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El acuerdo UE- Mercosur: ¿quién pasa el test verde?
Las exigencias europeas en materia de sostenibilidad marcan una nueva agenda y redefinen la competitividad empresarial
Por: Fabián Garófalo (*)
El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur vuelve a instalar un tema central para el sector privado: la competitividad ya no se mide únicamente en costos, escala o capacidad exportadora. Hoy, los mercados más exigentes también observan cómo las empresas gestionan sus impactos ambientales, sociales y de gobernanza (ASG).
En este nuevo escenario, la sostenibilidad deja de ser un atributo complementario y pasa a ocupar un lugar estratégico. Para muchas empresas argentinas, esto implica revisar procesos, fortalecer sistemas de información y prepararse para responder a estándares cada vez más exigentes en materia de trazabilidad, transparencia y desempeño.
Un cambio de contexto para las empresas
Durante años, el debate sobre integración comercial estuvo enfocado en barreras arancelarias y acceso a mercados. Sin embargo, el entorno internacional evolucionó. En particular, Europa viene consolidando una visión donde el comercio y la sostenibilidad avanzan de manera cada vez más integrada.
Ese cambio no responde solo a una tendencia cultural o reputacional. También está siendo impulsado por nuevas regulaciones de la UE que están redefiniendo las condiciones de acceso al mercado. Entre ellas, ganan relevancia normas vinculadas con la debida diligencia en sostenibilidad (CSDDD), mayores exigencias de reporte corporativo (CSRD), controles sobre deforestación en cadenas de suministro (EUDR) y mecanismos como el ajuste de carbono en frontera para determinados sectores (CBAM).
Esto significa que las organizaciones que aspiran a participar, mantenerse o crecer en cadenas de valor vinculadas a esos mercados deberán demostrar mayor solidez en aspectos como:
• gestión ambiental,
• prácticas laborales responsables,
• cumplimiento normativo,
• control de riesgos en la cadena de suministro,
• y mecanismos de gobernanza consistentes.
Más allá del contenido específico del acuerdo, la señal de fondo es clara: el acceso a mercados de alto valor estará crecientemente asociado a la capacidad de demostrar una gestión empresarial responsable y verificable.
Qué significa esto en la práctica
Para los exportadores argentinos, el impacto ya empezó a tomar forma concreta. Un ejemplo es el sistema de certificación para carne bovina libre de deforestación, articulado con plataformas de trazabilidad como Visec, que busca responder a las exigencias europeas en esta materia. En la práctica, esto implica poder demostrar que ciertos productos, como carne o soja, no provienen de áreas afectadas por deforestación reciente y que existe trazabilidad desde el origen hasta la exportación.
Al mismo tiempo, las nuevas normas europeas están trasladando mayores exigencias a toda la cadena de suministro. Los compradores de la UE deberán evaluar riesgos en sus proveedores, pedir información más detallada, incorporar cláusulas contractuales, exigir medidas correctivas e incluso revisar la continuidad del vínculo comercial si identifican incumplimientos relevantes en temas laborales, ambientales o de uso del suelo.
A esto se suma una presión informativa creciente. Muchas empresas argentinas, incluso sin exportar directamente, deberán aportar datos más precisos sobre emisiones, uso del agua, impacto sobre biodiversidad o condiciones laborales para seguir integrando cadenas orientadas al mercado europeo.
"La sostenibilidad se consolida como un componente estructural del entorno de negocios"
Para muchas pymes, la exigencia será indirecta, pero real: quien no pueda demostrar gestión, trazabilidad y datos confiables tendrá más dificultades para sostener su posición como proveedor.
Del compromiso declarado a la evidencia
Uno de los principales cambios del mercado internacional es que ya no alcanza con comunicar compromisos. Los distintos actores del ecosistema empresarial esperan evidencia.
Eso exige a las organizaciones avanzar hacia modelos de gestión donde las definiciones estratégicas estén acompañadas por:
• indicadores consistentes,
• información trazable,
• procesos auditables,
• y responsabilidades claramente asignadas.
Desde esta perspectiva, la sostenibilidad ya no se limita a una narrativa institucional. Se convierte en una dimensión concreta de la gestión corporativa.
Una oportunidad para anticiparse
Si bien estas exigencias implican mayores costos de cumplimiento, también abren oportunidades. Las empresas que comiencen a trabajar hoy en trazabilidad, debida diligencia ASG, certificaciones y calidad de datos estarán mejor posicionadas para adaptarse, reducir riesgos y fortalecer sus relaciones comerciales.
En un contexto de transformación global, la preparación temprana puede convertirse en una ventaja competitiva real.
El acuerdo UE-Mercosur puede ser leído como un avance en materia comercial, pero también como un indicador de época. La sostenibilidad se consolida como un componente estructural del entorno de negocios.
Para las empresas argentinas, esto plantea una oportunidad concreta: evolucionar desde una mirada reactiva hacia una estrategia de anticipación, fortaleciendo capacidades que ya no solo impactan en la reputación, sino también en la viabilidad y competitividad del negocio.
En definitiva, prepararse para este nuevo contexto no es solo una cuestión de cumplimiento. Es una decisión estratégica.
(*) Cofundador de EcoEtika, una consultora dedicada a la transformación empresarial sostenible de pymes.



