Economía circular
Con el último sorbo de café armaron un negocio que escaló en el país
Diseñan y producen biomateriales con residuos gastronómicos. Tienen grandes proveedores y clientes como la cadena YPF Full
Por: Florencia Boeri mail
“Para una industria gastronómica más humana y sustentable” proclama la web de Etimo, el emprendimiento nacido en Ciudad Autónoma de Buenos Aires que elabora materiales y piezas a partir de residuos orgánicos de la gastronomía, que en un año logró reciclar 450 kilos de borra de café. Su producto modelo es una taza elaborada a partir de esa materia prima de desecho.
La fundadora de Etimo, Camila Castro Grinstein, es diseñadora textil formada en la Universidad de Buenos Aires (UBA). El emprendimiento nació en 2021 en el marco de un proyecto universitario que trascendió las aulas y en 2024 lanzó su primer producto al mercado.
Al año siguiente ya trabajaron junto a más de 15 cafeterías de la ciudad de Buenos Aires, con las que intercambian residuos por productos. Las alianzas incluyen desde pequeños comercios a jugadores de grandes ligas, por caso en 2024 gestaron un convenio con YPF Full - la cadena de retail de la petrolera argentina - y tienen acuerdos con 70 de sus sucursales.
En diálogo con Ecobiz, Castro Grinstein, contó la historia y el presente de su marca y señaló que cuando la borra del café se descarta sin tratamiento genera metano, un gas de efecto invernadero con un impacto climático muy superior al del dióxido de carbono.
El equipo de Etimo es móvil y trabaja por proyectos pero cuenta con 4 empleados fijos. Luego de pasar los últimos años focalizados en salir al mercado con el producto y estar operativos, la diseñadora señaló que para este 2026 aspiran a retomar la experimentación y el I+D para seguir abriendo la carta de materiales.
“Nos vienen a buscar de la industria para que gestionemos otros tipos de residuos gastronómicos”, relató y aseguró que la búsqueda es desarrollar otros materiales con otros residuos, así como poder trabajar a mayor escala.
Además de las tazas, elaboran materiales. Uno de ellos es el “Agtron”, flexible y translúcido, que puede ser utilizado para luminaria y cartelería y es elaborado a partir de algas y borras de café.
Otro es una especie de goma espuma elaborada totalmente con borra de café, útil para packaging y revestimiento y con propiedades acústicas que aún están investigando.
Por otro lado, elaboran un material rígido que obtienen de la borra, que sirve para crear vajilla, que es el que utilizan para las tazas, su producto estrella.
Un insumo poco común
¿Por qué la borra de café como materia prima? La profesional explicó que responde a una lógica de economía circular cerrada: lo que se descarta en la cafetería vuelve al mismo circuito transformado en un objeto de uso cotidiano, reemplazando materiales plásticos y resignificando el residuo dentro del propio sistema que lo genera.
Castro Grinstein es docente de la materia sobre biomateriales que dicta en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (Fadu) de la UBA, pero cuando cursaba su etapa de tesista y tenía 24 años, el uso de residuos alimenticios como materia prima era un terreno nada explorado en el ámbito académico.
El recorrido de Camila comenzó en la facultad, investigando textiles no convencionales. Luego avanzó hacia nuevos materiales, materiales biodegradables y, finalmente, llegó a los biomateriales. En su tesis surgió la idea de trabajar con residuos orgánicos gastronómicos: un eje que se mantuvo a lo largo de todas las transformaciones que atravesó el proyecto.
“Para que mi investigación tenga un sentido y realmente pueda generar una solución, era necesario que tuviera escala”, recordó la profesional. El objetivo era claro: que el proyecto académico se convirtiera en un emprendimiento real.
En ese entonces, en 2021, los referentes eran escasos y el tema aún no estaba instalado en el ámbito académico. “Notaba que los diseñadores llegaban hasta un punto límite de información y experimentación”, contó. Esa inquietud la llevó a vincularse con el Laboratorio de Ingeniería de la UBA, donde se dictaba una materia de posgrado sobre ingeniería y biomateriales.
“Allí incorporé una mirada más científica desde la ingeniería de materiales. Fue la antesala que me permitió pensar el proyecto como un emprendimiento”, explicó.
El desafío pasó entonces por dejar atrás una lógica puramente experimental y comenzar a pensar en procesos de mayor escala: cómo estandarizar procedimientos, cómo trabajar con volúmenes más grandes y, sobre todo, cómo articular el cruce entre diseño y ciencia, dos lenguajes distintos que, en este caso, se complementan.
Ante la pregunta de si sabía que el camino emprendido iba a funcionar, Camila respondió sin rodeos: “No”.
“Después de ver tantos proyectos que quedan en la etapa de experimentación, yo quería hacer algo que realmente se pudiera usar en la vida cotidiana. Hay propuestas muy experimentales y otras muy industrializadas; yo quería ocupar ese espacio intermedio”, explicó.
Luego de la tesis comenzó el armado del modelo de negocio y la búsqueda de financiamiento. En 2022 accedieron a un apoyo de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo de la Nación, a través del programa Emprendimientos Dinámicos, que les permitió optimizar la fabricación del material, testearlo, certificar procesos y desarrollar el prototipo final para posicionar el producto en el mercado de cafeterías de especialidad.
Más tarde llegó el premio Impulso X de la Universidad Siglo 21, un programa de aceleración de negocios, seguido por el Santander X Argentina Award en la categoría Launch y, posteriormente, el mismo reconocimiento a nivel global.
Consultada sobre la posibilidad de expansión del proyecto, la respuesta es afirmativa. “Incluso en contextos adversos hay interés. La sustentabilidad avanza y se va instalando como algo necesario”, concluyó.



