Buenas prácticas
El carbono empezó a engordar el bolsillo de los ganaderos
El programa Sara, de Ruuts, Ovis21 y Anthesis pagó los primeros créditos de carbono generados en Sudamérica. Los datos de Argentina
Los productores que realizan ganadería regenerativa ya comenzaron a ver los resultados de sus prácticas en el bolsillo. La plataforma de regeneración Ruuts, a través de su programa Sara (Sudamerican Regenerative Agriculture Ranching Program) ya repartió u$s 1,2 millones por los créditos de carbono generados en los campos que realizan una producción holística, priorizando el cuidado del suelo y el ambiente. En Argentina suman 100 y alrededor de 20 en la provincia de Santa Fe.
Sara es un programa desarrollado por Ruuts junto a Ovis 21 - empresa argentina certificada B que promueve la actividad - y Anthesis, compañía de servicios medioambientales global. Hace pocos meses alcanzó la primera emisión de créditos de carbono verificados (VCUs) por la consultora internacional Verra bajo la metodología VM0042.
Ese logro consolidó al programa como uno de los pioneros a nivel mundial bajo este estándar y el más grande de Sudamérica en emitir créditos de carbono. Lo que se traduce ahora en un beneficio económico directo para las familias productoras que vienen implementando planificación holística del pastoreo en sus campos.
"Los créditos de carbono son el catalizador de un cambio que venimos impulsando hace más de 17 años en la producción ganadera Sudamericana. La ganadería regenerativa tiene tantos atributos que tarde o temprano se volverá la norma, pero creemos que este hito va a transformar un crecimiento orgánico en uno exponencial porque la humanidad así lo necesita y está dispuesto a pagarlo", dijo Pablo F. Borrelli, CEO de Ruuts.
En Santa Fe, donde hay un centenar de productores realizando ganadería regenerativa, unos 20 ingresaron al programa. Así lo explicó Ivana Diruscio, veterinaria, productora e integrante del nodo Perennia (Santa Fe) de Ovis21, quien arrancó la práctica en 2019 en el campo propio de 60 hectáreas en Uranga (distrito La Vanguardia) y en 2023 en el que hoy arriendan en Coronel Bogado, ambos muy cerca de Rosario.
"Cuando surgió lo del carbono nos sumamos, porque no era nada distinto a lo que ya estábamos haciendo", dijo al señalar que es la consecuencia económica de un cambio de paradigma previo. “Es un plus, no es que te vas a salvar por eso, pero es un reconocimiento a lo que venís haciendo", dijo.
En el primer ciclo de comercialización del programa el monto se repartió entre los productores a un valor promedio de u$s 27 por hectárea. De los 209.244 créditos verificados, una parte ya se colocó en el mercado y el resto está disponible para nuevos compradores, lo que abre la puerta a nuevos desembolsos.
Gerardo Fioretti, productor a cargo de los establecimientos La Jota y Los Migueles en la Depresión del Salado, es uno de los que ya vio el pago reflejado en su cuenta. Aplica pastoreo planificado desde 2019 y este año registró un promedio de 3 toneladas de carbono fijado por hectárea. "Estamos anotados con Ruuts para cobrar bonos de carbono y, de hecho, lo estamos haciendo. Este es el primer año donde ya hemos tenido resultados muy alentadores para nosotros, y estamos cobrando los primeros bonos que se vendieron en este trimestre. Estamos muy contentos con el resultado", cuenta.
“Hace más de cuatro años, cuando conocí a Pablo F. Borrelli y al equipo, me impresionó la determinación y el sentido de propósito que tiene Ruuts. El impacto que están generando en productores y nodos (su red en terreno) cambia vidas. Lograr esto requiere una enorme dosis de coraje, integridad y perseverancia, y hoy ya lo están haciendo en cuatro programas de gran escala. Es impresionante." señaló Geert Eenhoorn, director de Desarrollo de Proyectos de Carbono en Anthesis.
Detrás de cada pago hay un sistema de Medición, Reporte y Verificación (MRV) que combina monitoreo satelital, modelización de carbono y el trabajo de los nodos, la red de técnicos acreditados de Ovis 21 que releva en el campo indicadores como biodiversidad, cobertura de suelo e infiltración de agua. Ese cruce entre tecnología y trabajo de campo es lo que permite convertir cada hectárea regenerada en un crédito verificable, y cada crédito verificable, ahora, en un depósito concreto.
La compañía proyecta escalar el esquema de pagos hasta desembolsar u$s 30 millones anuales para 2030, a medida que más hectáreas y productores se sumen a la red.



