Un chapuzón sostenible
Biopiscinas: conocé el secreto detrás de las piletas naturales
Es una tendencia que crece en las casas de verano. Propone un cambio de paradigma donde la biología se pone en acción
Por: Juan Ignacio Paur mail
Agua viva, sin químicos, integrada al paisaje y pensada como un ecosistema, pero al mismo tiempo, que sirva para poder darse un chapuzón. Ese es el concepto de las biopiscinas, una alternativa sostenible que va ganando cada vez más terreno entre quienes consideran que es posible combinar ocio y diversión con el cuidado del ambiente.
La biopiscina no es una pileta tradicional sin cloro: es un ecosistema diseñado para convivir con el agua de otra manera. Así lo explican Sandra Iperico y Adrián Maldonado, arquitectos y titulares de Cuenca Biopiscinas, un equipo que desde hace más de una década investiga nuevas formas de proyectar el agua en diversos espacios.
“Nosotros pensamos la biopiscina como agua viva”, señalan, “un agua que no está alterada por productos químicos y que se comporta de manera natural”.
La propuesta de Cuenca se basa en un sistema que combina arquitectura, biología y paisaje. A diferencia de una piscina convencional, la biopiscina se organiza en dos zonas bien definidas: un área de nado y otra regenerativa, donde plantas, piedras y microorganismos cumplen la función de depurar el agua. “La limpieza no se logra agregando químicos, sino permitiendo que la biología haga su trabajo”, explican.
El resultado es agua transparente, con tonalidades similares a las de un río o un lago, lejos del color turquesa artificial al que el cloro acostumbró durante décadas.
Para los arquitectos, el verdadero desafío comienza una vez terminada la obra. A partir de ese momento, el sistema entra en una etapa de acompañamiento y ajuste, donde el agua, las plantas y el entorno comienzan a interactuar. “No es un objeto terminado, es un proceso vivo que se va transformando con el tiempo y con el uso”, remarcan.
En ese sentido, Cuenca Biopiscinas plantea un cambio de paradigma. La biopiscina invita a resignificar la estética, el mantenimiento y la relación cotidiana con el agua, integrándose al paisaje y al ecosistema del lugar, en lugar de forzarla a un modelo artificial.
Cómo funciona una biopiscina
El corazón del sistema es el biofiltro natural. Se trata de una zona regenerativa compuesta por piedras, sustratos y plantas acuáticas donde se desarrollan microorganismos que depuran el agua de manera continua. “La limpieza ocurre porque hay vida trabajando en el sistema”, explican desde Cuenca Biopiscinas. No se desinfecta el agua: se la regenera.
El agua se mantiene en movimiento constante a través de un sistema de recirculación permanente. Este esquema combina procesos biológicos con tecnología convencional —bombas, filtros y cañerías— en lo que el estudio define como un sistema mixto. “No es agua estancada, es agua que circula y se oxigena todo el tiempo”, señalan los arquitectos.
El funcionamiento se ajusta según la estación del año. Cuenca trabaja con protocolos diferenciados para verano e invierno, que regulan la intensidad del movimiento del agua en función de la temperatura y las horas de sol. “En verano el sistema trabaja más, en invierno menos, acompañando los ritmos naturales”, explican.
Una vez finalizada la obra, Cuenca Biopiscinas realiza un acompañamiento post-obra para supervisar el desarrollo del ecosistema y el uso por parte del cliente. En esta etapa, el estudio conforma equipos de trabajo con biólogos de distintas regiones del país, seleccionados según el lugar donde se instala la biopiscina. El seguimiento permite observar cómo evoluciona el sistema vivo, acompañar al usuario y garantizar el equilibrio del agua a lo largo del tiempo.
Costos y tiempos
Cuenca Biopiscinas trabaja hoy en distintas regiones del país y del exterior. A lo largo de los años ha desarrollado obras en La Pampa, Córdoba, Buenos Aires y Uruguay, entre otros puntos, adaptando cada proyecto a las condiciones climáticas, biológicas y culturales de cada lugar.
En cuanto a los tiempos, el proceso incluye el diseño consensuado con el cliente, la instalación y la obra, con un plazo total que ronda los tres meses, dependiendo de las dimensiones y la complejidad del sistema.
Respecto de los costos, el valor de referencia se ubica en torno a los u$s 580 por metro cuadrado. Desde Cuenca aclaran que “aunque el costo puede ser comparable al de una piscina tradicional, el producto final no lo es: una biopiscina es el resultado de un trabajo interdisciplinario que involucra arquitectos, biólogos y técnicos especializados, desde el diseño inicial hasta el funcionamiento biológico del agua”.
Por eso, más allá del precio por metro cuadrado, la diferencia radica en el proceso y en la profesionalidad del sistema. Cada biopiscina es una obra única, pensada, construida y acompañada en el tiempo, donde el agua no es un elemento químicamente controlado, sino un organismo vivo que se desarrolla y se equilibra de forma natural.



