Actualidad
14.09.2026

Se multiplican

Tres reservas privadas donde producción y biodiversidad hacen alianza

Son espacios con certificación forestal internacional donde conviven el negocio y el cuidado del territorio y el ambiente. Aquí te lo contamos

¿Producir o conservar? En Argentina, distintos paisajes forestales muestran que esas acciones, presentadas en ocasiones como opuestas, pueden formar parte de una misma ecuación económica. Se trata de plantaciones forestales destinadas a producir madera que hoy conviven con bosques nativos, humedales, pastizales y áreas especialmente destinadas a la conservación de la biodiversidad. 

Además, en esas áreas de gestión forestal sostenible trabajan guardaparques y se realizan actividades como: monitoreo de fauna, restauración de ambientes, viveros de especies nativas, control de especies invasoras, investigación científica, educación ambiental y mantenimiento de infraestructura.

El estándar argentino de gestión forestal utilizado dentro del sistema PEFC (Programa para la Homologación de Sistemas de Certificación Forestal) establece que deben identificarse sitios prioritarios para la conservación, definir objetivos específicos para mantener o incrementar sus valores y adoptar medidas de protección para especies raras, vulnerables o en peligro incluyendo sus hábitats. 

También incorpora un concepto especialmente relevante: la conectividad ecológica. La planificación y gestión de las plantaciones forestales debe contribuir a mantener, mejorar o restaurar conexiones entre sistemas naturales, remanentes de ambientes nativos y áreas protegidas.  

En Argentina hay tres reservas privadas donde estos conceptos cobran vida y se expresan en el territorio.

San Jorge: conservar también es conectar

En el departamento de Iguazú, Misiones, la Reserva San Jorge, gestionada por la compañía Arauco Argentina y declarada Reserva Forestal Privada en 1999, protege 16.500 hectáreas de selva paranaense con altos atributos de valor para la conservación y biodiversidad.  

En Gualeguaychú, Entre Ríos, El Potrero conjuga en un mismo modelo producción y conservación. 

Su importancia excede incluso sus propios límites. San Jorge integra un bloque de más de 110.000 hectáreas de monte nativo y áreas de alto valor de conservación y ocupa una posición estratégica que contribuye a conectar el Parque Nacional Iguazú con el Parque Provincial Urugua-í. De esa manera, ayuda a mantener continuidad entre grandes áreas naturales del norte misionero, una condición fundamental para el desplazamiento y supervivencia de numerosas especies.

La reserva presenta ambientes diversos - bosques, bajos, bañados y otros ecosistemas característicos de la Selva Paranaense - y una elevada diversidad de orquídeas, árboles y aves, incluidas especies endémicas o amenazadas. Entre los mamíferos registrados aparecen dos emblemas de la biodiversidad argentina: el yaguareté y el tapir.

El Potrero: producir, restaurar y crear naturaleza

En Gualeguaychú (Entre Ríos) Reserva El Potrero lleva el concepto a un paso diferente: producción y conservación forman parte de un mismo modelo. La propiedad tiene alrededor de 30.000 hectáreas y destina el 68% de su superficie a la conservación de ambientes naturales y biodiversidad. Dentro de ella, 18.112 hectáreas fueron declaradas Área Natural Protegida–Reserva de Uso Múltiple por la provincia de Entre Ríos.

Al mismo tiempo, posee 4.954 hectáreas de tierras con aptitud forestal, principalmente destinadas al cultivo de eucaliptos y, en menor medida, pinos. La madera abastece diferentes industrias y la propia reserva explica que las áreas no productivas dentro de las forestaciones son recuperadas como pequeños espacios de biodiversidad y refugio para fauna nativa. Su gestión forestal cuenta con certificación PEFC.

Su principal característica es la restauración. En áreas degradadas por antiguas prácticas agrícolas y forestales o afectadas por especies invasoras, El Potrero desarrolla programas de regeneración que incluyen control de especies exóticas, producción de árboles nativos en vivero propio y reforestación. Entre 2024 y 2025 alcanzó la plantación de 20.000 ejemplares nativos, dentro de un proyecto destinado a recuperar unas 40 hectáreas de ambientes degradados.

A eso se suman la rehabilitación y liberación de fauna, investigación, monitoreo, educación ambiental y proyectos específicos de conservación de especies. Su informe anual 2025 registra, entre otras acciones, trabajos vinculados con aguará guazú, corzuela parda y aves amenazadas. 

Eso tiene, además, una dimensión económica. La propia reserva explica que las actividades productivas realizadas bajo criterios de sostenibilidad aportan recursos económicos al área de conservación, mientras ésta devuelve servicios ambientales que contribuyen a la sostenibilidad del sistema en el tiempo.

Papel Misionero: selva protegida

El tercer caso también es de Misiones. La Reserva Natural Cultural Papel Misionero, perteneciente al patrimonio natural de Papel Misionero, empresa de Grupo Arcor, protege 10.397 hectáreas del Bosque Atlántico del Alto Paraná. Fue creada en la década de 1990 y constituye uno de los pocos bosques continuos que permanecen en esa ecorregión.

En el área viven especies como mono caí, mono aullador, tapir, venados, pecaríes, puma y yaguareté y 17 especies de aves amenazadas, entre ellas yacutinga, bailarín castaño, carpintero cara canela y batará pecho negro, además de registros históricos de águila harpía. El área fue reconocida como Área Clave para la Biodiversidad (KBA) y Área Importante para la Conservación de las Aves (IBA).

La conservación tampoco es pasiva. Entre las herramientas utilizadas se encuentra el monitoreo de fauna mediante cámaras con sensores infrarrojos, que permite registrar mamíferos y obtener información sobre la salud del ecosistema para orientar las acciones de protección. 

El caso muestra otra dimensión de la convivencia entre actividad económica y conservación: la capacidad de sostener grandes superficies de ecosistemas nativos en el largo plazo, generando conocimiento y herramientas de monitoreo que permiten evaluar su estado.

Los tres casos tienen certificados de Gestión Forestal Sostenible PEFC Argentina. Esto significa que las áreas destinadas a conservación no son consideradas por fuera de la gestión productiva, sino como parte de una misma unidad de gestión forestal, en la que producción, protección de la biodiversidad y otros servicios ecosistémicos deben ser planificados y gestionados de manera integrada.

Actualmente, de las 380.692 hectáreas certificadas bajo Gestión Forestal Sostenible PEFC en Argentina, el 53% corresponde a áreas destinadas a producción y el 47% a conservación. Es decir, prácticamente una de cada dos hectáreas comprendidas dentro de las superficies certificadas cumple una función vinculada a la conservación.

“Cuando hablamos de gestión forestal sostenible, no hablamos solamente de cómo se produce madera. Hablamos de cómo se gestiona todo un territorio, incluyendo sus áreas productivas, los ambientes naturales, la biodiversidad, el agua y los sitios prioritarios para la conservación. Estos casos permiten mostrar que producción y conservación pueden formar parte de una misma planificación y sostenerse en el tiempo”, explicó Florencia Chavat, directora ejecutiva de PEFC Argentina.
 

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