Investigación al mostrador
Le cambian el traje a la carne para achicar la huella
Un equipo de Inta e Intema crearon una solución para el envasado que busca reducir el impacto ambiental en la industria cárnica. Aquí te lo contamos
Por: Paola Papaleo mail
El envase cumple un papel clave en la conservación de los alimentos, pero también forma parte de uno de los grandes desafíos ambientales de la industria: reducir la generación de residuos plásticos de un solo uso. En ese cruce entre innovación, calidad y sustentabilidad, un equipo del Inta Balcarce, el Inta Castelar y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema), trabaja en el desarrollo de un film biodegradable y compostable para conservar carne vacuna.
La propuesta surgió hace un año y medio, a partir de un proyecto conjunto con la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que ya contaba con investigaciones sobre materiales con potencial biodegradable. “El objetivo fue desarrollar una alternativa capaz de reemplazar al film alimentario convencional, elaborado a base de derivados del petróleo, sin resignar las condiciones de conservación que exige uno de los alimentos más perecederos”, explica Laura Testa, especialista del Inta Balcarce.
Los primeros resultados, obtenidos a escala de laboratorio, fueron alentadores: el nuevo material mostró un comportamiento equivalente al film tradicional en propiedades físicoquímicas y logró preservar el color de la carne, uno de los principales atributos que considera el consumidor al momento de comprar.
Para comprobarlo, los investigadores simularon las condiciones de exhibición de una góndola de supermercado. Durante siete días evaluaron la evolución de la carne envasada con un film convencional y con el material compostable, analizando procesos como la oxidación, la degradación de proteínas y el desarrollo microbiano. Los resultados demostraron que el nuevo envase pudo conservar la calidad y la inocuidad del producto durante todo el período de almacenamiento. “El desarrollo y la validación de films compostables a escala de laboratorio responden a la necesidad de garantizar que el nuevo material mantenga los altos estándares de conservación, frescura e inocuidad que la carne exige durante su vida útil”, afirma Testa.
Del plástico de un solo uso al compostable
El material está elaborado a partir de ácido poliláctico, conocido como PLA, un polímero que se obtiene mediante la fermentación de almidones provenientes, entre otras fuentes, de la papa, la caña de azúcar, la yuca o el maíz. Una de sus principales ventajas ambientales es que puede degradarse y compostarse en un plazo de hasta 180 días, sin dejar residuos tóxicos.
“Estos nuevos materiales están formulados a partir de polímeros biodegradables que pueden degradarse biológicamente bajo condiciones de compostaje, transformándose en biomasa, dióxido de carbono y agua sin dejar residuos”, señala la especialista. El desafío es significativo si se considera el peso de los envases en el consumo de plástico: en Argentina se utilizan alrededor de 42,7 kilos de plástico por habitante al año y, según el Anuario Estadístico de la Industria Plástica de la Cámara Argentina de la Industria Plástica (CAIP), cerca del 50% del plástico industrial se destina a envases y empaques.
El resultado final fue una plancha de film con un espesor grueso que al ser maleable se coloca sobre la bandeja sin contacto directo con la carne.
El compromiso empresarial, clave para escalar la innovación
El próximo paso será sacar la tecnología del laboratorio y probarla en las condiciones reales de carnicerías y supermercados. Para ello, el film deberá adaptarse a la maquinaria y a los procesos de la industria existente, evitando que la transición hacia materiales más sustentables requiera desarrollar una nueva infraestructura productiva.
Según Testa, la industria reconoce que “la contaminación generada por los plásticos de un solo uso es un problema que debe afrontar y ya existen compañías interesadas en participar del escalado, aportando sus establecimientos para realizar pruebas y avanzar hacia la producción”. También el sector plástico manifestó interés en fabricar estos nuevos materiales.
La innovación se pondrá también en juego al evaluar sus costos para el consumidor. La materia prima del nuevo film todavía es más costosa que la del plástico tradicional, por lo que el objetivo es aprovechar la tecnología industrial disponible para reducir costos. Los primeros relevamientos muestran, además, una oportunidad comercial: consumidores jóvenes estarían dispuestos a pagar entre un 5% y un 10% adicional por carne envasada con un film compostable. Por otra parte, será clave lograr una reducción del espesor, que hoy genera una visión opaca del producto, para atraer la atención de todos los consumidores.
Una vez avanzado el desarrollo del film para conservar carne en atmósfera con oxígeno, el próximo desafío será generar una alternativa similar para envasado al vacío “donde la carne no está en contacto con el oxígeno y se utiliza mayormente para exportar”, dice la especialista.
Para Testa, la apuesta es agregar valor a la cadena cárnica y transformar al envase en un diferencial. Si la tecnología logra escalar y consolidar el acompañamiento empresarial, el desarrollo podría abrir el camino hacia nuevos materiales para otros alimentos. “Representa un avance significativo para la modernización de la cadena cárnica y una oportunidad para reducir la generación de residuos plásticos, en línea con las crecientes demandas de los mercados”, concluye la investigadora.



