Debate abierto
En la carrera del hidrógeno, Argentina tiene el auto pero no la pista
Referentes del sector advierten que las ventajas competitivas del país chocan contra la falta de marco regulatorio y financiamiento
Por: Gabriela Arias mail
El desarrollo del hidrógeno en Argentina empieza a correrse del entusiasmo inicial hacia una etapa más pragmática: ya no se trata de identificar potencial, sino de entender por qué ese potencial no se traduce en inversiones concretas.
Ese cambio de tono atravesó el debate en el marco del “Ciclo de Hidrógeno: Encuentros de Negocios y Proyectos”, organizado por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) junto a la Cámara Argentina de Energías Renovables (Cader), que reunió a funcionarios, referentes de organismos internacionales y desarrolladores, del que participó Ecobiz.
Juan Manuel Balestro, secretario de Cultura y Extensión Universitaria de la UTN Buenos Aires, buscó dimensionar la escala del negocio a nivel global, en un contexto en el que el hidrógeno empieza a consolidarse como vector energético de largo plazo. De todos modos, ese potencial se cruzó con la coyuntura local: tensiones en el sistema energético, restricciones en el suministro de gas y un escenario económico que condiciona cualquier planificación de largo plazo.
Marcelo Álvarez, presidente de Cader, fue directo sobre uno de los principales cuellos de botella: “Es muy importante que la ley de transición energética tome estado parlamentario”. Incluso planteó la posibilidad de avanzar por partes. “Si no se puede lograr la aprobación de una ley integral, hay capítulos que podrían tratarse de manera independiente”, dijo.
Un mercado en construcción
El contexto internacional aceleró la agenda del hidrógeno como combustible alternativo para lograr la descarbonización, pero no logró modificar los tiempos estructurales de un mayor despegue de ese mercado. La crisis energética en Europa - tras la interrupción del suministro ruso en 2022 - obligó a países como Alemania a redefinir su estrategia. En ese marco, Peter Neven, de la Embajada de Alemania en Argentina, explicó que el país tuvo que acelerar el desarrollo de infraestructura de importación y diversificar sus fuentes de abastecimiento.
En paralelo, Juan Manuel Albisetti, de la Embajada del Reino de los Países Bajos en Buenos Aires, destacó la estrategia sostenida de su país en transición energética y el vínculo de largo plazo con Argentina. “La peor energía es la que no se consume”, señaló.
En ese esquema, el hidrógeno aparece como complemento, especialmente para sectores difíciles de descarbonizar. Desde el ámbito público se sintetizó así: “Europa está intentando electrificar todo lo que puede; el hidrógeno queda para lo que no se puede electrificar”.
Sin embargo, los plazos siguen siendo extensos. “Estamos hablando de proyectos de 8 a 10 años”, se advirtió durante el encuentro, con una posible ventana de expansión hacia 2035-2040. En el corto plazo, el gas continúa funcionando como solución de transición.

A esto se suma una demanda creciente, impulsada por regulaciones y por la necesidad de diversificación energética en un contexto geopolítico inestable. “Hay demanda, pero no se puede responder en lo inmediato”, resumieron los especialistas, aludiendo a la brecha entre interés y capacidad de ejecución.
Financiamiento: menos entusiasmo, más exigencias
El segundo panel, enfocado en financiamiento, reunió a Pablo Harriague (International Finance Corporation), Verónica Chorkulak (Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit), Gerardo Manhard (Dreicon) y Fernando Begher (CWP Global), quienes coincidieron en que el escenario global cambió en el último año y medio.
El diagnóstico fue compartido: el hidrógeno dejó de ser visto como una solución inmediata y pasó a ocupar un lugar más realista dentro de la transición energética. “Hace un tiempo el hidrógeno era el salvador; hoy es parte de la solución”, sintetizó Harriague, al describir el cambio de percepción en los mercados.
Desde el enfoque de cooperación internacional, Chorkulak puso el acento en las condiciones necesarias para atraer inversiones: “Se necesita previsibilidad y desarrollo normativo”, señaló, en referencia a la importancia de contar con reglas claras y estables.
En línea con ese diagnóstico, Manhard aportó la mirada desde el desarrollo de proyectos: “Hoy muchos proyectos están en pausa”, afirmó, y vinculó esa situación a la dificultad de cerrar financiamiento en ausencia de marcos regulatorios definidos.
Desde el sector privado también se expusieron casos concretos de iniciativas en Argentina que quedaron en stand by por ese motivo. “El concepto está probado, pero todavía no es mainstream”, agregó, en referencia a un mercado que aún no alcanza escala suficiente.
Por su parte, Begher remarcó que la demanda existe, pero con condiciones cada vez más exigentes: “La demanda está, pero necesita contratos de largo plazo”, indicó, al tiempo que advirtió sobre los tiempos de maduración de los proyectos: “Estos desarrollos necesitan entre seis y siete años de apoyo para consolidarse”.
El panel también coincidió en que el contexto internacional —marcado por tensiones geopolíticas y retracción del mercado de capitales— impactó directamente en el ritmo de desarrollo. A esto se suman limitaciones estructurales, como la falta de infraestructura (puertos y almacenamiento) y costos de producción aún elevados, aunque con tendencia a la baja.
En ese escenario, los proyectos requieren plazos largos y respaldo sostenido. “Estos desarrollos necesitan entre seis y siete años de apoyo para consolidarse”, señalaron, en un contexto en el que el concepto tecnológico ya está validado, pero aún no alcanza escala masiva.
Marco regulatorio y estrategia: la pieza faltante
El tercer panel, centrado en el desarrollo normativo y la estrategia del hidrógeno en Argentina, contó con la participación de Martín Maquieyra, diputado nacional, y Javier Chincuini, especialista en regulación energética, con la moderación de Felipe Eduardo Zabalza, y reforzó uno de los principales consensos del encuentro: sin reglas claras no habrá desarrollo a escala.
La discusión giró en torno a la necesidad de una ley específica que otorgue previsibilidad de largo plazo, estabilidad fiscal y condiciones para atraer inversiones. “Sin marco normativo es muy difícil avanzar en proyectos de esta magnitud”, fue una de las ideas recurrentes.
En paralelo, se planteó que Argentina compite por capital con otros países que ya avanzaron en regulaciones, incentivos y esquemas de promoción. En ese contexto, la ventana de oportunidad existe, pero no es indefinida.
Si bien nuestro país mantiene un diferencial claro en recursos renovables, especialmente eólicos, lo que la posiciona como potencial productor de hidrógeno verde a bajo costo. Sin embargo, ese atributo ya no alcanza por sí solo.
El mensaje que dejó el encuentro es consistente: el hidrógeno forma parte del futuro energético global, pero su desarrollo en el país dependerá menos del potencial natural y más de la capacidad de construir condiciones económicas, regulatorias y financieras que permitan transformar ese potencial en proyectos concretos.



