Agua en el desierto
Convirtieron un manantial patagónico en un negocio con horizonte orgánico
Crearon una planta embotelladora en tierras con certificación orgánica. Ahora proyectan ampliar su planta. Conocé su plan de expansión
Por: Rodrigo Elias mail
En medio de la estepa chubutense, a unos 300 kilómetros de Comodoro Rivadavia, un manantial que durante generaciones fue parte del paisaje de una estancia terminó convirtiéndose en el corazón de un negocio familiar. Allí, en Río Mayo, la pyme familiar Orizon embotella agua mineral natural que llega a distintas provincias argentinas y que ya tuvo una primera experiencia de exportación a Chile. Ahora proyectan agrandar su planta de 3.000 m2 en más de un 30% y hacer envases de vidrio.
El propio nombre resume el concepto detrás del negocio. Orizon es una combinación de “orgánico” y “horizonte”, dos conceptos que la familia vinculó desde el comienzo con la producción sustentable y con una mirada de largo plazo sobre la Patagonia. A esa identidad le sumaron el guanaco, elegido como símbolo de la región. “Queremos representar a la Patagonia y ser eso lo que llevamos, que cuando alguien agarra una botella de Orizon tenga un poquito de la Patagonia en sus manos”, explicaron las hermanas Naique y Camila Mazquiaran, cuarta generación de la empresa familiar, en diálogo con Ecobiz.
El modelo tiene una particularidad que también condiciona su estructura de costos: el agua mineral debe ser envasada en origen. La planta fue construida junto al manantial y el agua llega naturalmente desde el acuífero, sin bombeos ni perforaciones. La estancia cuenta además con certificación internacional de tierras orgánicas, que la empresa renueva mediante auditorías anuales.
Desafíos y oportunidades
La geografía que encarece la producción y la logística (por largas distancias, condiciones climáticas extremas y mayores costos salariales) es la misma que Orizon transforma en diferencial comercial: un manantial ubicado en una zona prácticamente sin población, tierras certificadas como orgánicas y una marca construida alrededor de la identidad patagónica.
Para llegar hasta allí, la empresa tuvo que desarrollar infraestructura desde cero, incluido el tendido eléctrico, conseguir financiamiento para levantar la planta y construir una red de proveedores y trabajadores capacitados.
La apuesta de la firma no es solo vender agua, sino convertir el origen en parte del producto. Esa identidad es también el activo con el que la empresa busca diferenciarse en un mercado dominado por grandes marcas y abrirse paso hacia nuevos mercados.
Orizon ya está presente en Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Río Negro, Buenos Aires y llegó hasta Santa Fe. También realizó una exportación a Chile y busca utilizar la ubicación sobre el corredor bioceánico como plataforma para nuevos mercados. “Es un negocio de volumen”, aseguraron las directivas.

La compañía sostiene una línea retornable de 12 y 20 litros, cuya capacidad alcanza los 700 bidones por hora. Para la empresa, mantener este formato tiene además una razón ambiental: reducir el impacto asociado al descarte de envases. A la vez, comercializa botellas PET de distintos tamaños, agua gasificada y otros formatos.
El “orizonte” de la empresa
El próximo paso será ampliar la planta, que actualmente tiene casi 3.000 metros cuadrados. La empresa proyecta sumar otros 1.000, principalmente para almacenamiento y operaciones de carga y descarga bajo techo. También busca maximizar los turnos, ya que hoy trabaja con uno solo.
A mediano plazo, uno de los proyectos centrales es incorporar una línea de vidrio. La inversión permitiría competir en segmentos premium donde la empresa considera que ya tiene el producto y el posicionamiento, pero todavía le falta ese formato. El objetivo es crecer fuera de la Patagonia y, con una mayor escala productiva, avanzar también hacia nuevos mercados de exportación.

