Energía limpia y comunitaria
Las comunidades solares encontraron un canal verde en Córdoba
Un nuevo desarrollo con participación colectiva comienza a operar en el norte de Córdoba.
Por: Juan Ignacio Paur mail
En Dean Funes, al norte de Córdoba, avanza la construcción de un parque solar comunitario de 40 MW que introduce un modelo inédito en la Argentina: la generación de energía renovable a partir de una comunidad de participantes que invierten y se benefician de manera colectiva. El proyecto, desarrollado por Iris Energía, se posiciona como uno de los hitos más relevantes del sector energético a nivel provincial y nacional.
Se trata del Parque Solar Dinosaurio, ubicado sobre la Ruta Nacional 60, que contará con aproximadamente 58.500 paneles solares bifaciales, capaces de captar radiación por ambas caras y maximizar la generación. La energía producida se inyectará a la red provincial mediante una estación transformadora propia y líneas de alta tensión de 66 kV operadas por EPEC, reforzando la disponibilidad energética del norte cordobés. En una primera etapa, parte de la producción abastecerá a las unidades de negocio del Grupo Dinosaurio, mientras que el excedente se volcará al sistema eléctrico provincial.
En los últimos años, Córdoba comenzó a consolidarse como uno de los principales polos de desarrollo de comunidades solares del país, con proyectos que combinan generación renovable y esquemas de participación colectiva. En ese contexto de expansión del modelo, el parque que se construye en Dean Funes se distingue por su escala industrial y por trasladar esta lógica a un desarrollo de mayor envergadura.
La estructuración técnica, normativa y del modelo de negocio está a cargo de Iris Energía. “No es solo ahorro, es un modelo de negocio. Este proyecto demuestra la viabilidad y rentabilidad de las comunidades solares a gran escala”, explica Marcelo Sufé, socio y gerente de la empresa desarrolladora. Con una inversión estimada en u$s 30 millones, las obras se encuentran en etapa avanzada y la puesta en marcha total está prevista para los próximos meses.
Córdoba es líder en la implementación de parques solares comunitarios en Argentina. Hay proyectos en localidades como Morteros, General Roca, Villa Dolores y Villa del Rosario que abastecen hogares y empresas.
Qué es una comunidad solar
El funcionamiento de una comunidad solar es simple y está pensado para facilitar el acceso a la generación renovable sin que el usuario tenga que ocuparse de los aspectos técnicos. Los participantes invierten en unidades de participación del parque (equivalentes a paneles solares), cuyo valor parte de los 580 dólares por unidad. La energía generada se inyecta a la red eléctrica y luego se traduce en un crédito energético que se descuenta de la factura, independientemente de la ubicación del usuario. “No importa si vivís en una casa, tenés una pyme o una empresa: la energía se acredita administrativamente en tu factura, sin necesidad de instalar nada en tu techo”, explica Sufé.
Toda la gestión del proceso queda en manos de la firma, que analiza el consumo de cada participante, calcula cuántos paneles necesita para reducir su factura —incluso hasta valores cercanos a cero— y administra la operación técnica, regulatoria y comercial del sistema. “El inversor no tiene que hacer cálculos ni trámites: nosotros estructuramos el modelo, dimensionamos la participación y gestionamos la relación con la red eléctrica”, señala.
El esquema está diseñado para una amplia diversidad de actores: vecinos, comercios, pymes, grandes empresas e inversores, tanto pequeños como institucionales. La inversión es gradual y flexible, lo que permite ingresar con montos relativamente bajos y ampliar la participación con el tiempo. Las comunidades solares eliminan barreras técnicas y concentran los beneficios en una lógica compartida. “En una comunidad solar, cualquier persona puede ser protagonista de la generación de energía”, resume Sufé.
El futuro de las comunidades solares
El crecimiento de este modelo responde a una combinación de factores: el aumento del costo de la energía, la baja sostenida del costo tecnológico y la necesidad de previsibilidad. “Hoy el principal problema no es cuánto cuesta la energía, sino no saber cuánto va a costar en el tiempo. Este modelo permite estabilizar ese costo a largo plazo”, afirma Sufé.
A esto se suma el marco normativo, que exige a las empresas cumplir con cupos mínimos de consumo de energías renovables, tanto a nivel local como en mercados internacionales. “Para muchas compañías, la comunidad solar es una forma eficiente de cumplir con esos estándares sin realizar grandes inversiones individuales”, explica.
De cara a los próximos años, el sector proyecta una expansión acelerada del modelo, con nuevos parques y mayor participación de inversores. Iris Energía apunta a escalar esta experiencia como plataforma, replicando el esquema en otras regiones del país. Más allá del impacto ambiental, el caso de Dean Funes anticipa un cambio de paradigma: la energía renovable no solo como ahorro, sino como activo productivo, inversión y herramienta de desarrollo económico regional.



