Actualidad
16.09.2026

Hielos patagónicos

Una expedición sale a buscar plásticos allí donde la mano del hombre no llega

La Mission Spiritus lleva adelante una expedición en los territorios más remotos del planeta. Una biotecnóloga rosarina es parte del equipo

Por: Eugenia Langone mail

Encontrar micro y nano plásticos en una travesía de 200 kilómetros que se extenderá durante 20 días en uno de los paisajes más extremos del mundo, es el desafío de la Mission Spiritus. Un equipo de seis personas, entre ellos una rosarina, recorre desde el último sábado el Campo de Hielo Patagónico Sur, en la frontera con Chile. 

Se trata de la cuarta de siete expediciones que se llevan adelante en los territorios más remotos del planeta y que en esta oportunidad tiene entre sus integrantes dos exploradores ingleses y ex Royal Marines británicos - Alan Chambers y Billy Perham - dos guías de alta montaña que liderarán la travesía, y otros dos guías auxiliares entre los que se encuentra Valeria Crosa, biotecnóloga graduada en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), ex trabajadora del Parque Nacional Los Glaciares y guía de montaña. 

“Es muy emocionante porque esta expedición reúne todo mi recorrido de los últimos años”, dijo Crosa a Ecobiz pocas horas antes de iniciar la travesía. 

El Campo de Hielo Patagónico Sur es la tercera extensión de hielos continentales más extensa del mundo después de la Antártida y Groenlandia, y la primera de carácter continental no polar y con acceso terrestre. Desde allí se desprenden un total de 49 glaciares, entre los que se encuentran los más extensos, Upsala y Viedma con más de 900 kilómetros cuadrados del lado Argentino, además del Perito Moreno, y los chilenos Jorge Montt y el Pío XI, con más de mil kilómetros cuadrados. 

Gran parte de su extensión se encuentra protegida y forma parte de diferentes parques nacionales Bernardo O'Higgins y Torres del Paine en Chile, y el de Los Glaciares en Argentina.

Billy Perham y Alan Chambers, los investigadores de la Spiritus Mission en otra de las misiones del equipo.

El terreno que deben atravesar para la recolección de las muestras es de los más complejos de transitar. “Es una vuelta que comercialmente no es común y se ha hecho pocas veces antes, ya que hay que avanzar sobre glaciar y terreno nevado durante muchos días en lo que se permanece aislado”, explica Crosa, la única mujer integrante del equipo y encargada además de la logística previa de la expedición y los permisos necesarios para transitar la ruta que se inició en El Chaltén. 

A esas complejidades se suma la carga necesaria para que el equipo sea autosuficiente a lo largo del recorrido, lo que significa que cada uno de los integrantes llevará una mochila cuyo peso varía entre los 25 y los casi 40 kilos en trayectos diarios de entre 8 y 15 kilómetros.

Para avanzar usarán skis de travesía y el momento del año fue elegido especialmente. “La cercanía de la primavera es la mejor época para hacer la vuelta al hielo porque aún hay nieve y eso hace que sea más fácil moverse”, detalla. 

Donde la actividad humana no llega

Chambers y Perham son dos exploradores, ex Royal Marines e integrantes de Mission Spiritus, la iniciativa que llevará adelante esta travesía, pero también ya concretó otras tres en sitios remotos de la Antártida, el desierto de Omán y las islas Feroe en el Atlántico Norte. Para adelante, además, ya proyectan alcanzar territorios en África, Australia y el llamado Paso del Noroeste, que es la ruta que conecta los océanos Atlántico y Pacífico a través del Ártico. 

El glaciar Pio XI, en la Patagonia chilena, es una de las formaciones por donde pasará la expedición.

Convencidos de que a través de “la aventura, la investigación, la educación y una narrativa global se puede alcanzar un cambio cultural”, como lo detallan en el sitio web del proyecto, Chambers y Perham son los encargados de alcanzar cada uno de esos sitios remotos. El objetivo, señalan con claridad, es que cada expedición les permita “descubrir la verdad sobre la contaminación plástica y el impacto que ésta tiene tanto en la salud humana como en el ambiente. 

Así, estos dos británicos serán los encargados a lo largo de la travesía de juntar las muestras, un trabajo que aclaran llevarán adelante manualmente y sin ninguna asistencia mecánica. 

Además, se detalla que la autorización otorgada por el parque nacional les permitirá tomar diversos materiales, agua, hielo y sedimentos, que en todos los casos serán analizados a su regreso por el Lamont-Doherty Earth Observatory, en Nueva York.

“El proyecto busca llegar a lugares remotos donde se supone que la actividad humana no llega y en este caso, se trata del punto que eligieron en América del Sur”, afirma la rosarina, que si bien da cuenta de análisis previos sobre contaminación plástica que se habían realizado en el Parque Nacional los Glaciares, en todos los casos se trató de sectores con actividad humana. 

“La contaminación plástica es algo que ahora se está estudiando bastante, ya se habían hecho algunos análisis en la zona de El Chaltén sobre calidad de agua y contaminación, pero más cercano al pueblo”, explica. 

Además indica que actualmente se desarrolla un proyecto específico enfocado en la contaminación de plásticos, pero también en este caso se trata de una iniciativa que toma muestras en ríos de montaña cercanos a las zonas de campamentos, donde también se busca conocer el impacto de la actividad humana. 

Más allá de los aspectos técnicos y sin dejar de señalar “la complejidad” de la travesía, Crosa no oculta la “emoción” que de la experiencia que no sólo reúne todos sus recorridos previos como investigadora, trabajadora del Parque Nacional y ahora guía de montaña, una carrera que completó hace pocos meses. 

Sin embargo, otro plus es que se trata de la única mujer en el equipo y de las pocas que han hecho esta travesía. “Estoy un poquito orgullosa de representar a las mujeres que estamos en la montaña porque si bien hay muchas más mujeres guías de las que había años atrás, nos sigue costando más que a los varones acceder a estas expediciones, y esta en particular es una travesía que hace poca gente y menos aún mujeres”, concluye. 

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