Hábitat
28.10.2026

Debate de altura

Edificios sustentables: el que quiere verde que lo demuestre

Conocé qué se debatió en el Foro de Liderazgo en Diseño Sustentable 2026. Arquitectura, sector inmobiliario y diseño, en la agenda
 

Por: Gabriela Arias mail

¿Cómo se demuestra que un edificio es sustentable? La pregunta fue uno de los ejes del Foro de Liderazgo en Diseño Sustentable 2026 (ILDS’26), organizado por Argentina Green Building Council (AGBC) en la Universidad de Belgrano. “El término sustentable, sin una verificación, se convierte en un adjetivo. Al ser certificado es un dato”, señaló Bernardo Barona, director de Desarrollo de Mercados Globales de Green Business Certification Inc. (GBCI) para Latinoamérica. 

Durante la charla “Certificar para elevar el estándar”, Barona planteó que las certificaciones permiten pasar de las declaraciones de sustentabilidad a indicadores verificables. El desafío, sostuvo, no consiste solamente en diseñar edificios con mejores prestaciones, sino también en comprobar cómo funcionan durante su vida útil.

La cuestión cobra relevancia por el impacto ambiental de la construcción y la duración de sus efectos. Según los datos presentados durante la charla, más de un tercio de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) está relacionado con la industria de la construcción, incluidos los proyectos, los materiales y la logística. Además, más de la mitad de los edificios que existirán en 2050 todavía no se construyeron o deberán atravesar procesos de renovación.

Para Barona, este escenario convierte las decisiones iniciales de diseño en una variable estratégica: la eficiencia energética, la reducción de emisiones y la resiliencia climática deben considerarse desde la concepción del proyecto, en lugar de incorporarse como correcciones al final del proceso.

El especialista participó del encuentro que reunió a profesionales de la arquitectura, el diseño y el sector inmobiliario para debatir sobre los desafíos de incorporar criterios ambientales a los proyectos y evaluar sus resultados.

Durante la apertura, Jorge Labonia, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Belgrano, destacó la importancia de incorporar la sustentabilidad tanto en la formación académica como en el diseño de edificios y ciudades. “Nuestro fin es lograr que nuestros alumnos tengan una conciencia y resuelvan proyectos que sean específicamente sustentables, sostenibles”, señaló. 

Además, destacó la necesidad de abordar desafíos como la escasez de agua, el consumo energético y la contaminación.

Edificios certificados: el desafío argentino

Barona compartió cifras sobre la evolución de los edificios certificados en América latina. México y Brasil se encuentran entre los mercados más relevantes de la región: a mediados de 2026 registraban cerca de 3,3 millones y 2,1 millones de metros cuadrados certificados, respectivamente.

Barona destacó la necesidad de certificar la arquitectura sustentable, como garantía para el mercado, inversores y la comunidad.

Argentina, en cambio, contaba con alrededor de 2,3 millones de metros cuadrados certificados y más de 90 profesionales acreditados en las categorías LEED AP y LEED Green Associate.

El crecimiento del mercado convive, sin embargo, con barreras que dificultan una adopción más extendida. Entre ellas, el especialista mencionó la aplicación limitada de los códigos de eficiencia energética, la concentración de profesionales acreditados en las grandes ciudades y la falta de declaraciones ambientales de productos regionales que permitan evaluar el carbono incorporado en los materiales.

También advirtió que el costo de certificar puede representar una dificultad para proyectos de escala mediana. En este contexto, propuso “considerar las certificaciones como una referencia técnica”  que contribuya a orientar futuras regulaciones y a establecer criterios comparables entre edificios.

La formación de profesionales constituye otro aspecto central. Para ampliar el alcance de estas herramientas, señaló la necesidad de fortalecer las capacidades técnicas en la región y promover una mayor articulación entre universidades, organismos especializados y actores del mercado.

Un plus para el inversor

La certificación no se limita a acreditar determinadas características de un edificio. También puede aportar información relevante para quienes deben decidir dónde invertir, desarrollar o alquilar.

Contar con datos comparables sobre consumo energético y desempeño operativo permite evaluar inmuebles con mayor precisión y anticipar sus costos de funcionamiento. Según explicó Barona, en algunos mercados las certificaciones también intervienen en los criterios de acceso al financiamiento y en los requisitos de determinados inversores e inquilinos corporativos.

La mirada, por lo tanto, abarca tanto la etapa de diseño como la operación. Un edificio puede tardar entre tres y cuatro años en desarrollarse, mientras que su vida útil puede extenderse entre 30 y 50 años. En ese período, las decisiones sobre consumo de energía y gestión de recursos adquieren una importancia que excede ampliamente la inversión inicial.

Por eso, el especialista insistió en la necesidad de medir el desempeño real y contrastarlo con las previsiones del proyecto. La información obtenida durante la operación permite identificar oportunidades de mejora y evaluar si las prestaciones previstas se mantienen en el tiempo.

En este proceso intervienen distintos actores. Los arquitectos y diseñadores deben integrar los criterios ambientales desde las primeras decisiones; los desarrolladores e inversores pueden utilizar los resultados para evaluar proyectos y portafolios; los gobiernos tienen la posibilidad de tomar las certificaciones como referencia para normas e incentivos; y el sector financiero puede vincular sus condiciones de financiamiento con indicadores de desempeño verificados.

El Foro reunió a profesionales de la arquitectura, el diseño y el sector inmobiliario para debatir sobre los desafíos de incorporar criterios ambientales a los proyectos.

Los usuarios también cumplen un papel relevante. Un comprador o inquilino que consulta por el consumo energético, la calidad del ambiente interior o la certificación de un inmueble puede contribuir a que estos atributos ganen peso en las decisiones del mercado.

El diseño sustentable, responsabilidad compartida

El encuentro puso en evidencia que la transformación del sector requiere algo más que soluciones aisladas: demanda decisiones de diseño consistentes, datos que permitan evaluar resultados y una mayor coordinación entre quienes proyectan, construyen, financian y utilizan los edificios.

En palabras de Barona, el objetivo es que elevar los estándares deje de percibirse únicamente como un costo adicional y se entienda como una estrategia de mejora y competitividad. Para avanzar en esa dirección, la certificación ofrece una herramienta concreta: establecer referencias comunes, verificar el desempeño y detectar qué aspectos pueden mejorarse durante la vida útil de cada inmueble.

La agenda del ILDS’26, incluyó también los paneles “Space Planning & Workplace” y “Diseño integrado & sustentabilidad”, que abordaron la relación entre las personas, los espacios de trabajo, las decisiones de diseño y los criterios ambientales. El encuentro concluyó con una ceremonia de premiación vinculada con el liderazgo en diseño sustentable.
 

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