moderado o marginal, e incluso otro 18 por ciento está en retroceso”, marcó Redolfi.
En ese contexto, la necesidad de esta nueva herramienta está marcada por el incremento de las regulaciones y la existencia de cada vez más requerimientos de los mercados que se demandan atributos diferenciales de producto. También aumentan los requisitos públicos en el acceso a distintos países por regulaciones en destino, ya sean impuestos ambientales o debida diligencia, entre otros.
Además, desde PACN hicieron hincapié en que el acuerdo Mercosur-UE también incorpora un capítulo fuerte de sostenibilidad y alineamiento climático vinculado al Acuerdo de París y el Pacto Verde Europeo. Todo eso hace, marcaron, que la lógica regulatoria europea se expanda progresivamente a cadenas agroalimentarias y condicione el acceso a mercado.


