Encuesta regional
El desperdicio de alimentos preocupa, pero el bolsillo empieza a cambiar los hábitos
Conocé los datos de la última encuesta de la app internacional Cheaf sobre qué hacen consumidores y empresas con los alimentos que les sobran
Por: Gabriela Arias mail
El desperdicio de alimentos dejó de ser un tema marginal para convertirse en una preocupación instalada entre los consumidores de América latina. Sin embargo, que exista conciencia sobre el problema no significa necesariamente que esa percepción se traduzca en cambios de hábitos.
Ese es uno de los principales contrastes que surge de la segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos, presentada por Cheaf, la aplicación movil internacional que conecta comercios gastronómicos con excedentes de comida, que reunió las respuestas de 4.504 personas de Argentina, Chile, Colombia y México. Ecobiz participó de la presentación del informe, que buscó conocer cómo las personas perciben el desperdicio, qué comportamientos adoptan al comprar y consumir alimentos y qué esperan de empresas y autoridades.
Según el relevamiento, el 91% de las personas considera que el desperdicio de alimentos es un problema al menos relevante y un 19% lo califica como crítico. Al mismo tiempo, el 88% de los hogares reconoce tirar comida al menos una vez por mes, mientras que cerca de cuatro de cada diez (39,8%) admiten hacerlo al menos una vez por semana a nivel regional.
La distancia entre la preocupación y la conducta cotidiana aparece como uno de los principales desafíos. Entre quienes consideran que el desperdicio es un problema crítico o muy relevante, un 40% reconoce desperdiciar alimentos semanalmente, una proporción prácticamente similar al 38% registrado entre quienes le asignan menor importancia.
Para Kim Durand, fundador y CEO de Cheaf, esto demuestra que el desafío ya no pasa solamente por generar conciencia. “Las personas saben que desperdiciar alimentos tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas, pero eso no necesariamente cambia lo que ocurre en la cocina o al momento de comprar. La pregunta ahora es cómo hacemos que la opción de no desperdiciar sea también la opción más fácil”.
Cuando la comida se pierde antes de llegar al plato
Los motivos detrás del descarte permiten observar que una parte importante del problema se origina mucho antes de que los alimentos lleguen a convertirse en sobras. A nivel regional, el 59,3% de los encuestados señala que tira comida porque se descompone antes de utilizarla, mientras que el 37,4% dice que cocina de más y no la consume. En menor medida aparecen otras causas, como que el alimento haya llegado a su fecha de vencimiento (18,8%), haber olvidado que se lo había comprado (14,1%) o que no haya gustado o haya quedado mal preparado (6,7%).
El dato pone el foco en la falta de planificación previa: la acción más frecuente antes de comprar es apenas revisar qué hay en casa (49%), mientras que solo el 31,6% elabora una lista de compras y apenas un 12,3% planifica el menú semanal.
También la edad marca una diferencia sustancial en la gestión del hogar: el 52% de los jóvenes de 18 a 24 años reconoce desperdiciar alimentos semanalmente, frente a un 33% entre las personas de 45 a 54 años.
Las promociones también pueden tener un efecto paradójico. El 43% de quienes reconocen que ofertas por varias unidades, como el 2x1, los llevan a comprar más de lo necesario, declara desperdiciar alimentos semanalmente (42,7%), frente al 36,1% entre quienes no modifican su compra. En tanto, al elegir un producto próximo a su fecha de vencimiento, el 37% afirma que lo compraría solo si tuviera descuento, abriendo una oportunidad concreta para que Cheaf y el retail transformen ese riesgo en una alternativa real de consumo.
El bolsillo gana peso
En Argentina, la dimensión económica adquiere especial relevancia. El 49% de los encuestados argentinos señala que el aumento del precio de los alimentos fue el principal factor que influyó durante este año en su manera de comprar y aprovechar la comida. A nivel regional, el 62% de los hogares estima que pierde hasta un 10% de sus ingresos mensuales en alimentos que terminan descartándose.
Esta presión sobre el presupuesto familiar convirtió a la Argentina en el país con menor frecuencia de desperdicio de la región: solo el 26,1% de los hogares tira comida semanalmente (frente al 49,9% de Chile o el 42,6% de México) y un 23,5% asegura no desperdiciar nunca, la cifra más alta de los países relevados.
“En un contexto en que los alimentos son cada vez más relevantes para el presupuesto familiar, desperdiciar comida significa también desperdiciar dinero”, sostiene Durand.
Desde esta perspectiva, las herramientas de rescate pueden generar un doble beneficio: permitir que los consumidores accedan a alimentos a menor precio y, al mismo tiempo, evitar que productos que todavía pueden ser consumidos terminen descartados.
Cheaf conecta precisamente a comercios que tienen excedentes con consumidores que pueden adquirirlos con descuento. La plataforma, que nació en México en 2020 y llegó a Argentina en 2025, ya opera en 18 provincias y más de 80 ciudades del país, con una comunidad de más de 900.000 personas usuarias.
Según datos de la compañía, en Argentina la aplicación alcanzó 1,4 millones de descargas y permitió rescatar más de 700.000 kilos de alimentos que de otro modo hubieran terminado como desperdicio. Ese volumen también tiene una dimensión ambiental: la empresa calcula que la operación local permitió evitar la emisión de 1,75 millones de kilos de gases de efecto invernadero y aprovechar más de 350 millones de litros de agua asociados a la producción de esos alimentos.
La lógica de funcionamiento es sencilla: a través de la aplicación, los usuarios pueden acceder a packs de alimentos preparados por supermercados, cadenas de retail, panaderías, cafeterías y otros comercios. Son productos aptos para el consumo que, por diferentes razones, ya no continuarán dentro del circuito tradicional de venta y que se ofrecen con descuentos respecto de los precios habituales.
Para Juan Etcheverry, Country Manager de Cheaf Argentina, uno de los principales aportes de la plataforma, es simplificar la experiencia, tanto para los consumidores como para los comercios.
“La clave que aporta la tecnología es la simplicidad del proceso. Hace algo que de otra forma sería muy complejo, y lo logra de una forma muy simple”.
En pocos pasos, los consumidores pueden reservar un paquete y retirarlo en el comercio, mientras que los establecimientos encuentran una alternativa para gestionar sus excedentes y recuperar parte del valor de alimentos que, de otro modo, podrían convertirse en desperdicio.
Qué esperan los argentinos de los supermercados
El rol de las empresas aparece como otro de los puntos relevantes de la investigación. A nivel regional, el 74% de las personas identifica a los supermercados y grandes cadenas como actores con responsabilidad en la reducción del desperdicio. En Argentina, la proporción alcanza el 67,3%, por encima de la percepción de responsabilidad atribuida a otros actores.
A la hora de pedir soluciones, el 52% de los encuestados regionales se inclina por establecer incentivos para donar o rescatar alimentos, mientras que un 28% prioriza facilitar donaciones a bancos de alimentos. Solo un 10% considera que la respuesta debe ser multar a las empresas. Sin embargo, la desinformación persiste: un 57% no sabe si existen leyes al respecto y el 82% considera que las reglas para donar o vender con descuento son poco claras.
La señal es clara: más que sanciones, los consumidores parecen demandar herramientas que hagan posible reducir el desperdicio.
Para Durand, el desafío consiste justamente en pasar de la preocupación a la acción.
“Hay una expectativa muy clara hacia las empresas, particularmente hacia el retail, pero también hay una señal respecto de cómo la sociedad quiere que se aborde este desafío: con incentivos y herramientas que permitan actuar, más que solamente con sanciones”, dijo.
En un escenario en el que los alimentos pesan cada vez más sobre el presupuesto familiar, el desperdicio comienza así a mirarse desde una perspectiva que combina economía, consumo y sustentabilidad. El desafío para hogares, comercios y empresas ya no parece ser solamente reconocer que la comida no debería terminar en la basura, sino encontrar mecanismos concretos para evitarlo.



