8° Convención Cemas
Sin gestión ambiental y social, no hay desarrollo energético ni minero
Especialistas del sector debatieron sobre la transición energética en Argentina y las exigencias ambientales, de infraestructura y el vínculo temprano con las comunidades
Por: Paola Papaleo mail
La minería y la energía son dos actividades claves para la economía argentina y en los últimos años su crecimiento las ubica dentro de la matriz productiva del país. Así lo confirman los datos expuestos por representantes de Cámaras y empresas del sector durante la 8° Convención Anual Cemas, organizada por la Cámara Empresaria de Ambiente y Sostenibilidad (Cemas) junto al Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Ciudad de Buenos Aires (Caba). Sin embargo, todos coincidieron en que, para que su desarrollo sea sostenido en el tiempo, deberá estar acompañado por herramientas de gestión ambiental y social.
Ese fue el debate que se dio en el marco del panel “Energía y Minería: competitividad, transición y licencia social”, del que participaron Juan Galimberti (Rio Tinto Litio); Elisa Di Pietro (YPF Luz); Fernando Halperin (Instituto Argentino del Petróleo y del Gas - IAPG); Cecilia Dominguez (Cámara Argentina de Empresas mineras - Caem); Melisa Botazzi (Aerzen Argentina) y Esteban Bicarelli (BLapp Asuntos Públicos y Parlamentarios).
Argentina, un jugador internacional
La transición energética abre para la Argentina una oportunidad inédita en el mercado global de minerales. Según explicó Cecilia Dominguez, líder de Sustentabilidad e Innovación en Caem, en los escenarios más conservadores, “la demanda mundial de minerales podría multiplicarse por seis hacia 2050 respecto de los niveles actuales”. En este contexto, el litio y el cobre aparecen como los dos grandes recursos estratégicos del país.
Argentina ya es el quinto complejo exportador de litio, cuenta con siete proyectos en producción y más de 30 en distintas etapas de desarrollo, mientras que se estima que hacia 2035 la capacidad instalada de las plantas actualmente operativas podría crecer un 40%. En cobre, el potencial es aún mayor: "Si Argentina logra poner en producción los proyectos de cobre que ya conoce, podríamos tener para 2035 una producción estimada de 1 millón de toneladas de cobre", señaló, un volumen que permitiría al país ingresar al top 10 de productores mundiales.
El crecimiento también se refleja en las exportaciones: para este año se espera un récord histórico cercano a los u$s 9.000 millones, frente a unos u$s 5.000 millones actuales, con una proyección de alcanzar u$s 22.000 millones en 2035.
Pero la expansión de la minería plantea otro desafío: crecer con estándares ambientales y sociales capaces de garantizar la continuidad de la actividad. Dominguez repasó la evolución del sector durante las últimas tres décadas y destacó el pasaje de un modelo centrado solo en el cumplimiento legal hacia sistemas de gestión que incorporan a las comunidades, a otros actores de la cadena y al ambiente.
En este recorrido, los estándares internacionales, la trazabilidad, los monitoreos ambientales en tiempo real, el tratamiento y reutilización del agua y la planificación del cierre de minas desde el inicio de cada proyecto adquieren un rol central.
"Esta industria requiere empezar a pensar los planes de cierre desde el inicio de la operación", sostuvo. También destacó los monitoreos participativos como herramientas de transparencia y diálogo con las comunidades y la adhesión voluntaria de las empresas mineras a la iniciativa EITI, que permite transparentar los pagos realizados por las industrias extractivas al Estado y el destino de esos recursos.
"Es un sector con una perspectiva de crecimiento cierta que tiene que ser acompañada de mecanismos de gestión ambiental y social para que se pueda garantizar su continuidad en el tiempo", indicó.
Primero recopilar datos
Para Juan Galimberti, gerente global de Medio Ambiente en Río Tinto Litio, el agua es uno de los aspectos críticos en la minería de litio, especialmente porque en Argentina ese mineral se extrae de la salmuera y el proceso productivo requiere agua de distintas calidades, principalmente de fuentes subterráneas. En este contexto, destacó que detrás de cada proyecto existe un proceso previo de generación de información y conocimiento del ambiente que permite tomar decisiones con mayor precisión.
“Los monitoreos se realizan tomando como referencia tres bases: los estándares de la compañía, la legislación vigente y la mirada de las comunidades”, explicó y remarcó que la minería cuenta con “altos niveles de transparencia y trazabilidad de los datos debido a la complejidad de sus operaciones y a la necesidad de respaldar las decisiones con evidencia”.
La compatibilidad entre la actividad minera y los ecosistemas comienza, según explicó, mucho antes de que un proyecto entre en operación. Datos internacionales muestran que desde que la empresa se instala en un territorio hasta que se desarrolla la mina pasan 18 años en los que se trabaja en la recopilación de datos ambientales y sociales.
“Realizamos estudios para construir una línea de base ambiental que permita identificar zonas sensibles por su biodiversidad, valor cultural, arqueológico o importancia para las comunidades”, dijo el representante de Rio Tinto.
Esa información acompaña todo el ciclo de vida de la mina y también permite planificar su cierre desde el inicio: “Planificamos desde el inicio cómo va a ser la vida de la mina cuando ya no haya más negocio ahí, cómo vamos a dejar ese ambiente que quizás lo estuvimos operando durante 40 o 50 años”.
Galimberti destacó que se trata de un proceso de aprendizaje continuo, en el que los nuevos datos, la ciencia, las tecnologías y los requerimientos de las comunidades pueden modificar decisiones inicialmente previstas. “Lo esencial es poder identificar en una etapa temprana los sitios críticos para la biodiversidad y el valor cultural y comunitario”, compartió.
Energía minera
El crecimiento de la actividad minera también anticipa una fuerte expansión de la demanda energética. Elisa Di Pietro, coordinadora de Medio Ambiente de YPF Luz, señaló que la compañía, con 3,8 GW de potencia instalada en ocho provincias, ya abastece el 10% de la demanda eléctrica nacional, pero advirtió que los grandes proyectos mineros requerirán nueva generación, infraestructura y capacidad de abastecimiento, con el desafío de no resignar los estándares sociales y ambientales.
En ese sentido, planteó una propuesta que combine energías renovables con generación térmica para garantizar un suministro eficiente y estable a largo plazo. “La demanda de energía en el marco del crecimiento de los proyectos mineros va a escalar y crecer mucho”, sostuvo. Como ejemplo de gestión anticipada, destacó el Parque Solar El Quemado, en Mendoza, inaugurado en mayo, con 500 hectáreas y más de 500.000 paneles, donde se logró valorizar más del 95% de las más de 4.000 toneladas de residuos generados durante su construcción, utilizándolos para calefaccionar los hogares de comunidad.
Para Di Pietro, la clave está en comenzar a trabajar con las comunidades y evaluar los impactos desde las primeras etapas: “No iniciamos la construcción de ningún proyecto sin haber estado al menos dos años en terreno”. Frente al crecimiento minero, consideró que la oportunidad para YPF Luz es convertirse en un socio estratégico mediante parques solares y eólicos, sistemas de almacenamiento y otras infraestructuras, con estándares ambientales y sociales acordes a la magnitud de los nuevos proyectos.
Desafíos para ser más eficiente y sustentable
Los últimos tres expositores abordaron distintos desafíos para avanzar hacia una actividad energética y minera más eficiente y sustentable. Melisa Botazzi, Ingeniería de Aplicación en Aerzen Argentina, destacó el potencial de los sistemas de aireación para reducir el consumo energético y la huella hídrica en minería, a partir de la medición de la demanda real, la detección de sobredimensionamientos y fugas, la incorporación de equipos más eficientes y el uso de herramientas digitales para monitorear el rendimiento, anticipar fallas, optimizar procesos y realizar mantenimientos preventivos.
Desde el sector de hidrocarburos, Fernando Halperin, gerente del Plan de Comunicaciones de la industria de los hidrocarburos y del proyecto Educativo del IAPG, puso el foco en la necesidad de incorporar la sustentabilidad al negocio y extenderla a toda la cadena de valor, especialmente en una industria heterogénea y con múltiples impactos ambientales y sociales. En ese camino, destacó el desarrollo de una hoja de ruta vinculada a los ODS, la definición de indicadores para medir avances y los programas de capacitación dirigidos a empresas y proveedores.
En tanto, Esteban Bicarelli, director Asuntos Públicos y Parlamentarios de BLapp, señaló que la minería y la energía comienzan a ocupar un lugar creciente en la agenda del Congreso y planteó como próximos desafíos la discusión sobre las tierras raras, la necesidad de contar con previsibilidad y monitoreo exhaustivo y la búsqueda de un equilibrio entre desarrollo, legislación y seguridad jurídica.
Para los referentes del sector el desafío no pasa solo por aprovechar el potencial de los recursos, sino por desarrollar la actividad bajo una gestión integral que tome en cuenta el impacto ambiental y social para construir las condiciones que permitan un crecimiento sostenible en el tiempo.



