Del quirófano al parque solar
Centro médico patagónico armó una receta sostenible y consiguió financiamiento verde
Accedió a créditos a tasas favorables por su modelo de triple impacto. Impulsó un proyecto de generación distribuida comunitaria y va por más
Por: Rodrigo Elias mail
En Comodoro Rivadavia (Chubut), una ciudad cuya economía estuvo históricamente ligada al petróleo, una institución de salud buscó y encontró otra forma de hacer negocios. Se trata del Instituto Altamira, que se convirtió en la primera institución de salud de Argentina certificada como Empresa B, y que ahora utiliza ese modelo para acceder a financiamiento, incorporar tecnología y avanzar hacia una matriz energética más sustentable.
La institución va camino a cumplir 15 años de trayectoria y funciona como un centro de cirugía ambulatoria de alta tecnología. Cuenta con unos 80 empleados y alrededor de 60 médicos tercerizados, además de consultorios y otras prestaciones.
El punto de partida fueron acciones concretas y de distinta escala. Desde instalar tachos para separar residuos y hacer compostaje con los restos de café hasta impulsar proyectos de mayor alcance, como el parque de generación distribuida comunitaria. En ese recorrido apareció también una decisión que terminaría marcando a la institución: avanzar con la certificación como Empresa B.
El proceso demandó más de dos años y fue llevado adelante por Altamira Eco, un grupo que no funciona como un área independiente, sino que reúne a personas de distintos sectores de la institución para detectar problemas, proponer iniciativas y generar impacto positivo. “Altamira Eco no es un área en sí misma, sino que son personas de distintas áreas trabajando para lograr determinadas cosas que nos vamos proponiendo nosotros mismos de manera proactiva”, explicó Solange Freile, fundadora del Instituto Altamira, en diálogo con Ecobiz.
Impacto económico
La certificación también comenzó a tener una consecuencia concreta sobre el negocio. La empresa se presentó a una línea de financiamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI) destinada a proyectos de triple impacto y logró acceder a créditos con una tasa favorable. El dinero será destinado a la adquisición de equipamiento y nueva tecnología, vinculada también con la nueva habilitación de Altamira como sitio de investigación internacional.
Según detalló la fundadora, la posibilidad de demostrar el impacto social y ambiental permitió que la empresa fuera considerada dentro de una línea de crédito que de otro modo podía resultar más difícil de obtener.
“Nos presentamos en una línea determinada que tiene que ver con el triple impacto, y la certificación nos ayudó a lograr la toma de créditos tasas súper favorables”, subrayó Freile, y adhirió que usarán el dinero para adquirir tecnología de punta.
Objetivos a futuro
El próximo gran paso está relacionado con la energía. Altamira busca convertirse en uno de los principales usuarios-generadores de un parque solar de generación distribuida comunitaria que se desarrolla en Chubut. Para llegar a ese punto, la empresa participó incluso en iniciativas vinculadas con la modificación de la legislación provincial que permite este tipo de proyectos.
La decisión tiene una historia de más de una década. Freile contó que primero evaluaron instalar energía eólica en el edificio, luego analizaron colocar paneles solares y también buscaron alternativas con empresas energéticas, pero ninguna de las opciones resultó viable económicamente para la institución. Finalmente, decidieron impulsar su propia inversión a través del parque comunitario.
La transición energética se complementará con otro proyecto: en agosto instalaron el primer cargador público para vehículos eléctricos e híbridos en su estacionamiento. La intención es que los usuarios puedan pagar por la energía y, a partir de esa experiencia, desarrollar una red de cargadores que alcance a Comodoro Rivadavia y localidades cercanas.
Para Freile, el objetivo excede a la propia institución. Altamira busca que el modelo B se replique en una región donde todavía son pocas las empresas que incorporaron formalmente el triple impacto a su gestión. La empresa ya trabaja junto con otras compañías y gobiernos locales para ampliar ese ecosistema y vincular rentabilidad, empleo, innovación y cuidado ambiental.

