Nueva arquitectura
El desafío de tener una oficina sustentable
Los cambios en las normas de certificación LEED plantean una discusión más profunda a propietarios, desarrolladores y actores del mercado corporativo
Por: Jeanette Motok (*)
Durante años, alcanzar una certificación LEED fue, para muchos edificios corporativos, sinónimo de modernidad. Representaba eficiencia, compromiso ambiental y una forma de diferenciarse en un mercado cada vez más competitivo. Pero el cambio de versión - que entrará plenamente en vigencia a partir del 30 de junio - empieza a modificar esa lógica y plantea una discusión más profunda para propietarios, desarrolladores y actores del mercado corporativo: qué tan preparados están hoy los activos para sostener su vigencia en un estándar que evoluciona cada vez más rápido.
La llegada de LEED v5 no implica solamente una actualización técnica. Marca un cambio de enfoque. El sistema empieza a correrse de una mirada centrada exclusivamente en eficiencia energética para incorporar con mayor peso conceptos como emisiones, resiliencia climática, desempeño operativo y capacidad de adaptación. Y eso cambia la conversación del mercado corporativo.
Hasta ahora, muchos edificios podían posicionarse como competitivos a partir de haber alcanzado determinado nivel de certificación en el momento de su desarrollo. Pero la nueva versión introduce requisitos más exigentes vinculados a análisis de ciclo de vida, monitoreo, desempeño real de los sistemas y evaluación de riesgos asociados al contexto climático. La sustentabilidad deja de funcionar como una foto obtenida en una etapa del proyecto y empieza a convertirse en un proceso continuo de actualización y verificación.
En otras palabras, el mercado comienza a mirar no solamente si un edificio fue moderno, sino si todavía puede seguir siéndolo.
Ese matiz es importante porque empieza a aparecer una tensión silenciosa dentro del sector corporativo. Hay activos que continúan siendo nuevos desde lo constructivo, pero que podrían empezar a perder competitividad relativa frente a estándares que ya no se enfocan únicamente en el diseño original, sino también en la capacidad del edificio para responder a nuevas exigencias operativas y ambientales.
La propia transición hacia LEED v5 refleja esa aceleración. Hasta el 30 de junio, los proyectos todavía pueden registrarse bajo la versión anterior. Después de esa fecha, deberán adaptarse a un esquema considerablemente más complejo, con nuevas obligaciones y mayores niveles de documentación y análisis.
No es casual que muchas compañías estén intentando adelantar registros antes de ese límite. El mercado entiende que el salto es significativo. Y probablemente esa sea la principal señal que hoy debería leer el mercado de oficinas corporativas.
Porque más allá de la certificación en sí misma, lo que empieza a cambiar es el criterio con el que las empresas evalúan sus espacios corporativos. La discusión ya no pasa solamente por ubicación, amenities o eficiencia básica. Empiezan a ganar relevancia cuestiones vinculadas con resiliencia, calidad ambiental interior, huella de carbono, capacidad de monitoreo y adaptación futura del activo.
Eso también tiene consecuencias económicas. A medida que las compañías profundizan sus estrategias ESG y sus compromisos de descarbonización, aumenta la presión sobre los edificios para demostrar desempeño real y no solamente intención. El desafío deja de ser “tener un sello” y pasa a ser sostener estándares que evolucionan constantemente.
En ese contexto, algunos edificios podrían enfrentar mayores costos de actualización o necesidades de reconversión más profundas de las previstas originalmente. Otros, en cambio, tendrán ventajas por haber incorporado desde etapas tempranas criterios de flexibilidad, monitoreo y adaptación. La brecha entre activos preparados y activos rígidos probablemente empiece a hacerse más visible en los próximos años.
Por eso, el verdadero impacto de LEED v5 no pasa únicamente por la certificación. Pasa por la señal que envía al mercado. Una señal que indica que la competitividad futura de las oficinas corporativas dependerá cada vez menos de haber alcanzado un estándar en el pasado y cada vez más de la capacidad para evolucionar junto con él.
(*) Jeanette Motok - directora de Gestión de Proyectos de Cushman & Wakefield Argentina y Uruguay


