Industria del futuro
"La gestión del agua en la industria cambió de enfoque"
Sebastián Seró, de WET Argentina explicó por qué el tratamiento y la reutilización del agua se convirtieron en un vector clave de competitividad. Qué hay de nuevo
Por: Gabriela Arias mail
La forma en que el sector productivo aborda el recurso hídrico atraviesa un cambio de paradigma radical. La mirada tradicional enfocada únicamente en el volumen de consumo inicial o en el efluente vertido fue superada por un enfoque integral que analiza cada punto del ciclo productivo.
En un entorno donde las exigencias de sustentabilidad coexisten con la necesidad de eficiencia económica, la gestión inteligente del agua pasó de considerarse un mero costo regulatorio o de responsabilidad social a posicionarse como un factor clave de resiliencia operativa y valor reputacional.
En este escenario, WET Argentina - compañía especializada en soluciones integrales para el tratamiento y optimización del agua - acompaña a empresas de primera línea en sectores clave como energía, minería, celulosa y papel, alimentos y bebidas, siderurgia y automotriz. Su propuesta abarca desde especialidades químicas de última generación y equipamiento industrial, hasta ingeniería de proyectos, operación, mantenimiento y asistencia técnica en sistemas críticos como los circuitos de enfriamiento y generación de vapor.
"Hoy presenciamos una transformación profunda en la sociedad y el entorno. La comunidad, los consumidores y los mercados integraron los valores de sustentabilidad en la agenda cotidiana, lo que reconfiguró las prioridades corporativas", explica Sebastián Seró, gerente de Marketing Técnico de WET Argentina.
"Las empresas comprenden que optimizar la huella hídrica ya no es opcional, sino una condición indispensable para mantener la licencia social para operar y seguir siendo competitivas en la cadena de valor global".
Competitividad técnica y económica
Uno de los principales motores en la demanda industrial es la implementación de sistemas de reúso de agua y soluciones de cero descarga líquida (ZLD). De acuerdo con el especialista, para que un proyecto de reutilización o economía circular sea exitoso y económicamente viable, debe alejarse de las "recetas mágicas" y fundamentarse en un diagnóstico riguroso de la matriz hídrica de cada planta.
"En la industria no existen dos efluentes iguales. Frecuentemente nos encontramos con casos donde la adopción de tecnologías complejas genera más inconvenientes que soluciones si no existe un análisis integral previo del sitio", destaca Seró. "Hasta la tecnología más avanzada de membranas o los tratamientos biológicos pueden fallar si no se comprende en detalle la variabilidad del proceso", agrega.
El especialista relató tres casos concretos, de diferentes sectores, en los cuales este abordaje tuvo un impacto directo:
• Sector siderúrgico: Ante el desafío de reutilizar el 100% del agua en el proceso de laminación con alta variabilidad de sólidos finos, la integración de análisis de laboratorio y ajustes de campo permitió cumplir las especificaciones de reúso. Como resultado, la planta redujo un 30% el consumo de productos químicos, aumentó en 36 puntos porcentuales la remoción de turbidez y generó una disminución del 33% en los costos generales de tratamiento.
• Industria celulósico-papelera: Mediante la optimización del clarificador principal, se elevó la remoción de sólidos suspendidos por encima del 85%. Esta mejora posibilitó reutilizar parte de la corriente clarificada, recortando un 18,5% el consumo de agua fresca e incrementando las toneladas de papel producidas por metro cúbico de agua.
• Central termoeléctrica: En un sistema de ósmosis inversa con capacidad de 500 m³/h afectado por ensuciamiento, una autopsia de membrana permitió diagnosticar la causa exacta del problema y diseñar un protocolo de limpieza química personalizado. La estrategia logró remover el 90% de los contaminantes, reduciendo en un 58% el consumo eléctrico y evitando el reemplazo prematuro de los módulos de membrana.
Innovación y métricas
En materia de innovación, el mercado exige tecnologías que garanticen eficiencia y circularidad. En tratamientos por membranas avanzan soluciones como la ultrafiltración y la ósmosis inversa, mientras que en sistemas biológicos para efluentes ganan terreno las tecnologías MBR (Membrane Bioreactor) y MBBR (Moving Bed Biofilm Reactor). A la par, la química verde responde con desarrollos amigables como inhibidores de corrosión e incrustación con bajo o nulo contenido de fósforo, previniendo la eutrofización de los cuerpos receptores.
Pero la gestión de la economía circular también enfrenta desafíos concretos. "Las posibilidades de recuperar agua, subproductos o energía son reales, pero existen barreras vinculadas a la tasa de retorno de inversión, la variabilidad de las corrientes y regulaciones locales que aún limitan los usos permitidos para el agua de reúso o la valorización de los barros de tratamiento", señala Seró.

Para medir con precisión el desempeño hídrico y tomar decisiones de inversión sostenibles, desde WET Argentina remarcan que no alcanza con evaluar únicamente los metros cúbicos consumidos. Es indispensable estructurar una matriz de indicadores clave (KPIs) basada en cuatro dimensiones esenciales:
1. Huella hídrica: La cantidad de agua requerida por unidad de producto terminado.
2. Índice de reúso: La proporción de agua reutilizada frente al total extraído.
3. Eficiencia energética: El consumo específico de energía por metro cúbico tratado.
4. Calidad del vertido final: El monitoreo constante de la carga contaminante y su variabilidad.
La agenda industrial argentina
En Argentina, la gestión ambiental del agua enfrenta retos particulares derivados de la diversidad geográfica y productiva. Industrias intensivas como la minería o el sector hidrocarburífero (Oil & Gas) operan habitualmente en zonas con escasez hídrica, lo que exige elevar los estándares de resiliencia para no comprometer la continuidad operativa ni el entorno local.
A esto se suman las asimetrías regulatorias entre las distintas provincias y la necesidad de responder a normativas internacionales cada vez más estrictas para los productos de exportación.
Mirando hacia los próximos años, la agenda estará marcada por el avance del monitoreo predictivo y la digitalización para anticipar desviaciones operativas antes de que ocurran. Sin embargo, el primer paso para las organizaciones que buscan iniciar esta transformación radica en la estrategia y la cultura interna.
"Nuestra recomendación para quienes buscan iniciar este camino es no precipitarse a instalar equipos sin una planificación estratégica", concluye Sebastián Seró. "Primero se debe realizar un balance hídrico global de la planta y trabajar en la cultura de la organización. Dar pasos seguros basándose en diagnósticos precisos garantiza la viabilidad técnica y económica de las acciones a largo plazo".



