Ciencia que dá respuestas
Creó test rápidos que permiten monitorear la contaminación del agua y fue premiada
Daiana Capdevilla, la investigadora del Conicet que desarrolló los biosensores en el Instituto Leloir, recibió el Premio Estímulo 2026 de la Fundación Bunge & Born
Por: Eugenia Langone mail
“Cuando ves la ciencia resolviendo un problema de la comunidad te da mucha emoción y eso te cambia la perspectiva”. Para la doctora en Química e investigadora del Conicet, Daiana Capdevilla, esa convicción está directamente ligada a la experiencia que la atravesó durante la pandemia de Covid, recién llegada a la Argentina desde Estados Unidos, y sobre todo al desarrollo de biosensores, test rápidos, que le permiten analizar la contaminación ambiental de los cursos de agua y que ya se utilizaron en la Cuenca Matanza Riachuelo en la provincia de Buenos Aires.
Capdevilla aún no llega a los 40, pocos meses antes del inicio de la pandemia comenzó a dirigir a una decena de investigadores en el Instituto Leloir, en 2020 L´Oreal-Unesco la distinguió con el premio “Por las mujeres en la Ciencia” y ahora la Fundación Bunge y Born le otorgó el Premio Estímulo 2026 en el marco de los reconocimientos en química.
“Siempre me interesó la biología y las aplicaciones pero nunca había participado de proyectos que dieran este tipo de respuestas. Lo que me pasó fue que allí pude ver al sistema dando respuestas”, dice en diálogo con Ecobiz y agrega: “Uno viene tratando ser un mega experto en cosas chiquitas y de golpe, eso que aprendimos se puede usar para dar soluciones y eso fue transformador y cambió de modo irreversible cómo hacemos ciencia en el laboratorio. Nos enfocamos en avanzar la frontera del conocimiento a través de la ciencia básica, pero siempre tratando de dar respuestas a otros problemas”.
Su relación con la ciencia y con la química en particular está muy ligada a su infancia, a su mamá profesora de matemática - lo que hacía que los cálculos no fueran un cuco para ella - y su abuelo paterno que tenía un laboratorio de análisis clínicos que dejó sus marcas en la niña de apenas 6 años, la edad que él falleció.
Los docentes y la escuela, las experiencias derivadas de esos espacios, hicieron su parte, aunque admite que en el caso de la química el sistema educativo todavía enfrenta el desafío de que las memorizaciones interminables salgan del centro de la escena para poder mostrar lo que se hace en un laboratorio, que aparece poco en las aulas.
“Tengo la misma edad que (Leo) Messi, lo que pasa es que en el fútbol te estás retirando y en la ciencia estás recién arrancando”, bromea en relación a que la distinción recibida está dirigida a investigadores en el inicio de su carrera.
Posdoctorado y retorno
Ya doctorada en fisicoquímica de sistemas biológicos, los años previos a la pandemia de Covid la encontraron en la Universidad de Indiana (EEUU), donde transitó su formación posdoctoral. “Investigaba bacterias”, cuenta, aunque admite que ya en ese momento “pensaba y tenía ganas de hacer aplicaciones a partir de lo que estaba investigando”.
A su regreso a la Argentina, en 2019, cuando desembarcó por concurso en el Instituto Leloir ya había desarrollo de biosensores (tests rápidos) para distintas enfermedades infecciosas, fundamentalmente de moléculas que contienen azufre y que son importantes en enfermedades relacionadas con el intestino y las bacterias que viven allí. Luego vino el desarrollo ambiental, un área en la que Capdevilla no había trabajado.
“Tengo la misma edad que Messi, lo que pasa es que en el fútbol te estás retirando y en la ciencia estás recién arrancando”
Fue a partir de una colaboración con la Universidad de Northwestern, donde a partir del descubrimiento de las proteínas de las bacterias, es que la científica se ocupa de regular la disponibilidad de metales dentro ellas y trabaja en la evolución de esas proteínas para distinguir un metal de otro.
“Ellos estaban armando una plataforma para el censado de metales pesados y comencé a participar para determinar cómo funcionaban los metarreguladores y eso desencadenó en el contacto de Acumar (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo), con quienes comenzamos a plasmar proyectos y a ver el valor de lo que podíamos hacer”, relata.
Monitoreo ambiental
El proceso terminó con el desarrollo de biosensores, pero que esta vez se aplicarían al análisis y monitoreo de la contaminación ambiental, y que tuvo como campo de aplicación la Cuenca Matanza Riachuelo para la detección de plomo, zinc, cobre y níquel.
“Nos queda todavía el desafío de poder desarrollar el test para arsénico, que tiene otra complejidades”, señala. Los resultados, que se obtienen en 15 minutos, permiten un monitoreo de los cursos de agua en el mismo terreno.
“Claro que estas tiras reactivas no otorgan los resultados de las técnicas analíticas establecidas, pero sí permiten poder realizar muestreos en el lugar y determinar la asignación de recursos de acuerdo a las necesidades y a estos resultados”, explica.
Lo cierto es que estos test rápidos aprendieron mucho además de lo hecho durante la pandemia, ya que toman elementos de los desarrollos que permitieron también realizar testeos rápidos de Covid sin extracciones de sangre, lo mismo que años antes se habían desarrollado para el virus del VIH.
Con estos avances, ahora enfrentan dos desafíos: poder medir arsénico, que es una de las problemáticas que enfrentan muchas comunidades del centro del país como Santa Fe y Córdoba, así como desarrollar lo que llaman “multiplexing” que es la fabricación de una sola tira reactiva que permita la medición de diferentes elementos.
Para todo eso, los premios, admite, “son un impulso”. Aunque en el contexto actual de la ciencia argentina que, señala, “está llena de malas noticias en el último tiempo”, afirma sin dudar que “cambiaría cualquiera de estas distinciones por tener mejores noticias en las políticas públicas científicas de la Argentina”.


