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13.01.2026

Campo

"El sector agropecuario debe medir para gestionar, usando herramientas fiables"

Mariano Minaglia, Jefe de Departamento de Medio Ambiente Región Centro del Inti destacó las ventajas de utilizar el Análisis de Ciclo de Vida (ACV)

Por: Eugenia Langone mail

“Medir para gestionar”. La frase suena y resuena entre productores agropecuarios a la hora de saber a ciencia cierta cuáles son los impactos ambientales de los productos que llevan al mercado. Sin embargo, el camino de las mediciones aunque no es nuevo, se sigue profundizando y el método es la clave para hacerlo bien. “Todo lo que viene del medio ambiente tiene un propósito de publicidad y posicionamiento, y si no es serio, entramos en el greenwashing o lavado verde (estrategias de marketing engañosas). Por eso, es necesario un marco metodológico sólido para alcanzar perfiles fiables”, afirmó Mariano Minaglia, Jefe de Departamento de Medio Ambiente Región Centro del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti). 

Minaglia puso sobre la mesa un detalle sintético, pero preciso de cómo deben llevarse adelante los procesos de medición basados en el concepto fundamental de Análisis de Ciclo de Vida (ACV) de los productos de la agroindustria, desde su origen hasta su fin de vida, lo que consideró un indicador fundamental para comenzar a transitar el camino hacia una producción más sostenible basada en datos. Lo hizo en el marco del Congreso de Sostenibilidad: “Desafíos y oportunidades ambientales en el centro de la provincia de Santa Fe”, organizado por la Cooperativa Guillermo Lehmann

El especialista señaló que los sectores productivos están obligados a trabajar con urgencia en dos ejes centrales: la adaptación de sus modelos de vida y la mitigación de sus impactos. Y dijo que el sector agropecuario, y específicamente la industria láctea, no está ajeno a esta crisis. Ejemplos de eso son la variabilidad en la disponibilidad hídrica —manifestada en sequías e inundaciones— y el agotamiento de los recursos del suelo. Ambas son señales claras de que los sistemas de producción deben ser evaluados. 

Medir con rigor

Minaglia explicó que a la hora de “medir para gestionar” es indispensable hacerlo con rigor científico. En ese punto destacó que el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) surge como la herramienta fundamental para obtener una radiografía precisa de la sostenibilidad. 

El ACV permite identificar los impactos críticos ambientales, sociales y económicos en todas las etapas de un producto. A diferencia de mediciones aisladas, este estudio puede abarcar desde "la cuna hasta la tumba", incluyendo la producción primaria, la distribución, el uso por parte del cliente y la disposición final de los residuos. 

También existen alcances parciales, como el de "la cuna a la puerta" de la fábrica. Sin embargo, siempre el objetivo final es entender las interrelaciones de toda la cadena de valor para evitar trasladar problemas de un eslabón a otro. 

Este proceso, está avalado por normativas internacionales, empezando por las ISO 14040 e ISO 14044, que establecen requisitos básicos para una producción más sostenible, a la que se suman otras más específicas, como la ISO 14067, vinculadas a la emisión de gases de efecto invernadero.

Metodológicamente, el proceso se divide en cuatro fases esenciales: definición de objetivos, alcance, unidad funcional y fuentes de datos; la realización de un inventario ambiental y la recolectando datos; la evaluación y asignación de la carga ambiental a cada componente del inventario, y finalmente, la fase de interpretación de datos orientada a la mejora continua del sistema productivo. 

De esta manera, el experto indicó que actualmente se considera clave la medición ya no sólo de huella de carbono, sino también de al menos ocho huellas mínimas que deben comunicarse, entre las que se cuentan las emisiones de carbono, la escasez de agua y el adelgazamiento de la capa de ozono, entre otras. 

Recién agrupados estos impactos se puede analizar cómo la actividad afecta directa e indirectamente la salud humana, a los ecosistemas y a los recursos naturales. “Es una mirada integral que proporciona información robusta para comparar materias primas, adoptar insumos de menor impacto y posicionarse frente a las exigencias de la competencia internacional”, agregó. 

La importancia de comunicar

Con la certeza de que esa información generada tiene un valor estratégico, Minaglia destacó la importancia de que sea correctamente comunicada. En ese punto, indicó que existen actualmente ecorrotulados o ecoetiquetas que son clave en un mercado donde el productor puede comunicar y el consumidor, que cada vez más exige transparencia, elegir mejor. 

Así, marcó que el ACV no es solo un procedimiento técnico, sino una herramienta de gestión para detectar puntos críticos y optimizar procesos. Según precisó, “permite fomentar el concepto de economía circular y desarrollar nuevos productos más eficientes, y llena de contenido la demanda de los diferentes sectores de medir para gestionar”, como camino certero hacia la sostenibilidad.
 

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