Uvas que resisten
Regeneran viñedos centenarios que el boom inmobiliario empuja al olvido
En Mendoza, y con viticultura regenerativa, rescatan fincas en extinción. Sus vinos ganaron varios premios. Conocé cómo lo hacen
Por: Eugenia Langone mail
En el corazón de Luján de Cuyo, una zona históricamente reconocida por su excelencia vitivinícola, nació Sueños de Revolución un proyecto que trasciende la mera producción de vinos. La apuesta, liderada por los ingenieros agrónomos Pablo Caparrós y Mariana Rodríguez Rolfi, rescata a través de la viticultura regenerativa viñedos centenarios en vías de extinción ante el avance de las urbanizaciones y el mercado inmobiliario.
Mendocino él y santafesina ella, aunque con una rara mezcla de padre uruguayo e infancia transitada en Rosario, la pareja vivió desde 2011 a 2018 una experiencia de trabajo en huertas agroecológicas cuando les llegó la oportunidad de probar suerte con un viñedo abandonado en Chacras de Coria, a 18 kilómetros de Mendoza capital.
“El viñedo se venía abajo, era un matorral. Esta es la zona donde a finales del 1800, cuando (Domingo) Sarmiento impulsó el cambio en la zona para la producción a la francesas, se plantaron los primeros malbec que llegaron a la Argentina”, cuenta el ingeniero para dar cuenta del patrimonio y la tradición que se pierde con cada una de las fincas que se transforman en barrios privados.
Así, lo que comenzó como un esfuerzo por recuperar la finca de 1908 se transformó en un desafío mucho mayor: hacer vino de esas uvas y no perder la genética histórica.
La pandemia los puso en jaque y esa primera cosecha estuvo a punto de perderse, pero lograron avanzar. El segundo paso fue encontrar una bodega que les hiciera el vino y lo lograron: obtuvieron las primeras 200 botellas y etiquetaron con la frase de la canción de la banda El Bordo que escuchaban por esos días.
Así nació “Sueños de Revolución”. La certeza de seguir por ese camino llegó en 2024, cuando su vino “La Aldea Malbec 2021” fue elegido “Vino revelación en Argentina”.
La pérdida de tradición y patrimonio
Mendoza enfrenta una problemática que pone en riesgo su tradición vitivinícola de finales de 1800. Ya se han perdido gran cantidad de hectáreas de viñedos en los últimos años debido a la baja rentabilidad que enfrentan los pequeños productores y el avance de la infraestructura urbana.
“Cuando yo llegué a vivir a Luján de Cuyo en 1998 había viñedos y algunas casas, hoy la proporción es totalmente al revés. La población creció, esta zona fue elegida para salir de la ciudad y avanzó sobre estas tierras”, dice Mariana para describir el cambio en la fisonomía de la zona.
Las grandes empresas, cuenta, dejan en la zona sus bodegas, pero trasladan sus plantaciones a otros sectores de la provincia, como el Valle de Uco. “Ahí la tierra y las condiciones también son de lo mejor, pero lo que se pierde es el terroir”, marca Mariana sobre esa interacción única entre suelo, clima, relieve y uva que luego le dan a cada vino su esencia.
Sin embargo, a ese escenario se suma la baja rentabilidad que enfrentan los productores.
“Los precios son terriblemente bajos, este año hay productores que directamente no van a cosechar porque lo que sucede es que te pagan lo mismo que el año pasado y los que tienen que cosechar ahora todavía no terminaron de cobrar de lo que vendieron a las bodegas el año pasado”, explica. Así, está el que resiste y el que termina por vender la tierra para que sea urbanizada.
Mantener vivo el suelo
Sin dejar atrás lo aprendido en las huertas agroecológicas, el pilar del trabajo de Mariana y Pablo es la viticultura regenerativa, un enfoque que prioriza la salud biológica del suelo y la biodiversidad por encima del uso de agroquímicos sintéticos en el control de la producción, y que comparten con otros productores.
Coberturas vegetales y el uso de microorganismos naturales, son las técnicas que utilizan en la tierra que trabajan para lograr de esa manera mejorar la materia orgánica del suelo y capturar carbono. Una demostración de que es rentable producir vinos de alta calidad respetando los ciclos naturales y ahorrando recursos vitales como el agua.
“Lo fundamental es mantener el suelo vivo con la coberturas vegetales, pero también la ausencia de ciertas cosas. Movemos el suelo, pero no mucho, no aplicamos químicos y la biodiversidad de los microorganismos en el suelo es la clave”, explica la ingeniera, que admite que “no hay recetas” y bromea: “En la facultad de agronomía nadie te enseña a regar un viñedo”.
“Vas viendo lo que le das y lo que la naturaleza te responde”, continúa y no deja de mencionar que es el contexto el que después hace su parte. “El año pasado cosechamos en 2 hectáreas 4.700 kilos de uva y este año, en el mismo lugar, no llegamos a 2 mil”, cuenta a Ecobiz en un descanso plena cosecha.
La validación de la crítica
A ocho años de haber dado los primeros pasos, Sueños de Revolución ya tiene siete vinos en el mercado y dos más en proceso, dos fincas en Chacras de Coria donde ellos llevan adelante la producción y otros tantos sitios con quienes trabajan colaborativamente y en red, y a quienes les compran las uvas.
Cada botella que producen representa un distrito particular de Mendoza, una apuesta por expresar las características únicas de suelos que han sido cultivados durante más de cien años, manteniendo las parcelas separadas para no diluir la historia que cada viñedo tiene para contar.
“Lo que queremos mostrar y contar es que estas zonas no dejaron nunca de tener esa calidad centenaria y que perderlas, perder este terroir en el que crecen significa romper un ecosistema, y eso es irrecuperable”, insiste Mariana.
En 2024, tras todo ese recorrido y trabajo hecho por ellos mismos, llegaron las validaciones de quienes saben de vinos. La primera fue cuando “La Aldea Malbec 2021 obtuvo 95 puntos y fue nombrado “Vino Revelación de Argentina” en la Guía Descorchados, una publicación altamente valorada no sólo en Argentina y Chile, sino también en Estados Unidos, Inglaterra y Brasil.
Al año siguiente, cuando presentaron cuatro vinos de las añadas 2022 fueron mejor todavía: tres de las etiquetas resultaron premiados y “La Aldea Malbec 2022” obtuvo esta vez 96 puntos.
“Lo que más me impresionó es que después que les contamos la historia de los vinos, nos decían que en el vino podía encontrar esa historia de producción y naturaleza que tiene esta tierra”, señala Mariana.
Con lo hecho y a sabiendas de que esas historias que recuperan valen la pena tanto como los vinos que producen, la pareja enfrenta otros desafíos: incrementar las ventas, armar una rueda que les permita hacer sustentable el negocio y fortalecerlo. Con muchas más certezas que en el inicio, apuestan “a invertir y vender”, además de seguir haciendo vino e intentar poner una barrera verde al cemento allí donde desde hace cien años nacen vinos.



