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29.09.2026

Construcción sostenible

Transforman descarte de lana ovina en materiales aislantes térmicos y acústicos

Nació como tesis universitaria en la UBA y ya llevan más de 380 obras instaladas en todo el país. Buscan escalar a otros productos y sectores

Por: Milagros Oliver mail

"Un aislante amigable". Así se presenta Abriga empresa que aprovecha el descarte de lana ovina de ovejas de razas cárnicas para producir materiales aislantes térmicos y acústicos, apuntando a una construcción más verde.

El proyecto nació como la tesis de la arquitecta Alejandra Nuñez Berté, al que que luego sumó al ingeniero zootecnista Ernesto Benavidez. Ambos comenzaron a trabajar con la problemática de la lana gruesa sin valor textil, una investigación que se convirtió en emprendimiento y ya lleva más de 380 obras instaladas en todo el país.

La iniciativa empezó en 2019, y tomó impulso en 2021 a través de distintos concursos a los que se fueron presentando, como el de Fundación Imap y el de Emprender Conciencia. “Pudimos empezar a comercializarlo a partir del apoyo de la Unidad Ejecutora de la ley de la Provincia de Buenos Aires, con el que logramos hacer nuestros primeros prototipos y ensayos”, explicó Nuñez Berté a Ecobiz.

A partir de allí, empezaron a desarrollar mantas de aislamiento térmico y acústico para la construcción y paneles de acondicionamiento acústico con el descarte ovino. “Es un desecho que habitualmente se quema o entierra porque tiene una alta carga bacteriológica, y no se puede dejar ni guardar mucho tiempo sucia”, agregó la arquitecta.

La lana que utilizan, no es como las de las ovejas de la Patagonia, de razas textiles, sino que es una más gruesa, que proviene de ovejas de razas cárnicas, que están en la provincia de Buenos Aires, “Para salir a comprar a territorio necesitamos que sea lana certificada, con esquila prolana para saber qué es lo que se está comprando”, subrayó Nuñez Berté.

El proyecto nació como la tesis de la arquitecta Alejandra Nuñez Berté, al que que luego se sumó el ingeniero zootecnista Ernesto Benavidez.

Esa lana se clasifica según sus características y se envía a un lavadero industrial donde se lava bajo requisitos específicos de tenor graso y limpieza, donde se hace un agregado de sales minerales que le brinda al material resistencia al fuego y a las polillas.

“Somos el único material que tiene sello de bioproducto y sello de buen diseño, ambos del Ministerio de Economía”

La lana tratada pasa a la planta textil certificada ISO 9001 que Abriga tiene en San Andrés, donde se convierte en mantos esponjosos y  finalmente se embala con un sistema de doble bolsa comprimida para reducir el volumen de almacenamiento, facilitar el transporte y optimizar el costo del flete.

A diferencia de la lana de vidrio, que va a vertederos y tiene un final de vida contaminante, el material de Abriga tiene durabilidad, es reutilizable y biodegradable. Además, es fácil de manipular, sin necesidad de herramientas o ropas especiales. “Somos el único material que tiene sello de bioproducto y sello de buen diseño, ambos del Ministerio de Economía”, celebró la emprendedora.

El material de Abriga tiene durabilidad, es reutilizable y biodegradable.

Aunque en el país existen diferentes proyectos vinculados a la aislación térmica y acústica con lana de ovejas, la característica de Abriga es la cantidad de certificaciones y avales con la que cuenta, que le permitió ganar escala en todo el territorio.

La proyección

Recientemente, presentaron los paneles acústicos en un congreso internacional de acústica en Perú, obtuvieron la validación técnica y se encuentran diseñando distintas variantes estéticas para su lanzamiento.

El equipo de trabajo en la planta que tiene Abriga en San Andrés, provincia de Buenos Aires.

En paralelo, desarrollaron un velo de lana pensado como alternativa sustentable para reemplazar al plástico de burbujas en embalajes y están en proceso de validación del uso de la lana como textil agrícola para la protección de cultivos

“Estamos realizando pruebas en un viñedo orgánico de la provincia de Buenos Aires, en plantación de frutillas y de álamos en Esquel, y también algunos ensayos de mantas antiheladas junto a una estación del Inta de Berazategui”, amplió la arquitecta.

Mientras investigan nuevas formas de darle uso al descarte, no dejan de participar en concursos y programas que le otorgan distinción e impulso económico al proyecto. “En este momento, estamos incubados dentro de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) y estuvimos en Naves, el programa con más antigüedad en el país para emprendedores de la Universidad Austral y el Banco Macro. "Estamos esperando ver si pasamos a la final”, cerró la arquitecta.

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